12 agosto 2012

Chris Marker - Le Tombeau d'Alexandre (1992)

El último bolchevique
Francés/French | Subs:Castellano/English
120 min | Xvid 576x432 | 1361 kb/s | 96 kb/s vbr mp3 | 29,97 fps
1,36 GB
Aleksandr Medvedkin, uno de los cineastas más singulares de la era dorada del cine soviético, fue el responsable del extraordinario proyecto de cine popular llamado cine-tren. Su vida empieza con el siglo XX, atraviesa todos los avatares y sinsabores de la Unión Soviética y se apaga con la llegada de la Perestroika. Tras su fallecimiento, el cineasta Chris Marker, que se inspiró en sus insólitas experiencias para crear los grupos Medvedkin de cine de militante, siente la necesidad de decir ciertas cosas que han quedado en el tintero. Lo hará en esta película de dispositivo epistolar cuyo tejido reúne los discursos de la historia individual, la historia del cine y la historia de un gran país a través de la evocación y relectura de las imágenes del pasado.
Transitar buena parte del siglo XX en la historia de Rusia puede resultar problemático. Un tanto más si los acontecimientos, hechos, sucesos, el panóptico “las cosas que allí ocurrieron”, incluyen la revolución de 1917, la guerra civil, las purgas de la década del ‘30, la segunda guerra mundial, un vistazo a la perestroika y un olvido, consciente o no, de los años de la guerra fría –hay cosas que pueden dejarse de lado, ¿no es cierto, Chris? Y un tanto más aún si se lo hace por medio, a través, alrededor, de la figura de un cineasta que hasta no hace mucho tiempo atrás era desconocido por los estudiantes de cine de su país y, por supuesto, absolutamente desconocido por estos lares, un tanto más al Sur. El “complot” que Marker sugiere para que esto ocurriera (críticos y estudiantes de cine, historiadores, entusiastas en general) sigue su curso hasta nuestros días; hay muchos más involucrados complotándose para que la historia nos hable a través de las imágenes que aquellos que apuestan por el olvido, la sabia ignorancia, o las creencias salvíficas depuratorias.Estructurado a partir de una correspondencia imaginaria, la de Marker hacia el propio Medvedkin, punteado por fechas históricas más o menos reconocibles, 1917, 1922, 1930, 1945, y dividido por dos momentos, “El reino de las sombras” y “Las sombras del reino”, cuya dialéctica traspasa imaginativamente todo el film. El último bolchevique, por ponerlo en términos cinéticos, y no sólo literalmente, conmueve.Es mucho arte, y por lo tanto mucha génesis, mucho dolor, mucha crueldad y mucha emoción, lo que hay en la épica de Marker. No sólo en los rutilantes nombres de Eisenstein, Vertov, Karmen, Babel, Gorki, Meyerhold, Evreinov, Tolchen (uno de los cámara del Cine-Ojo), Medvedkin, sino también -y por sobre toda otra consideración como para no obliterar la idea de que esto es cine- muchas imágenes entrecruzándose, superponiéndose, discurriendo paralelamente.Imágenes explicando imágenes, explicando historias, explicando parte de una historia. El fantástico y fantasmagórico (nunca se mostró nada de lo filmado allí) tren-cine de Medvedkin, colectando asambleas de campesinos, pueblos mineros, koljósmujiks, rostros tiznados, hacinamiento, esperanzas revolucionarias, desesperanzas revolucionarias, plasmado ficcionalmente en la película más emblemática, juguetona, satírica y transgresora de Medvedkin: La felicidad. Título emblemático, si los hay, al igual que el título aún más emblemático del film de Marker.Es mucha política también, y por lo tanto mucha traición, mucho maquiavelismo, demasiado dolor y demasiada crueldad, lo que hay en la contra-épica de Marker. No sólo en los inquietantes nombres de los Romanov, Stalin, Lenin, Vychiniski, el encargado de los juicios a los “disidentes”, la contrapartida de los “otros” juicios llevados adelante por Friesler en la Alemania nazi, de Pyryev, el cineasta oficioso-oficialista del régimen y en todos los anónimos burócratas weberianos de cualquier sistema, sino también en sus discursos, sus fotos, sus películas, en los testimonios de aquellos que sobrevivieron, que aún sobreviven.Y otra vez el montaje paralelo, acelerado, las imágenes ficcionales y documentales interpenetrándose, la dialéctica del ayer y del hoy, las certeras certezas de aquél y los incómodos interrogantes de éste, dialogando, enfrentándose, explicándose. Otra vez el cine.Ciertamente puede resultar problemático -y un tanto peligroso también- hundirse de lleno en el pasado buceando entre los recuerdos propios y ajenos, descubriendo fotogramas, insertándose en el devenir de la vida pública de un colega ¿compañero? de ruta, conmoviéndose por esos ancianos pletóricos de entusiasmo, de lirismo, de contradicciones, fósiles de una época ya extinguida. Pero como el mismo Marker lo señala en el último plano medvedkiano del film,  a los dinosaurios “los niños los adoran”.Si aprendemos a ver “competentemente”, como el niño Marker seguramente ha aprendido, no sólo podremos “juzgar competentemente”; podremos también empezar a querer aquellas películas, que es también y por sobre todas las cosas, empezar a querer y creer en este cine. Aunque los parques jurásicos se hayan puesto de moda, hay dinosaurios que parecen ser más adorables que otros. (Texto de Fernando Pujato, tomado de Cinéfilo Bar)
La busca en la que se encuadra esta escritura sobre Le tombeau de Alexandre de Chris Marker, persigue los signos que puedan revelar cómo la retórica markeriana trama Historia, biografía y memoria; cómo se superponen, se solapan y se cruzan esas dimensiones de la vida y la escritura. Y a la vez nos inquieta cómo ese trabajo ensayístico interroga políticamente el mundo.La conjetura que sostiene e inspira este trabajo, y que a la vez lo excede, es que una parte significativa de la narrativa ensayística de Marker explora las vidas en proceso de convertirse en Historia. Esas exploraciones reconstruyen unas biografías, discurriendo sobre las formas de subjetivación del mundo que encarnaron y las formas de hacer mundo que protagonizaron.Pero es preciso subrayar que una de “esas” vidas objeto-sujeto de interés del cine de Marker es su propia vida y, claro está, su mundo y la memoria que lo anima cada vez, en cada horizonte epocal. El yo markeriano se espacializa en el despliegue visual de un mundo convertido en espejo, se busca a sí mismo en el espejo del mundo. Y nos interesa su invitación a participar de esa busca y sus desplazamientos, en la interlocución con otros cineastas, maestros y compañeros de ruta, en relación con las memorias de intelectuales, artistas, militantes y con las diversas textualidades que su cine convoca y enhebra en cada época. Allí se inscriben, sostenemos, desde Le fond de i’air est rouge (1977) con la vibrante revisión autocrítica de su tiempo militante, hasta Une tournée d’Andrei Arsenevich (2000), el retrato de Andrei Tarkovski, pasando por Level Five (1997), extraña ficción en la que las voces de una mujer, un ordenador y un interlocutor invisible nos introducen en los juegos de espejos y refracciones de pasado y futuro.Su ensayística discurre cinematográfica sobre la relación yo-mundo; biografía-Historia, asumiendo reflexivamente las mediaciones que exhiben a un yo/constelación de identificaciones, que habla en los films; y una historia siempre a reconstruirse, desde los diversos registros de las memorias en conflicto. Retóricamente se ofrecen perspectivas dispares sobre un mismo discurso y esas perspectivas actúan sobre los dos principales modos de enunciación, objetivando el que es primordialmente subjetivo (la voz) y subjetivando el que es primordialmente objetivo (la imagen), para producir un universo ficcional como memoria audiovisual. Así, la voz nos guía entre unas imágenes que sabemos recuerdos (Catalá, 2006: 162). (...) (Fragmento del texto de Alicia Naput, tomado de Imagofagia)
The life of filmmaker Alexander Medvedkin (1900-1989) serves as a template for exploring the history of Russia during that period, from its takeover under Lenin and the Bolsheviks, to the advent of the most hopeful part of the Gorbachev era which prefigured the demise of the U.S.S.R. As a filmmaker, Medvedkin had a motto which explains many of his works: "It is not the past that dominates us, but images of the past." This documentary features clips from many of Medvedkin's and his contemporaries' films, features interviews with the man and his daughter, and celebrates his accomplishments. In an interesting sideline, he invented a camera which could be attached to a modified rifle, so that soldiers could film battle scenes. ~ Clarke Fountain, Rovi
"Lo que me interesa es la historia y la política me interesa sólo en la medida en que representa la marca que la historia hace en el presente. Con una curiosidad obsesiva (si me identifico con alguno de los personajes de Kipling, es con el Niño Elefante de las Just–So Stories, debido a su “insaciable curiosidad”) sigo preguntando: ¿Cómo se las arregla la gente para vivir en un mundo así? Y de ahí es de donde mi manía viene, para ver “cómo están las cosas” en este lugar u otro. Durante mucho tiempo, aquellos que estaban mejor situados para ver “cómo están” no tenían acceso a las herramientas para dar forma a sus percepciones – y la percepción sin forma es agotadora. Y ahora, de repente, existen estas herramientas. " Chris Marker
Nuevos enlaces, gracias a Ana
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Chris Marker en Arsenevich
PD: A propósito, aquí en el blog también está la Felicidad de Aleksandr Medvedkin.(gracias sca!!)

3 comentarios:

B.Z.R. Vukovina dijo...

¡Gracias!

:)

rodi dijo...

ante todo: gracias por esta maravilla que es arsenevich. sobre esa base, un comentario, que es que los programas no toman bien los links por problemas en el hipervinculo!!!

scalisto dijo...

Le Tombeau d'Alexandre de Chris Marker resucitada por Ana