07 mayo 2013

Budd Boetticher - Decision at Sundown (1957)

Inglés/English I Subs: Castellano
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Un tejano, ex-combatiente en la guerra de secesión, llega a Sundown junto a su fiel amigo con la intención de vengarse de un hombre. El pueblo está de celebración pues precisamente el hombre al que van a asesinar, el terrateniente más rico de la comarca, está a punto de casarse.La premisa es semejante a la de la mayoría de los westerns de Anthony Mann: un hombre (Randolph Scott) llega a un pueblo buscando vengarse de otro (John Carroll), a causa de cierto hecho innombrable cometido en el pasado. Pero pronto ese drama personal se desplaza hacia la responsabilidad colectiva que comparte el pueblo por aceptar la corrupción de sus jerarcas. Por su parte, la caracterización del antagonista crece hasta volverse tan interesante como la del protagonista y Scott comienza a comprender que sus motivos para vengarse son muy discutibles. Los westerns que dirigió Budd Boetticher con Randolph Scott se volvieron legendarios en la historia del género por su concentración dramática y su desmitificación de ciertos arquetipos, pero hace años que resulta imposible verlos porque la mayor parte de ellos fue producida por el propio Scott en forma independiente y hoy nadie parece saber dónde han ido a parar. Ni siquiera Martin Scorsese logró encontrar una buena copia de uno de ellos (The Tall T, estrenada aquí como Ganó perdiendo) cuando quiso incluirlo en su Personal Journey Through American Movies. (Malba)
La antítesis de lo que podríamos denominar el «director-estrella», Budd Boetticher manifestaba que «cuando estoy haciendo una película no quiero que el público se de cuenta que está viendo una película. Lo que quiero es que se sienta involucrado en la historia». Es quizá desde esta perspectiva, desde esta búsqueda de una lógica narrativa —tanto en el trabajo de puesta en escena como en el comportamiento de los personajes— que se pueda interpretar el paulatino desinterés que ha merecido la obra de Boetticher frente a otros directores coetáneos adscritos al western que sí se procuraron unas señas de identidad a través del uso de la cámara, como el caso de Delmer Daves o Anthony Mann. Precisamente, Budd Boetticher había emprendido un periplo por diversas productoras similar al de este último, antes de acceder a un cine de mayor implicación personal a lo largo de los años cincuenta. Bajo su nombre verdadero, Oscar Boetticher, Jr. filmó diversos títulos para la Columbia, la Republic, la Monogram y la Eagle Lion, una modesta productora que propiciaría —al igual que en el caso de Anthony Mann— su primer contacto con el cine negro en Sentenciado a muerte y Behind Locked Doors, que años más tarde retomaría con la confección de La ley del hampa y Un asesino anda suelto. A pesar del cierto grado de libertad que gozaba en la productora de Edward Small, Budd Boetticher entendía como una experiencia más gratificante el rodaje de The Bullfighter and the Lady, ya que pudo filtrar aspectos autobiográficos al guión servido por James Edward Grant, el hombre de confianza del productor e intérprete principal John Wayne. A raíz de un consejo recibido por John Ford —en su posición de «patriarca» del western—, Budd Boetticher accedió a eliminar una tercera parte del metraje de The Bullfighter and the Lady, un hecho que contribuyó a desequilibrar una historia con numerosas referencias al pasado como torero de su realizador. Pero Boetticher empezaría a mostrar su talante independiente, de outsider a partir de la firma de un contrato con la Universal que, en principio, estipulaba la duración de los siete años establecidos por las majors, pero que finalmente se redujeron a dos años. Boetticher parecía presagiar lo contraproducente que resultaría un contrato de larga duración, sobre todo para alguien que trataba como propias las historias que trasladaba a la gran pantalla. Sin embargo, su breve estancia en la Universal se convertiría en su periodo más prolífico —nueve títulos, de los cuales seis pertenecen al western (The Cimarron Kid, Bronco Buster, Horizontes del Oeste, Traición en Fort King, El desertor de El Álamo y Wings of the Hawk, rodado en 3-D)— y en los que se advertía una tendencia a enfrentar elementos del pasado con el presente, y a estructurar la historia de forma cíclica. Temas que quedarían dispersos, sin solución de continuidad en el resto de la producción para la Universal de Boetticher, consagrada a magnificar las escenas del fondo marino o los paisajes tropicales que se dan cita en City Beneath the Sea y East of Sumatra —ambas protagonizadas por Anthony Quinn y Suzane Ball— o contribuir al cine bélico en Red Ball Express, pero con un tratamiento antiracista que ligaba con el planteamiento narrativo de Traición en Fort King, acaso uno de los primeros films que procuraron una imagen distinta del indio de la que se había reflejado hasta entonces en el cine. Tras pasar una temporada en Brasil con la intención de localizar los escenarios naturales para The Americano —cuyo proyecto pasaría a manos de William Castle, al igual que aconteciera con ¡Quiero vivir! (1958), un drama basado en una historia real que posteriormente retomaría Robert Wise—, su regreso a los Estados Unidos le llevaría a rodar Santos, el magnífico y El asesino anda suelto, films que recrean espacios totalmente distintos —el mundo de los toros, y un claustrofóbico thriller ambientado en una oficina bancaria y un barrio residencial de Los Ángeles, respectivamente— pero que denotan un mismo cuidado en el tratamiento visual merced al auxilio del cámara Lucien Ballard. Sin duda, El asesino anda suelto no fue una aportación especialmente brillante al género, sobre todo merced a la adecuación de un clímax final que producía el efecto contrario al deseado, pero sí permitía anticipar un trazo argumental fundamental en la posterior obra de Boetticher: la venganza de un hombre que ha visto morir a su esposa. Con este pretexto argumental, Burt Kennedy y Charles Lang construyeron la mayoría de los guiones para la serie bautizada como el ciclo Ranown en honor a la primera síbala del nombre del protagonista principal Randolph Scott y las últimas tres letras del apellido del productor Harry Joe Brown. Scott había conocido a Boetticher cuando éste oficiaba de ayudante de dirección en Los desesperados (1944) de Charles Vidor, y entendía que su paso por diversas series televisivas le posibilitaba cumplimentar los films del ciclo Ranown en menos de tres semanas. Muchos podían entender que esta serie de siete producciones se ajustaban a las características de la serie B pero Boetticher se apresuraba a desmentir semejante calificativo: «En mi vida sólo he hecho una película de serie B. He filmado algunas de serie C, otras de serie D, E y F, y he hecho incluso de serie Z. Algunas han resultado ser muy buenas de serie A, pero nunca me he propuesto de forma sistemática el rodar una película de serie A». Columbia se encargaría de la distribución de esta relación de westerns, a excepción de Westbound, presumiblemente el menos distinguido de los Ranown debido a un guión que nunca aprobó Boetticher y que le había sido impuesto por la Warner para satisfacer una deuda contractual pendiente con un ya veterano Randolph Scott, ya en el ocaso de su prolífica carrera. Así pues, la presencia de Scott contribuyó a que films como Decision at Sundown, The Tall T o Buchanan Rides Alone adoptaran una tonalidad crepuscular. Agotado el ciclo Ranown que se convetiría en una especie de plataforma para varios actores noveles, Boetticher pudo acometer el rodaje, de forma simultáneo de Arruza y La ley del hampa, que se podrían considerar como los trabajos de mayor implicación personal de su realizador. Boetticher y su operador predilecto Lucien Ballard concibieron este film referido a la personalidad del gángster Frank Legs Diamond (Ray Danton) con la intención de mimetizar el look de las producciones de la serie negra de los años veinte. Este efecto «retro» que reproducía La ley del hampa contribuyó a valorar la figura de Budd Boetticher, no así sus siguientes películas que nacieron por cuestiones tan peregrinas como la tentativa de suicidio por parte del productor y actor Audie Murphy —al borde de la quiebra técnica de su empresa— si el realizador de Chicago no aceptaba rodar Time for Dying. La tragedía final a la que eran conducidos los personajes principales de La ley del hampa, Arruza y Time for Dying anticipaba la «muerte» cinematográfica de Budd Boetticher, quien se dedicaría a la elaboración de su libro de memorias When in Disgracee y a seguir disfrutando de la fiesta taurina, una de las grandes pasiones que han conformado una vida rica en anécdotas y en contrastes, que influiría en el vitalismo que transpira buena parte de su filmografía. (Texto tomado de aquì)
Between 1949 and 1960, Randolph Scott and Harry Joe Brown produced 14 Westerns, known collectively as the Ranown group or cycle. In each of these medium-budgeted films, Scott played typical Western heroes. However, as these films progressed, they began to play with the notion of the Western hero; questioning his motives, psychological states, and relationships with women. No longer was Scott the strong silent type; his characters were becoming mentally unstable and unhinged by the random violence of the Old West. Paralleling the development of the Ranown films was the idiosyncratic and inconsistent career of film director Oscar “Budd” Boetticher. In his films, Boetticher too questioned the psychological states of his heroes, toying with his central characters and their abilities to bring about a satisfactory conclusion. When Scott/Brown and Boetticher came together to produce the last five of the Ranown Westerns, their mutual visions were ideally suited to each other.
Decision at Sundown is the second film in this collaboration. It tells the story of Bart Allison (Scott), a Texan who has come to the town of Sundown seeking vengeance for the death of his wife. Aided by his friend Sam (Noah Berry Jr.), Bart intends to kill Tate Kimbrough (John Carroll) for his involvement in Bart’s wife’s death. However, this day is also Kimbrough’s wedding day. At the ceremony, Bart disrupts the proceeding to announce his intentions to kill Kimbrough by the end of the day. Having caused a huge uproar, Bart and Sam flee the church in a hail of gunfire and barricade themselves in the livery stable, thereby thwarting any possible completion of their plan. Although they are trapped within the confines of the livery stable, there is no impediment on the action. Bart’s presence in Sundown serves as a catalyst for the breakdown of the established social order. (Senses of Cinema)

"Doc, si hubiera atendido un bar tanto tiempo como yo, no esperarìa tanto de la raza humana." Otis
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-o-
Budd Boetticher en ArsenevichDecision at Sundown
The Rise and Fall of Legs Diamond
The Tall T

3 comentarios:

Osmond dijo...

Una muestra más de la elegancia clásica de este sitio: no hay ninguna película de Peter Greenaway y sí varias de Budd Boetticher. En vez de la saturada torta de novios mezclada con alta cultura del inglés, tenemos la equilibrada y violenta ambiguedad de Boetticher, un ex-torero que tuvo que lidiar y sigue luchando por el aprecio de los cinéfilos.

Faltan eso si sus dos obras maestras del oeste (lo dice la crítica, no yo): Ride Lonesome (1959) y Comanche Station (1960). Ambas protagonizadas por Randolph Scott.

Saludos afectuosos para Say y Scalisto.

saynomoreglass dijo...

Hola, Osmond!! Siempre es una alegrìa leerte!! Abrazos!!

Porky Fleabag dijo...

Again thanks. Nice shot of Leila from 'Repo Man', hope to pick up the criterion soon for the directors commentary etc.