27 octubre 2011

Raoul Walsh - The Thief of Bagdad (1924)

 Muda c/intertítulos en inglésI Subs:Castellano/Francés/Português
140 min I Xvid 480x368 I 1200 kb/s I 192 kb/s AC3 I 23,97 fps
1,37 GB + 3% de recuperación
Abú, un ladronzuelo que actúa por las calles de Bagdad, es detenido y encarcelado. Comparte la celda con el príncipe Ahmad, legítimo heredero del trono de Bagdad, a quien el Gran Visir Jaffar ha encarcelado para arrebatarle el poder.
Douglas Fairbanks queda tan impresionado al visionar Las tres luces (Der Müde Tod, 1921) del realizador germano Fritz Lang, que decide comprar los derechos de distribución del film para EEUU. La influencia delfilm en Doug deriva al terreno artístico, ya que una de sus historias, la que relata la persecución por el legendario Bagdad, le inspira y anima a realizar una película sobre los cuentos de Las mil y una noches.
Bajo su seudónimo habitual, Elton Thomas, Fairbanks firmajunio a Lotta Woods el guión de The Thief of Bagdad, una fantasía plagada de variopintas aventuras en la mítica ciudad oriental, que es convertida en el marco idóneo para el desarrollo del estilo acrobático y desenfadado del actor.
Su estética característica es uno de los puntos fuertes de la película, obtenida mediante los estilizadosdecorados que pone en escena William Cameron Menzies.Con ellos, Fairbanks pretende la consecución de un estilo visual nuevo, transmisor de sensaciones internas, a modo del expresionismo alemán, pero dotado de una energía diferente, más alegre y vivificante.
El resto del equipo también raya a gran altura, desde Hampton Del Ruth, con sus espectaculares efectos especiales, el imaginativo vestuario de Mitchell Leisen, el trabajo del operador Arthur Edeson y, por supuesto, la espléndida labor del realizador Raoul Walsh, el cual, compenetrándose con Fairbanks a la perfección, no duda en sacrificar su toque personal en aras de lograr el dinamismo narrativo que su protagonista requiere.
La película se estrena el 18 de marzo de 1924 en el Liberty Theatre de Nueva York. Además de obtener un enorme éxito, que le lleva a recuperar sobradamente los dos millones y medio que ha costado y de situar a Fairbanks en su cima de popularidad, se convierte en título paradigmático dentro del cine de aventuras, y uno de los films más populares del cine mudo americano. (Luis Enrique Ruiz, Obras Maestras del Cine Mudo)
El ladrón de Bagdad, es el avance más grande y repentino que el cine haya hecho jamás, y al mismo tiempo, es un regreso a la forma de las primeras cintas. Los trucos usados en su realización, son fascinantes, Fairbanks no tiene miedo de recurrir a la magia de la variedad más notoria, usando sogas que, cuando se lanza al aire, se vuelven rí­gidas y escalables, manzanas de oro que devuelven la vida a los muertos, ojos de cristal de í­dolos en los cuales se revela el futuro, alfombras mágicas que vuelan a través de las nubes, caballos con alas, llaves con forma de estrella para abrir el palacio de la luna, además de una dotación de genios, amuletos, talismanes y dragones que exhalan fuego.
Por supuesto que la magia es posible en la pantalla; la primera comedia francesa del mago Georges Mélií¨s lo demostró. Pero Fairbanks ha ido un paso más allá de los lí­mites de esas posibilidades, ha interpretado la hazaña sobrehumana de hacer que la magia parezca probable.
Cuando en Los diez mandamientos (1923, Cecil B. De Mille) el director hizo que el Mar Rojo se abriera, todo el mundo dijo: ese es un gran truco, ¿Cómo lo hizo?; no hay ese tipo de interrupciones mentales en la cinta de Walsh. El espectador mira las fenomenales acrobacias de Fairbanks sin detenerse ni un momento a pensar que son trucos. Más bien los acepta como hechos. Esta cinta, tiene una maravillosa cualidad de cuento de hadas: un recorrido romántico que levanta a la audiencia, y después se vaporiza en nubes rosas y esponjosas. También tiene mucha belleza y solidez de construcción dramática.
Fairbanks y Walsh, actor y director, idearon escenas de sobrecogedora magnitud y grandeza. Construyeron, con increí­ble magnificencia, la ciudad de Bagdad, escenario sobre el que la cinta, llena de gracia, se desarrolla rí­tmicamente y a una velocidad que constantemente aumenta. Después de verla, uno se queda con la misma emoción infantil, creada después de la primera lectura de las historias de Hans Christian Andersen: es dominantemente romántica e irrealmente cautiva.. (...) (Blog de Cine)
Douglas Fairbanks spared no expense for what may be the most lavish fantasy movie ever made. Inspired by the flying-carpet effects of Fritz Lang's somber but spectacular Der Müde Tod, Fairbanks (ever the canny businessman) bought the American rights, then hid the film away as he created his own show-stopping adventure, an adaptation of A Thousand and One Nights in which the magic-carpet ride was but one of many fantastic marvels. Swaggering through massive marketplace sets and cavernous throne rooms as an incorrigible thief and pickpocket, he scales towering walls (with the help of a magic rope) and leads a merry chase through crowded bazaars in his pursuit of loot--until he falls in love with the beautiful princess and vows to win her heart. This jaunty opening is but mere preamble to the spectacular second act. As three kings scour the globe to retrieve the rarest treasures known to man, the repentant thief embarks on an odyssey through caverns of fire and underwater caves. The marvelous special effects--from the smoke-belching dragon and underwater spider to the flying horse and magic armies arising from the dust--may show their seams but glow with a timeless sense of wonder. William Cameron Menzies's magnificent sets appear to have leapt from the pages of a storybook. As the adventure concludes in a torrent of movie magic that cascades nonstop through the breathless final hour, Fairbanks commands the screen with a hearty laugh and graceful athleticism, the cinema's first action hero triumphant. Kino's restored edition is tinted and features an organ score by Gaylord Carter. --Sean Axmaker
"Se me cortò la respiraciòn cuando vi los sets... La maestrìa de Menzies era lo suficientemente grande como para convencerme de que estaba caminando por las calles de Bagdad... Cambiè mi mentalidad entonces y allì mismo. Harìa El Ladròn de Bagdad y serìa la mejor pelìcula que hubiera dirigido. Eso es lo que el genio de un hombre puede hacer con el ego de otro." Raoul Walsh


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-o-
Raoul Walsh en Arsenevich
Regeneration
The Man I Love
The Naked and the Dead
The Strawberry Blonde
Colorado Territory

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Wow ! What a splendid movie ! I had never seen it before. I only knew the 1940's english version which is interesting and funny but far to be as attractive as this one.

It contains all the charms of outmoded things, but it is also full of imagination and sharp technical ideas.

Thank you so much for this wonderful upload, amongst so many others...

Greetings.

Julien

scalisto dijo...

Recuperada The Thief of Bagdad de Raoul Walsh