17 julio 2011

Orson Welles - The Magnificent Ambersons (1942)

 Inglès/English I Subs:Castellano, English
89 min | XviD 704x532 | 1668 kb/s | 192 kb/s mp3 | 25 fps
1,15 GB + 3% recuperación/recovery

La Mansión Amberson es la más ostentosa vivienda de la Indianápolis de finales del XIX. Su dueña es la bellísima Isabel Amberson. Cuando el pretendiente de Isabel, Eugene Morgan, la humilla públicamente de forma inadvertida, ella lo abandona y se casa con el torpe Wilbur Minafer. Su único hijo, George, crecerá demasiado consentido y malcriado. Años más tarde, Eugene regresa a la ciudad con su hija, Lucy, de quien se enamora el engreído George.
El marco en el que se gesta el segundo filme de Welles es extraño, de la libertad más absoluta que se le dio para realizar Ciudadano Kane (1941), la RKO, tras el fracaso que supuso el pase previo a la crí­tica amputó cuarenta y tres minutos a la cinta otra obra maestra mutilada que pasa a formar parte de la desgraciadamente amplia colección.
Recogiendo la idea defendida por Truffaut desde los “Cahiers du Cinéma”, El cuarto mandamiento podrí­a verse como una prolongación del personaje de Charles Foster Kane. Si en el primer filme de Welles la elipsis nos hací­a ver a Kane de pequeño, para pasar a una edad adulta, el joven Amberson de El cuarto mandamiento” se situarí­a en la etapa que nunca vimos de Kane. Pero más allá de las coincidencias digamos, temporales, es en la naturaleza de ambos personajes donde las similitudes se hacen evidentes, sobretodo en el amor que profesa cada uno a su madre, que en el caso de los Amberson, roza el complejo de Edipo.
El cuarto mandamiento es una pelí­cula de dos partes, con contrastes muy significativos que vienen marcados por puros elementos cinematográficos. En una primera, donde la narración es vital y alegre, se nos introduce con una voz en “off” (un imponente Orson Welles) que le da un toque de cuento a la pelí­cula y me recordaba directamente a la posterior El hombre tranquilo (1950, John Ford) porque es inevitable, mientras se admira cualquiera de los dos filmes, esbozar una continua sonrisa debido a ese estado de absoluta felicidad que transmiten. Es quizás aquí­ donde se hace más latente la sensibilidad de la que hablaba el maestro francés.
Es en esta primera parte, donde Welles opta por una puesta en escena con planos rápidos en su cadencia de montaje (de ahí­ la vitalidad y el ritmo “alegre”, a la par con el sentimiento de sus personajes), donde encontramos la magistral secuencia de la fiesta, posiblemente la mejor rodada junto a la de Hitchcock en Encadenados (1945) y la boda del primer padrino de Coppola, con unos movimientos de cámara fluidí­simos, y un sentido del espacio cinematográfico ejemplar en el que los personajes, tanto los secundarios como los protagonistas entran y salen de cuadro muy cerca de la cámara sin que apenas percibamos la brusquedad que implica este tipo de acciones.
En toda esta primera parte, a nivel argumental El cuarto mandamiento es un filme sobre el reencuentro. La fiesta anteriormente comentada, ejerce como punto de unión entre todos los protagonistas del filme. Una unión que supone encontrarse con los amores del pasado (Isabel y Eugene, George y Lucy) y hace que nos encontremos ante un guión que tiene dos tramas “principales” y paralelas entre ellas que se empiezan a plantear y desarrollar en la fiesta.
Pero todo este mundo casi idí­lico, se ve roto cuando estalla el verdadero conflicto del filme, la lucha que mantienen Eugene y George por Isabel. De ahí­ el complejo de Edí­po del que hablaba Truffaut. Esta segunda parte, se inicia mediante un fundido a negro con iris (me atreverí­a a decir, sin tener la certeza absoluta, que es el único de la filmografí­a de Welles) sobre todos los personajes que se verán involucrados en el fin de la magnificencia de los Amberson. De este modo, la truca del montaje se convierte en una herramienta dramática y sirve de preludio al siguiente plano, música realmente triste y con la sombra de Joseph Cotten sobre la puerta de los Amberson.
La puesta en escena es totalmente opuesta a la del inicio del filme, apenas hay movimientos de cámara y Welles desarrolla las secuencias desde las multiescalas, los personajes opuestos siempre aparecen en el encuadre con escalas diferentes (por ejemplo el primer plano de Holt y el gran plano general de Cotten), y en contraste con la secuencia de la fiesta, encontramos el ya mí­tico plano secuencia estático que se desarrolla en la cocina en una desalentadora y tristí­sima penumbra la decadencia de los Amberson se hace latente en cada uno de los encuadres.
A esa tristeza trasmitida desde la dirección, se le une la maravillosa fotografí­a de Stanley Cortez, que no entra en la lista hawksiana de superoperadores, pero que realiza un trabajo magnifico (su mejor trabajo junto con los que hizo para Laughton y Fuller) sabiendo transmitir lumí­nicamente los dos grandes momentos del filme. (...)
Pudo haberse convertido en la obra cumbre de la filmografí­a de Orson Welles de no haber sufrido la mutilación que destruyó por completo más de 45 minutos de su metraje original. Los acontecimientos alrededor de esta tragedia constituyen una de las páginas más negras de la historia del cine.
Welles editó el filme mientras filmaba. Tení­a 26 años cuando escribió el guión en tan solo nueve dí­as, basándose en la famosa novela de Booth Tarkington que habí­a sido llevada a la pantalla en 1925. Los problemas iniciaron tras la drástica reacción del público en una de las funciones de pre-estreno en Pomona, California. Los asistentes a la función silbaron, le gritaron a los personajes y se burlaron de la pelí­cula. Esta situación aterrorizó a George J. Schaefer, Presidente de la RKO, quien concluyó que Welles habí­a creado un desastre. El estudio habí­a gastado más de un millón de dólares en la pelí­cula y la reacción del público parecí­a prever una catástrofe en la taquilla.
Welles se encontraba en Brasil, buscando locaciones para un documental que nunca llegó a filmar. Sin esperar su regreso -y quizás temiendo su negativa- Schaefer ordenó a Robert Wise editar drásticamente la cinta. Welles la habí­a reducido de 148 a 131 minutos, pero Wise la redujo aún más. Por si esto fuera poco, se escribieron y filmaron nuevas escenas, incluyendo un improbable final feliz. En el proceso intervinieron cinco diferentes fotógrafos, un músico y dos directores adicionales. El resultado fue un filme algo confuso e inconexo, de tan sólo 88 minutos, incluyendo las nuevas escenas.
Esta medida arbitraria tuvo como infeliz corolario la destrucción del material descartado. Cuando Welles regresó se encontró con apenas un esbozo de lo que habí­a sido una brillante muestra de su genio y sin ninguna posibilidad de recuperar el material filmado.
A la luz de este recuento, es increí­ble que El cuarto mandamiento haya logrado sobrevivir. Aún más increí­ble es que el material existente sea suficiente para convertirse en la segunda obra maestra de Welles, gracias a varios momentos de gran brillantez que llegan a superar lo logrado con El ciudadano Kane. El filme está lleno de momentos que demuestran la tendencia a la exhuberancia visual propia de Welles al mismo tiempo que denota una gran madurez y control de la narrativa, en una historia menos dinámica y sensacional que El ciudadano Kane, pero igualmente cautivadora.
Después de esta experiencia, Orson Welles iniciarí­a un camino accidentado, rico en momentos brillantes, pero nunca con el control total que gozó hasta la filmación de El cuarto mandamiento.
Después de la decepción sufrida por la edición final de este filme, Orson Welles no volvió a dirigir en cuatro años. Joven y famoso, el genio de Wisconsin se embarcó en un ritmo de vida frí­volo y desenfandado en el que predominaron las fiestas, los viajes y los amorí­os con estrellas como Dolores del Rí­o y Rita Hayworth.
Welles actuó en una versión de Jane Eyre (1944) antes de dirigir El extraño (1946). Este convencional filme de suspenso, acerca de un criminal nazi que vive escondido en una pequeña ciudad de Connecticut, no logró convencer a los estudios de la viabilidad de Welles como director, por lo que tuvo que ser parcialmente financiado por el productor independiente Sam Spiegel.
Su siguiente filme, La dama de Shanghai (1948) ha logrado convertirse en un clásico del cine negro, aunque en su momento fuese un estrepitoso fracaso. Macbeth (1948), primera de las aproximaciones de Welles al drama shakesperiano, fue producida por la Republic, una compañí­a especializada en pelí­culas “clase B”. El fracaso de esta nueva incursión en la dirección llevó a Welles a auto-exiliarse voluntariamente de Hollywood por diez años. Su última pelí­cula hollywoodense, Sed de mal (1958), llegarí­a a convertirse en otro clásico, a pesar de que en su momento también fue menospreciada.
De hecho, desde la amputación masiva de El cuarto mandamiento por la productora, se iniciaba la turbulenta relación entre Orson Welles y Hollywood. (Claqueta)
CITIZEN KANE is considered by many to be Orson Welles's masterpiece, but more than a few prominent critics have argued that his second film, 1942's THE MAGNIFICENT AMBERSONS, is an even greater artistic achievement. It's certainly the source of the most painful injustice of Welles's brief career in Hollywood, having been seized from the director's control, drastically cut from over two hours to merely 88 minutes, and reshot with a different, upbeat ending that Welles vehemently disapproved of. Adapted by Welles from the novel by Booth Tarkington, it remains a truncated masterpiece, as impressive for what remains as for the even greater film it might have been. The story is set during the late 19th century and follows the rise and fall of the wealthy Amberson family of Indianapolis, Indiana. Central to the drama is George Amberson Minafer (Tim Holt), who is snobbishly to the manor born, and whose petty jealousies and truculent pride compel him to prevent a wealthy inventor (Joseph Cotten) from marrying his widowed mother (Dolores Costello). This in part is the cause of the Ambersons' downfall, and ultimately leads to George's humbling "comeuppance" at the film's dramatic conclusion. It's an absorbing tale of fading traditions and changing times, and it's also a magnificent showcase for Welles's cinematic audacity, famous among film students for its long, fluid shots and ambitious compositions. Responding to the film's drastic cutting and re-editing, Welles justifiably complained that "they destroyed the heart of the film, really." And yet, the director's stamp of genius is evident throughout--the work of a young master (Welles was only 26 when the film was made) that still shines despite its unfortunate fate. --Jeff Shannon
"Si un dí­a se tuviera que elaborar un catálogo del cine con mayor sensibilidad, El cuarto mandamiento deberí­a ocupar un buen lugar junto a las pelí­culas de Jean Vigo."  FrançoisTruffaut

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-o-
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12 comentarios:

Isak Borg dijo...

Qué pena de lo de "El cuarto mandamiento", qué película tan genial y qué recta final tan precipitada y frustrante.

saynomoreglass dijo...

Pero hay un monòlogo por ahì que es brutal, y las imàgenes, y las actuaciones, y la manera rarìsima de acabar la peli, ufff, hasta con mano ajena Welles era poderoso.

Anónimo dijo...

Happy birthday Arsenevich! :D

I never fell to check out your page at least once a day.
Keep on the good work, and long live your blog!

Anónimo dijo...

Tercer aniversario?
Pues muchas felicidades y por muchos años (y yo que lo vea, como se suele decir). Gracias y ánimo con la labor. Creedme sincero cuando os digo que si el año que viene no pudiéramos celebrar el cuarto, sería para mí algo tristísimo.
Un abrazo y tres tirones de oreja!

Anónimo dijo...

¡gracias y felicitaciones por su tercer año de altruismo cinéfilo!

saynomoreglass dijo...

ey, sìi, yo tambièn me sumo a las felicitaciones por el tercer aniversario (porque todos hacemos el blog y de muchas maneras todos nos beneficiamos con èl)!! abrazos arsenevich!!!

Anónimo dijo...

...escribo poco pero entro siempre (aquí y al 'Patio'), el blog sigue buenísimo, feliz aniversario!...

hipersolido

saynomoreglass dijo...

Gracias hiper!! Abrazo!!

Marcelo dijo...

Hola!
Soy seguidor hace un par de años de la pagina. No bajo todo lo propuesto, pero siempre me parece una referencia sumamente atendible
Ahora, una duda: no existen esos cuarenta y pico de minutos cortados?
No bastaron con suprimirlos en ese momento, sino que necesitaron destruirlos?
Otra: alguna novedad de la edicion q estaba por largar Bogdanovich de The other side of the wind, obra postuma de Orson?
Aclare, humillando, don Arsenevitch!

saynomoreglass dijo...

A ver, humillando: ni idea ni de la una ni de la otra pregunta, jaja.
Empero, pronto pronto nuestros boletines informativos en Arsenevich!!
Estèn atentos!!

Anónimo dijo...

saludos!
es posible que los archivos 2 y 3 y el de subtitulos esten caidos?
gracias por el aporte.
con muchas ganas de ver esta joya.
aleph

chicharro dijo...

The Magnificent Ambersons de Orson Welles, recuperada