02 septiembre 2010

Stuart Walker - Werewolf of London (1935)

Inglès/English | Subs:Castellano/Français/English
72 min | Xvid 640x480 | 1222 kb/s | 60 kb/s mp3 | 25 fps
660 MB + 3% de recuperación rar
El doctor Wilfred Glendon, experto en botánica, se dirige hasta el Tíbet con el fin de localizar una extraña flor que crece únicamente en ese lugar y bajo el influjo de la luna. Cuando está a punto de conseguir una muestra es atacado por un hombre lobo, que lo deja herido y con el estigma del licántropo. Una vez en Londres, se le presenta el doctor Yogami, aquel que lo contaminó, y le informa que la flor que recogió es la única capaz, no de curar, sino de aletargar durante una noche el mal de luna.Es la película sobre hombres lobo más antigua que se conserva (1), y como tal suele tomársela por la primera, la que lo comenzó todo. Forma parte de la primera serie de clásicos del cine de terror que Universal Studios alumbró en la primera mitad de los años 30, y cuyo ciclo marcado por el romanticismo y una interpretación made in hollywood del post-expresionismo, se inició con Drácula (1931, de Tob Browning) y continuó con Frankenstein (1931, de James Whale), El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1932, de James Whale), La momia (The Mummy, 1932, de Kart Freund), El hombre invisible (The Invisible Man, 1933, de James Whale), etc. Estas películas habían salvado al estudio de la ruina, por lo que Carl Laemme Jr., su propietario e hijo del fundador, trató de exprimir al máximo su rendimiento, alimentando la saga con más títulos y buscando nuevos monstruos.
En 1932 Robert Florey (2) ya había presentado un guión titulado El hombre lobo. Al carecer este mito de una versión literaria o teatral realmente importante, como sí ocurría con Dracula o Frankenstein, los hombres lobo en esta temprana etapa de la historia del género solían ser impulsados por guionistas como Florey: europeos, por el gran arraigo folclórico que el mito de la licantropía tiene en Europa (incluida España). Como veremos más tarde, en los años 40 la situación seguía siendo así. A pesar de que el libreto de Florey llegó a contar con un proyecto concreto de producción, según el cual Boris Karloff habría sido el protagonista y Erle C. Kenton (La isla de las almas perdidas) iba a dirigirla, la película nunca se hizo, si bien muchos de los elementos de su tratamiento pasaron, ya en 1935, a El lobo humano, que era una idea original del productor Robert Harris más parecida a una variante de El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr. Hyde de Robert Louise Stevenson, pero que convenientemente adaptada pasó por ser la película de un hombre que se convierte en bestia a la luz de la luna llena.
Ese hombre era el Dr. Glendon, un botánico inglés que es atacado y mordido por un extraño ser, aparentemente un lobo, durante una expedición de investigación sobre la flora del Tibet, buscando una extraña flor llamada mariphasa luminam lupina, que sólo crece en aquel paraje y bajo la luz de la luna llena. Al regresar a Londres no tarda en descubrir que ha traído consigo la maldición del hombre lobo, y que durante las noches de plenilunio pierde el control de sí mismo, se convierte físicamente en otro ser animalesco, y sale a rondar por las calles de Londres en busca de presas humanas. Entonces aparece el Dr. Yogami, un misterioso personaje que informa a nuestro protagonista de que sabe lo que le pasa y cual es la única cura: precisamente la flor de la mariphasa luminam. Lo que el Dr. Yogami oculta, y la película es tan antigua que no creo que sea spoiler decirlo, es que él también es un hombre lobo, aquel que mordió a Glendon contagiándole, y que tiene todas sus esperanzas puestas en que el botánico consiga cultivar la flor para curarse él. Este detalle es muy original en esta película y me llama mucho la atención, porque posteriormente se harán varios films con dos licántropos enfrentados (sin ir más lejos el Lobo protagonizado por Jack Nicholson), pero hay que recordar que estamos hablando de una versión primera.
Aunque El lobo humano ya establece alguna que otra regla que posteriormente se convertirá en clásica en toda película de licántropos que se precie (verbigracia: el que el hombre lobo sucumba ante la mujer amada), el mito cinematográfico aún se encuentra en un estado muy primitivo. El ya comentado parecido con el Dr. Jekyll es acentuado por lo recatado del maquillaje. Existen fotografías de pruebas de maquillaje que demuestran que el maquillador Jack P. Pierce había diseñado una criatura mucho más peluda y feroz que luego él mismo reutilizó para la versión de 1941. En ésta finalmente se limitaron a usar colmillos, lentillas y un poco de pelo extra facial (vaya: otro parecido con Lobo). Además estamos ante un hombre lobo muy pudoroso: va vestido de los pies a la cabeza, con abrigo, bufanda ¡y una gorra! incluso cuando está convertido. Hay varias versiones del porqué de esto. Algunas apuntan como el responsable al actor protagonista: Henry Hull, un maduro actor de gran éxito en el teatro, que haciendo gala de su condición de estrella habría exigido que no se le maquillase tanto y que su personaje no perdiera la dignidad (ropa rota) en ningún momento. Otras fuentes aseguran que se trata sólo de un gesto prudente de cara a la censura. En cualquier caso, si bien como hombre lobo es muy poco imponente, visto de una manera más amplia la imagen de este hombre-bestia bien vestido y abrigado, merodeando por la calles de un Londres maravilloso construido en plató de estudio, es bastante interesante y trae ecos del pánico causado por Jack el destripador.
Mucho más interesante de lo que se suele reconocer, El lobo humano ofrece una atractiva interpretación de la licantropía, presentando un hombre lobo urbano, que se esconde en callejuelas, que ataca en los suburbios, entre pubs y prostíbulos, es decir: en lugares en donde se excitan los instintos primarios. Esta visión podría haber sido aún más potente, pero el recato típico de esta época juega como márgenes del buen gusto (excesivos, para nuestra mentalidad de hoy) que la película nunca se atreve a traspasar. Aún así el hombre lobo es la máxima expresión de la bestialidad, psicosomatizada en ese físico, pero más importante manifestada en la pérdida del control y la exacerbación del instinto atávico de destruir, de hacer daño. El lobo se come a Mr. Hyde en cuando a que la licantropía le puede pasar a cualquiera, no es la respuesta a un pecado previo ni el accidente de una aventura científica frustrada: el lobo es él, y usted, y yo. Como el punto de vista elegido es el del desdichado que se convierte en hombre lobo, esta vez se pone el hincapié en lo terrible que es que el lobo sea uno mismo (punto de vista que heredarían casi todas las versiones de la licantropía posteriores); ahora bien, no olvidemos el miedo que da, simplemente, el que el lobo sea la persona que tenemos al lado. El hecho de que la maldición se pueda curar por medio de la extraña flor sugiere que la licantropía aquí sería una especie de enfermedad, una dolencia que deprime aquellos mecanismos de la humanidad (la piedad, la empatía, el apego al orden…) que nos salvan de caer en el ser terrorífico de la bestia. Un ribete extra de ciencia ficción sobre una leyenda cinematográfica aún a medio configurar, en la que Yogami y Glendon pugnan por volver a ser hombres. Y aunque en líneas generales se le suele considerar un clásico de los llamados menores, apuntarían en sentido contrario sus buenas actuaciones, la fotografía de Charles Stumar y que, si me apuran, el guión está mejor hilvanado que en la más afamada versión que trataremos a continuación, la fundadora definitiva del mito: El hombre lobo. (Texto de Javier Ludeña Fernández, tomado de la fantàstica Revista Fantastique)
Though not the grand spectacle of horror that the later Wolf Man would be, The Werewolf of London still stands out as a fine effort from Universal. World-renowned botanist Dr. Wilfred Glendon (Henry Hull) has a bit of a problem. Y'see, while searching for a rare plant in the Tibetan mountains (which look suspiciously like they're in California), he gets bitten by a werewolf. Back in London, the mysterious Dr. Yogami (Warner Oland) warns Glendon in a roundabout way that at the first beams of the full moon, he will turn to a werewolf, and kill the thing he loves most, in this case Glendon's wife Lisa (Valerie Hobson, Bride of Frankenstein). The only antidote known for this particular brand of lycanthropy are the flowers from a rare plant found in the Tibetan mountains, a sample of which Glendon brought back from his journey. However, when the full moon strikes, the plant's flowers go missing, and he begins a nightmarish cycle of wolfishness. (Classic-Horror) "Incluso un hombre que es puro en corazón y dice sus rezos en la noche puede convertirse en un lobo cuando la belladona (o «azote de lobos») florece y la luna de otoño brille."
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3 comentarios:

An dijo...

hi,
loved the film. loved even more the file description on MU. thanks for the film and for the good humor. it came very 'à propos'.
cheers

saynomoreglass dijo...

Thank you for your good humor too, An, it`s a pleasure, cheers!!

scalisto dijo...

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