27 mayo 2013

Luchino Visconti - Ludwig (1972)

Italiano/Italian I Subs: Castellano/English
228 min I Xvid 560x240 I 672-774 kb/s I 128 kb/s cbr mp3 I 25 fps
701 MB (CD1) y 697 MB (CD2) + 3% de recuperaciòn/recovery
En 1864, Ludwing Wittelsbach llegó al trono de Bavaria cuando aún no había cumplido los veinte años. El joven rey fue generoso y romántico, y soñaba con traer la felicidad a su pueblo. Quería compartir su amor al arte, a la paz y a la armonía universal. Confió en quienes le rodeaban, pero le traicionaron llevando a Bavaria a una desastrosa guerra que la dejaría en manos de Bismarck. Sus más fieles colaboradores sólo mostraban incomprensión y actuaban en secreto en su contra, entre ellos Richard Wagner, uno de los más beneficiados por su mecenazgo. Únicamente su prima, Elisabetta, esposa del Emperador de Austria, mantendrá un afecto casi maternal hacia él, pero Ludwig, ante las circunstancias que el rodean, está convencido de su destino fatal.
Mientras realizaba Muerte en Venecia, Visconti tenía en mente un proyecto aún más ambicioso, la adaptación a la pantalla de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Al igual que Thomas Mann, Proust era el perfecto ejemplo de escritor "decadente" de la Belle Epoque, motivo por el que Visconti encontraba una especial sintonía con él, y su A la Recherche du temps perdu está considerado entre los grandes monumentos literarios del siglo XX. La película tenía ya escrito el guión, se había hecho el trabajo de localización de exteriores, se habían preparado decorados y vestuario, y se había seleccionado un reparto: Alain Delon como Marcel, Silvana Mangano como la duquesa de Guermantes, Helmut Berger como Morel, para el barón Charlus se mencionaban los nombres de Marlon Brando o Laurence Olivier, para el de Madame Verdurin los de Delphine Seyrig o Anne Girardot, y se habla de que Charlotte Rampling podría ser Albertine y Brigitte Bardot, Odette. La productora era Nicole Stéphane, quien había comprado los derechos de la novela pensando en su adaptación por René Clement, pero pronto comprendió que sólo Visconti podía llevar a Proust a la pantalla. El rodaje debía comenzar en el verano de 1971, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Proust, pero se retrasa por problemas de financiación, inevitables en una producción de tal envergadura. Visconti se impacienta, no quiere estar inactivo, pues además tiene otro proyecto, una película sobre el rey Luis II de Baviera. Finalmente, se decide por este último, y el rodaje comienza en enero de 1972. Stéphane inició acciones legales contra Visconti e intentó traspasar el encargo a Joseph Losey, quien tampoco lo podría rodar. No sería hasta 1984 cuando se produciría por fin una película sobre la obra de Proust, obra del director alemán Volker Schloendorff, y con un reparto que incluía a Jeremy Irons (Swann), Ornella Muti (Odette), Alain Delon (Barón de Charlus), Fanny Ardant (duquesa de Guermantes) y Marie-Christine Barrault (Madame Verdurin). Su título, Un amor de Swann, indicaba que se había adaptado sólo la primera de las 7 novelas del ciclo, mientras que Visconti había pensado en hacer sólo la cuarta, Sodoma y Gomorra; pero la comparación entre esta película y lo que podía haber sido Proust en manos del maestro italiano dejó una impresión, en general, de cierta decepción. Tampoco realizará Visconti otro proyecto, la participación en otro film colectivo por episodios, esta vez sobre relatos de Edgar Allan Poe. La película se llamaría finalmente Tre passi nel delirio (fuera de Italia se le cambió el título por Historias extraordinarias o como denominen en cada país las recopilaciones de relatos de Poe), y sus tres episodios estarían dirigidos por Federico Fellini, Louis Malle y Roger Vadim, con un reparto multiestelar (Brigitte Bardot, Alain Delon, Jane Fonda, Terence Stamp). El episodio que hubiera realizado Visconti era Los jugadores de ajedrez de Menzel. En su lugar, concentró todos sus esfuerzos en Ludwig, película sobre un personaje que ha inspirado a poetas como Rimbaud, Verlaine, Apollinaire, D'Annunzio o Cernuda; que ha pasado a la historia como "el rey loco" que dilapidaba el presupuesto del Estado en mantener a artistas como Wagner o en construir fantásticos castillos, como los de Neuchwanstein, Linderhof, Herrenchiemsee o Hohenschwangau, aunque otros lo hayan visto como una figura romántica, que se rebelaba contra la época sórdida y materialista que le había tocado vivir. De hecho, en su época Ludwig era un retógrado, un rey que no se resignaba a ser un funcionario más dentro de un sistema burgués, y que añoraba los tiempos de las monarquías absolutas, cuando el rey era caudillo de su pueblo y mecenas del arte. Su modelo pudo ser Lorenzo de Médicis o Luis XIV, pero eso ya no era posible en la Alemania de Bismarck y de la Revolución Industrial. Desde ese punto de vista se comprende el interés de Visconti en su personalidad: Ludwig era otro más de los "desplazados" que no comprendían su propia época; como Mann, como Proust, como el propio Luchino Visconti. En el reparto, Ludwig fue Helmut Berger, quien se consagró definitivamente como estrella tras su presentación en La caída de los dioses. Aunque su interpretación del rey en los primeros momentos, como la coronación, parece algo caprichosa, con arrebatos que recuedan más a una "Drag Queen" que a un monarca, en general consigue dotar al personaje de la dignidad que le pedía Visconti, y podemos ver en él la degradación a que le conduce el paso del tiempo y el estilo de vida que lleva. Wagner fue excelentemente interpretado por el actor británico Trevor Howard, plenamente creíble, que le dio el registro justo que Visconti pedía para el personaje. Pero si hay una interpretación magistral en el film es la de Romy Schneider como la Emperatriz Elisabeth. Ella cuenta que Visconti vino a ofrecerle "un papel al que está habituada", y elle le contestó "¿el de prostituta?" Según la misma Romy, para nadie más que para Luchino habría aceptado volver al personaje que le dio tanta fama en las películas "rosas" de los años 50, y que aquí mostraba con una personalidad bien distinta. Debe señalarse también a otros habituales del cine de Visconti, como Silvana Mangano en el papel de Cosima, o dos intérpretes de La caída de los dioses que en Ludwig invierten sus papeles de "bueno" y "malo": Umberto Orsini, allí el demócrata Herbert y aquí el intrigante Von Holstein; y Helmut Griem, que pasa de ser el odioso nazi Aschenbach al fiel Dürckheim. El que seguía interpretando un papel análogo al de otras películas de Visconti era Mark Burns, que en Muerte en Venecia fue un músico (Alfred, ayudante de Aschenbach) y en Ludwig otro (Hans von Bülow). Por último, cómo dejar de mencionar a Gert Froebe (que para muchos ha pasado a la historia como "Goldfinger", el enemigo de James Bond) que está sensacional como el padre Hoffmann. El guión fue de Visconti y Medioli, con la colaboración de Suso Cecchi d'Amico, y la fotografía corrió a cargo de un colaborador nuevo en la carrera del cineasta, Armando Nanuzzi, que en Bocaccio 70 se había encargado de la fotografía del "sketch" de Monicelli.En cuanto a la música, no será necesario decir que en una gran parte se basa en composiciones de Richard Wagner. De sus óperas y dramas musicales, el más utilizado es Tristán e Isolda; escuchamos una selección orquestal del Dúo de Amor del Acto II, donde pueden reconocerse los temas de la "Advertencia de Brangäne", la introdución orquestal que viene antes de "Lausch, Geliebter", y el de la "Muerte de Amor" de Isolda del Acto III, que aparece previamente en este segundo acto. La música del Tristán nos anuncia que es inminente su estreno en Munich, y así oímos al propio Bülow interpretarla al piano (el "Lausch, Geliebter"), pero también simboliza todos los amores prohibidos, como es prohibido el amor de Tristán e Isolda: el amor de Wagner y Cosima, cuando se ven a espaldas del marido de ella (o con su consentimiento, según otros); el amor de Ludwig por su prima Elisabeth, con la que sale a pasear a caballo a la luz de la luna, y a la que llegará a besar. También suena el Tristán en el momento en que Ludwig descubre otro tipo de amor prohibido, es decir, cuanto contempla la belleza del cuerpo masculino en la persona de un criado que se baña desnudo. Desde entonces ya no escucharemos más el Tristán, excepto en una sola ocasión: la última y frustrada visita de Elisabeth, cuando él se niega a recibirla. El desmedido metraje de Ludwig hizo que Visconti tuviera que optar por no incluir en el montaje final escenas que estaban ya rodadas, concretamente varios episodios relacionados con Wagner y con la Emperatriz Elisabeth. En cuanto a Wagner, se suprimió el momento en que recibe la invitación y un anillo de parte del rey, la visita de Cosima a la banca nacional de Baviera para cobrar los 200.000 gulden, la muerte (en Venecia) del compositor, y el traslado de sus restos a Munich, camino de Bayreuth. De hecho, la última aparición de Wagner en el montaje final es cuando estrena el Idilio de Sigfrido. Después, sólo se nos indica que ha muerto porque el rey ha mandado cubrir de luto todos los pianos de su castillo. Y en lo referido a Elisabeth, se suprimió su reacción al conocer la muerte de su primo, negándose a aceptar la versión oficial de suicidio (incredulidad apoyada por las declaraciones de un viejo criado), así como el asesinato de la propia Elisabeth a manos de un anarquista, doce años después, cumpliendo la profecía que le había hecho a Ludwig: los reyes no son importantes para la gente, "a menos que nos den tanta importancia como para asesinarnos". Con todos esos cortes, para que la historia se hiciese comprensible, hubo que recurrir a "narradores" (ministros, médicos, etc.), que con el pretexto de estar realizando la investigación para determinar la salud mental del rey sirvieran de nexo entre los distintos episodios. A pesar de todo, la duración final de la película se acercaba a las cuatro horas, y en el contrato de distribución de la Metro Goldwyn Mayer se señalaba una duración máxima de 3 horas. Por ello se cortó otra hora más, con lo que la acción se tornó casi incomprensible (entre otras cosas, la "actriz" que intentaba seducir a Ludwig desaparecía de la pantalla, pero su nombre seguía en los créditos), y Visconti acabó renegando de una película que en condiciones normales hubiera sido su "summa artis". Sin embargo, en 1980, después de la muerte del director, sus fieles guionistas Medioli y Cecchi d'Amico rescataron la versión de 4 horas y es esta última la que se puede ver en la actualidad, aunque el montaje final no tenga la supervisión del maestro. ¿Qué podemos decir hoy en día de la película, y del rey que la inspiró? Aunque no se la considere entre las grandes de Visconti, debido a que no pudo hacer el montaje que pretendía, y aunque le cargue un tanto el exceso de eufemismos para referirse no abiertamente a la homosexualidad, Ludwig sigue siendo un film extraordinario. Y el rey tenido por todos como un loco ha dejado una obra perdurable que no ha igualado ningún soberano "juicioso y fomal" de su época: sin él no existirían los festivales wagnerianos de Bayreuth, cuyo éxito permitió a la familia Wagner, después de la muerte del maestro, devolver todo el dinero aportado por el Estado de Baviera (aparte del regalo de partituras autógrafas que le hizo el propio Wagner, las cuales de conservarse hoy se cotizarían mucho más que todo el dinero que hubiese gastado el músico); sus castillos actualmente son una preciada fuente de ingresos por turismo. ¿Un loco o un visionario que alcanzó en su época a ver más lejos que el resto? El caso es que hoy ningún monumento de Munich recuerda a Ludwig. Visconti dijo que sólo encontró algunos "Club Ludwig" formados por jóvenes que veían a su antiguo rey como un mito al estilo de James Dean. Y vio su ataúd cubierto de polvo en la iglesia de San Miguel de Munich, "uno más entre tantos otros también cubiertos de polvo". (Texto de Angel Riego Cue, tomado de Cine y Mùsica)
Modern movies are short on elegance, but Luchino Visconti's Ludwig has elegance to burn. It's not only the sumptuous and scrupulously realized depiction of 19th century royal ceremony and trappings, which gleam with old world glamor; it's also Visconti's long, fluid scenes and the subtle play of emotions in the faces of beautiful Helmut Berger (as Bavaria's King Ludwig II) and even more beautiful Romy Schneider (as his cousin Elisabeth, Empress of Austria). From his coronation to when he was deposed due to mental illness, Ludwig was a sad, eccentric figure, obsessed with the mythic operas of Wagner (played by Trevor Howard, Brief Encounter) and building fantastic (and woefully expensive) castles. Ludwig follows the monarch's slow collapse with compassion and nuance. The movie is full of odd, languid scenes, such as when Ludwig, lying in bed, has a visiting actor deliver a romantic speech over and over--Berger's haunted face and the buzz of servants constantly tending to his whims make this sequence both comic and unsettling. Many will find this four-hour-long movie hopelessly slow, but Visconti's portrayal of the strange, arid life of royalty--indulged and lavish, yet deprived of meaning--has a hypnotic power.
"En Ludwig me sentí fascinado por la personalidad de un hombre que, aunque cree en la monarquía absoluta, se siente infeliz y víctima. Lo que me fascina es su faceta débil, la imposibilidad de vivir una realidad diaria. Ludwig es un hombre que inspira pena, incluso cuando piensa que ha vencido. Él es el perdedor en las relaciones que mantiene con Wagner, con Elisabeth... Y cuando me dijeron que estaba escribiendo mi propia autobiografía también en Ludwig, contesté: No, en absoluto. Me fascina el hombre como caso clínico; la historia de una persona que vive los límites extremos de lo excepcional, fuera de las normas. Y también lo hacen los demás: Wagner, Elisabeth. Me interesa esta historia de monstruos, de gente que vive fuera de la realidad de la vida cotidiana. Pero no tengo afinidad alguna con esos personajes. No creo ser una persona débil, ni un perdedor en la vida. De todas las traiciones y engaños que he sufrido, he salido de una sola pieza, mientras que Ludwig no pudo hacerlo. El sentimiento que me gustaría producir con este film es de lástima." Luchino Visconti
Nuevos enlaces, cortesía de Ana
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Luchino Visconti en Arsenevich
 

1 comentario:

María dijo...

Los enlaces y la película funcionan bien, acabo de descargarla.
Saludos