17 junio 2013

Claude Chabrol - Que la bête meure (1969)

Francès | Subs:Castellano/English
107 min | XviD 704x400 | 1723 kb/s | 192 kb/s AC3  | 25 fps
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El hijo único de Charles Thenier es atropellado y muerto por un conductor que huye. El padre decide investigar, tratando de encontrar él mismo al criminal. Poco después comienza a relacionarse con una mujer que podría ser la cuñada del verdadero asesino. Director emblemático del cine francés y uno de los padres fundadores de la Nouvelle Vague, Chabrol fue autor de una obra inmensa, tanto por la cantidad (más de sesenta largometrajes llevan su firma) como por el sello personal que le infundió a cada una de sus películas, al punto de que vista ahora, en su conjunto, su filmografía parece conformar una unidad indisoluble, apenas dividida en sucesivos capítulos, como si se tratara de una gran novela, cruel y desencantada, sobre la comedia humana.
Desde su primer largometraje, El bello Sergio (1958), que abrió las puertas de la Nueva Ola, hasta el último, Bellamy (2009), protagonizado por Gérard Depardieu, Chabrol siempre abrevó en las fuentes más consecuentes de su cine: las perversas relaciones de clase y de poder; las ridículas formas rituales de la pequeña burguesía, particularmente de provincia; la ambición como siniestro motor social; y la mediocridad humana como horizonte insondable. Que toda esa declarada misantropía se expresara muchas veces con humor –sobre todo en la última etapa de su obra– no le restaba causticidad a su cine. Por el contrario, le sumaba filo, impertinencia, libertad a una obra que no dejaba títere con cabeza. Políticos, magistrados, pequeños comerciantes, trabajadores e incluso analfabetos: nadie quedaba a salvo de su impiadoso bisturí, con el que diseccionaba el cuerpo social. Nacido el 24 de junio de 1930 en el seno de una familia de clase media, Chabrol pasó los años de la Ocupación en el pueblo de Sardent, en la Francia central, una región a la que volvería para rodar su primer largo, El bello Sergio, donde no la evocó precisamente con buenos ojos. Empujado por sus padres para estudiar Medicina en París, rechazó el mandato familiar y se dedicó a frecuentar los cineclubes del Barrio Latino y la Cinemateca Francesa, donde conoció y se hizo amigo de otros jóvenes que compartían la misma pasión por el cine clásico de Hollywood: Jean-Luc Godard, François Truffaut y Eric Rohmer. Junto a ellos, integraría –bajo la tutela del maestro André Bazin– la legendaria redacción de los Cahiers du Cinéma, que a mediados de los años ’50 desarrolló la teoría del cine de autor y revolucionó la manera de pensar el cine, al punto que aún hoy se percibe su influencia. A su vez, junto con Rohmer, Chabrol escribió en 1957 el primer estudio serio sobre la obra de Alfred Hitchcock, una exhaustiva exégesis formal y temática que fue la piedra basal sobre la cual se construyó luego todo análisis posterior sobre el director inglés.
Simultáneamente, todos empezaron a pasar de la teoría a la praxis. Gracias a una herencia que cobró su mujer, Chabrol pudo producir Le beau Serge, premiada en el Festival de Locarno 1958 y con la que probó que en Francia se podía hacer cine al margen del sistema de los estudios. Al año siguiente, con Los primos, se llevó el Oso de Oro de la Berlinale 1959 y aunque esa película hoy luce irremediablemente fechada, sentó sin embargo las bases de su cine posterior. Un cine en el que –según la teoría del crítico británico Ronald Bergan– se suelen enfrentar dos personajes de personalidades opuestas, uno de carácter peligroso y dionisíaco y otro representante del orden y el statu quo. Con el paso del tiempo Chabrol fue privilegiando el lado más oscuro de esta dualidad, como lo prueban los psicópatas y asesinos seriales que pueblan una parte importante de su obra y que en apariencia no se distinguen demasiado de cualquier otro ciudadano común: el amable protagonista de El carnicero (1970), el simpático sombrerero de Les Fantômes du Chapelier (1982), el famoso asesino de mujeres Landru (1962) o el motociclista que trae el amor y la muerte en Estas buenas mujeres (1960).
La novela policial siempre fue una fuente de inspiración para Chabrol y aunque lo adaptó en apenas dos oportunidades –en Los fantasmas del sombrerero y en Betty (1992)–, la sombra inmensa de Georges Simenon planea sobre gran parte de su cine. Tanto que el que ahora se convirtió en su largometraje final, Bellamy, está dedicado a sus dos queridos Georges: el cantante y compositor Brassens y el gran Simenon. Se diría que Chabrol aprendió de Simenon a trabajar a partir de un fait divers, de un vulgar caso policial, que solía tomar de las páginas olvidadas de la prensa amarilla, como fue, por ejemplo, el caso de Violette Nozière. Y como solía hacer Simenon, allí hundía su escalpelo en la que para Chabrol era la única clase social que quedó en Europa, la burguesía, con sus pequeñas miserias cotidianas, su mezquindad, su arribismo, su afán de éxito, de ascenso social y figuración. Que todo esto lo analizara con un humor ácido, vitriólico, con el que iba arrancando –ligeramente, como al pasar– gajos enteros de sus criaturas es el sello que hizo de Chabrol un impiadoso anatomista de las pasiones humanas. (Texto de Luciano Monteagudo, tomado de Pàgina 12)Dicen que Claude Chabrol hace una y otra vez la misma película. Él mismo cuenta cómo a día de hoy sigue buscando contar la historia perfecta. Sin duda, con el tiempo, Chabrol ha ido desarrollando un estilo cada vez más depurado de mostrarnos sus obsesiones.Este Accidente sin huella, es un ejemplo prototípico de una historia de Chabrol: ocurre un crímen, ese crímen supone una investigación, y la investigació acaba destapando las miserias de una familia típicamente burguesa, acomodada y europea. Con el paso de los años, Chabrol ha utilizado el crímen de diferentes manera en sus historias. A veces es el leitmotiv principal de la película, otras es un giro de guión al final y, cuando hila más fino, es una amenaza constante que da atmósfera a la película.En éste caso tenemos un poco de todo. Tenemos dos crímenes: el que da origen a la venganza, y la propia venganza. El padre que busca vengar la muerte de su hijo, escribirá un diario que escucharemos con voz en off y que ayudará a la narración. Sin embargo, no es la venganza lo que más interesa a Chabrol. Casi ni siquiera quién ha perpetrado el crímen (Chabrol se deshace de él a nivel narrativo haciéndolo “la caricatura de la maldad” como se lo describe en la propia película por boca de su protagonista). Lo que más interesa a Chabrol es la familia (europea y aburguesada) que vive bajo el influjo del criminal. Su mal gusto, sus vicios de nuevos ricos, el comportamiento despiadado del cabeza de familia…Pese a tener el crimen ya servido desde el principio, Chabrol no se resiste a introducir su típico crímen final (que planea durante toda la película dando atmósfera). Como suele ser habitual, el criminal también está cantado. No se trata de una película policiaca al uso, donde la clave está en saber quién es el criminal. Y es que Chabrol, ni siquiera en su acercamiento más puro al cine policiaco con peliculas como Inspector Lavardine o Pollo al vinagre usa el crimen para crear suspense. Además, la película tiene un punto de metacine policiaco al dotar al protagonista de la capacidad de prever lo que hubiera ocurrido en una historia policiaca normal para intentar engañar al policía.Sea como fuere, estamos ante una película que funciona perfectamente y que utiliza todo el catálogo de mecanismos típicos de Chabrol. (Tomado de Cine de siempre)
A hit and run driver kills a child. The child's father Charles wants to do everything to revenge the death of his son. After a long investigation, a chance meeting puts him in the presence of Paul, a despicable garage owner, who terrorizes his family. Paul is the murderer of Charles' son. Charles waits for the right moment to face Paul and to bring him to justice. This Man Must Die is a cerebral thriller that is based on a novel by Nicholas Blake that Chabrol adapted brilliantly to a terrific cinematic creation. The suspenseful atmosphere that Chabrol creates is inescapable, as the audience can hear Charles's dark thoughts as he scribbles them down in his black journal, but cleverly Chabrol leaves something untold that will keep the audience in awe until the end. (Amazon)

“Primero, trato de introducir al espectador en la cotidianidad y, después, que no se sienta cómodo en esa cotidianidad.” Claude Chabrol
“Cada vez que desaparece un director, se pierde para siempre una manera particular de mirar el mundo y una expresión de nuestra humanidad.” Asociación Francesa de Directores de Cine

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Claude Chabrol en Arsenevich
In Memoriam (24 junio 1930 - 12 septiembre 2010)
Une affaire de femmes

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El maestro requería el otro día la atención de los espectadores durante el telediario en que se daba noticia de su muerte durante 0:48 segundos. Inmediatamente después, un deportista de estos que hacen anuncios publicitarios y abrazan las causas, filantrópicas o no, del poder capitalista, cacareaba durante 1:22 minutos, y la noticia referida a él alcanzaba los 2:43 minutos. El mundo es "ansí", como decía Baroja.

El lobo estepario

patricia dijo...

Hola! ¿Podríais colgar 'la nuit américaine'?
Gracias

saynomoreglass dijo...

La soluciòn a ese tipo de bajezas es la guerrilla mental, lobo, la guerrilla mental que decìa John Ono Lennon.

Hola, Patricia, la subo en unos dìas, saludos.

Nicolás Díaz dijo...

Llevo varios meses siguiendo Arsenevich, y no había dejado ningún comentario. Pero ya es necesario, las dos últimas novelas que he leído, precisamente, son La bestia debe morir y El corazón es un asesino solitario. Si le atinan a la que leo ahora les temeré mucho. Saludos.

saynomoreglass dijo...

Jaja, sì, es cierto, algo sobrenatural ocurre aquì, ya son varias las veces que nos ocurre, serà la ubicuidad del amor, del amor por el cine en este caso. Abrazos, Nicolàs

insermini dijo...

Gracias por el blog, es una maravilla. Le tenía ganas a esta de Chabrol, de las primeras suyas que me enganchó.