03 febrero 2011

D. W. Griffith - Intolerance (1916)


Muda/Silent | Subs:Castellano
178 min | DivX 640x480 | 900 kb/s | 128 kb/s mp3 | 25 fps
1,29 GB + 3% de recuperación rar
Clásico del cine mudo que muestra a través de varios episodios históricos las injusticias provocadas por la intolerancia religiosa y social. La idea inicial de Griffith era narrar las sangrientas huelgas de 1912 en EE.UU. (un huelguista es acusado de la muerte de su patrón), pero después decidió rodar tres episodios más: "La caída de Babilonia, "La Pasión de Cristo" y "La noche de San Bartolomé" (episodio sangriento de las luchas entre hugonotes y católicos que tuvo lugar en París en 1572). De presupuesto y recursos desmesurados para la época -una sola escena reunió a 15.000 extras y 250 carros- aún hoy sigue asombrando por su espectacularidad.Como sucedería décadas más tarde en el caso de Elia Kazan y su actitud ante la Caza de brujas, David Wark Griffith también respondió a las críticas recibidas por El nacimiento de una nación, filmando otra película de tesis que disculpara su actitud abierta y vergonzosamente racista. Griffith, en lugar de asimilar las críticas por la postura expresada en su película (un abierto racismo, reivindicado, defendido, tomado como ejemplo de futuro sin crítica, pedagogía ni desmentido alguno), elaboró otra monumental cinta cuyo objeto fuera la crítica de la censura. Es decir, que Griffith no reconocía sus errores o lo maximalista, injusto e irracional de su posición, sino que pugnaba por hacer ver a quienes le criticaron, que en la libertad de expresión entran incluso las ideas que a la mayoría de la población le provocan arcadas, abriendo así un debate que en el seno de las democracias se recupera periódicamente, la lucha entre libertad de expresión y la defensa de posturas antidemocráticas contrarias a los más elementales derechos humanos, y el grado de permisividad que semejante ideario (si se le puede llamar así) debe tener en la cabida de la vida democrática.
En cualquier caso, su nuevo exceso cinematográfico aún logró mayores cotas de perfección que el anterior. De manera menos explícita (su ideario sobre la censura y la opinión pública lo expresó -y bien a gusto que se quedó- en el folleto propagandístico The rise and fall of free speech in America, burda construcción autocomplaciente de lo sucedido con su anterior film), profundiza en los conceptos ya expuestos en la película precedente, utilizando para ello una cuádruple narración, la yuxtaposición de cuatro historias situadas en momentos históricos diferentes (la vida de Jesús de Nazaret, la caída de Babilonia, la matanza de hugonotes la noche de San Bartolomé y una historia actual en la que una joven salva de morir ahorcado, por un asesinato del que ha sido acusado injustamente, en el último suspiro gracias a un indulto obtenido a su prometido). Lo verdaderamente revolucionario es que esas cuatro historias no se presentan en capítulos separados, o con divisiones claras, sino que se van entrecruzando como hilos argumentales paralelos y temáticamente relacionados entre sí, aportando los sucesos acontecidos en un capítulo claves para predecir lo que va a ocurrir en los otros, o mostrando que en diferentes contextos históricos y culturales muchas veces las reacciones humanas son puramente instintivas, independientemente del grado cultural o económico alcanzado por cada sociedad.
Lo complejo de la estructura y del mensaje dificultó la aceptación de la película por el público, que de nuevo situado ante una película muda de tres horas pero mucho más confusa se veía incapacitado para aguantarla, con lo que, ni siquiera el nuevo montaje de cada parte del argumento y sus sucesivos estrenos por separado sirvió a Griffith para recuperar los casi dos millones de dólares que (¡¡¡en 1916!!!) se había gastado en levantar el proyecto.
Entre lo que resulta verdaderamente sobrecogedor de la película, además de adelantarse decenios a estructuras narrativas más propias de la cinematografía de los noventa, destacan las magníficas reconstrucciones históricas, las impresionantes murallas, palacios, estatuas y calles de Babilonia, por ejemplo, entre los que se alojaban a casi tres mil extras en las escenas del asedio y los combates, seña de distinción en la que se inspiraron todas y cada una de las cintas que, ambientadas en la época antigua, procuraban dotarse de recreaciones escenográficas majestuosas e impactantes, desde clásicos del cine religioso como Quo Vadis? hasta cine historicista como Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz. Pero no sólo la historia que transcurre en Babilonia resulta espectacular; no le va a la zaga la historia de la Francia de Catalina de Médicis, inspiradora de la matanza de hugonotes, cuya riqueza de decorados, y sobre todo, de vestuarios, a su vez sentó las bases de lo que constituye el cine de época.
También resulta revolucionario el guión, escrito casi en exclusiva por Griffith, quien realizaba constantes cambios a medida que avanzaba la producción, siendo de todo punto sorprendente que el resultado final no acusara esa continua improvisación. En cuanto a la cuestión de fondo, la censura, la intolerancia, se examina a través del prisma del amor, bien a través de la pareja de Babilonia que se suicida para no caer en manos del enemigo, bien con la pareja francesa, uno católico y otra protestante, que sucumben a la matanza sin piedad.
Verdadero ejercicio de lo que es complejidad narrativa, guión elaborado, montaje soberbio y minucioso y cuidado diseño de planos, secuencias y tomas, la película es un paréntesis en la cinematografía: nunca antes se filmó algo así, ni nunca después se volvió a hacer. Marcando ya el declive de Griffith como autor, la película fue pronto olvidada en los Estados Unidos, y no fue sino el cine soviético el que adaptó de Griffith todas esas grandes virtudes suyas para dar vida a una incipiente cinematografía que iba a dar en los años siguientes la verdadera medida de la genialidad de su potencial, produciendo tres o cuatro clásicos imperecederos, y todo ello gracias a un enfermo de cine, un apasionado de la filmación, de la exploración de vías para la narración de historias que contribuyeran a expandir el nuevo ideario ruso surgido de la revolución de 1917: Sergei Eisenstein. (39 escalones)
Director D.W. Griffith's expensive, most ambitious silent film masterpiece Intolerance (1916) is one of the milestones and landmarks in cinematic history. Many reviewers and film historians consider it the greatest film of the silent era. The mammoth film was also subtitled: "A Sun-Play of the Ages" and "Love's Struggle Throughout the Ages." Griffith was inspired to make this film after watching the revolutionary Italian silent film epic Cabiria (1914) by director Giovanni Pastrone.
After the widespread controversy surrounding his racist masterpiece The Birth of a Nation (1915), Griffith attempted to defensively answer his critics with this work. He took a smaller feature film that he was working on about the contemporary, Progressive Era struggle between capital and labor [titled "The Mother and the Law"] and the theme of social injustice and combined it with three new stories to create a more spectacular, monumental, dramatic epic. All of the stories, spanning several hundreds of years and cultures, are held together by themes of intolerance, man's inhumanity to man, hypocrisy, bigotry, religious hatred, persecution, discrimination and injustice achieved in all eras by entrenched political, social and religious systems. (Filmssite)

“Fue el primero en incluir belleza y poesía en una especie de diversión barata y vulgar que algunas personas habían aceptado tímidamente mientras aguardaban la salida del tren o para protegerse de las inclemencias del tiempo. Fue el hombre que inventó el primer plano, para darle al hombre pobre la íntima visión de un punto interesante en el film.” Erich von Stroheim
"No me gustan mucho los filmes de Griffith, o al menos el sentido de su dramaturgia: es la expresión última de una aristocracia burguesa en su apogeo y ya sobre su declinación. Pero es Dios padre. Ha creado todo. No hay un solo cineasta en el mundo que no le daba algo. En cuanto a mì, se lo debo todo." Eisenstein
“(...)Era la edad de oro de Hollywood, pero para el más grande de los directores había sido una década triste y vacía. El cine, que él había virtualmente inventado, se había convertido en el producto – producto único - de la cuarta industria más grande de América, y, en la cadena sin fin de las mastodónticas fábricas cinematográficas, no había sitio para Griffith. Era un exiliado en su propia ciudad, un profeta sin honores, un artesano sin herramientas, un artista sin trabajo. No me extraña que me odiara. Yo, que nada sabía sobre el cine, había conseguido la mayor libertad jamás otorgada por escritoen un contrato de Hollywood. Era el contrato que él se merecía. Yo veía que no era demasiado viejo para ello, y no podía criticarle por sentir que yo era demasiado joven.” “(...) Yo le amaba y le veneraba, pero él no necesitaba un discípulo. Necesitaba un trabajo. Nunca he odiado realmente a Hollywood a no ser por el trato que dio a D.W. Griffith. Ninguna ciudad, ninguna industria, ninguna profesión ni forma de arte deben tanto a un solo hombre.” Orson Welles
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D. W. Griffith en Arsenevich

3 comentarios:

hhdezk dijo...

Creo que entre las citas finales del post faltó poner la de un tal saynomoreglass, que decía que el final de esta peli era digno de Miguel Ángel, jeje, opinión con la que estoy totalmente de acuerdo. Quizá demuestre un poco más mi atrevida ignorancia, pero pienso que puede haber sido el mayor (y último) Deus ex machina de este último par de siglos.
Un abrazo, Say.

saynomoreglass dijo...

Dezk!! Jaja, yo y mis comentarios como catedrales. Oye, sì, màs Deus ex machina necesitamos en este mundo, aunque parece que sì ocurren y con su respectiva frecuencia, sòlo hay que estar atentos,parece. Abrazos, dezk!!

PD: Avisa cuando te caigas por Lima!!

scalisto dijo...

Intolerance de D. W. Griffith recuperada por chicharro