30 septiembre 2010

Arthur Penn - The Missouri Breaks (1976)


Inglès/English | Subs:Castellano
121 min | Xvid 608x336 | 1423 kb/s | 192 kb/s AC3 | 25 fps
1,36 GB + 3% de recuperación rar
Tom Logan es un ladrón de ganado que compra un rancho al lado del de David Braxton. Tom y la hija de Braxton, Jane, pronto comienzan un romance, pero Braxton contrata a Lee Clayton, un famoso cazador de ladrones de ganado.Hoy en día la palabra western nos hace crispar los pelos, nos lleva a las ya lejanas estancias de nuestros padres arremolinados en torno a Lee Van Clift o al peor de los Charles Bronson. Por culpa de series como Bonanza se empezó a malinterpretar el género y es por eso que hoy por hoy sabemos tan poco y calumniamos tanto al género padre.La primera película de la historia con un esbozo de lenguaje cinematográfico fue El gran robo al tren de Edwin S. Porter, hecha en la prehistórica fecha de 1903, cuando el cine apenas era una coqueta quinceañera. Doce años después otro western, El nacimiento de una nación (1915) marcaría definitivamente el derrotero a seguir en el lenguaje de las veinticuatro fotos por segundo. Eso no lo sabíamos cuando escuchábamos la música de Nino Rota en El bueno, el malo y el feo (1966) y creíamos que eso era placer para hombres acabados.Nacimos cuando el género estaba muerto, se murió como el amor en la vieja balada de José José: “de tanto usarlo”. Muchos quisieron revivirlo y hasta parodiaron con el mismo. Recuerdo que hace muchos años vi una película de Andy Warhol donde dos vaqueros llegaban a un bar y en vez de pedir tequila lo que hacen es ordenar dos malteadas de fresas y en un abrir y cerrar de ojos los rudos bandoleros se transforman en furibundas e incontenibles locas.Un intento más serio fue el de Clint Eastwood en Los imperdonables donde los vaqueros estaban como el género, viejos y desusados. Si bien la película fue galardonada con yo no se cuantos dólares, el género siguió quieto, sin que nadie continuara haciendo películas y sin la fiebre desbordante de décadas pasadas.El origen de este fin se le atribuye a la película de Arthur Penn The Missouri breaks, a quien torpemente se le dio el nombre en español de Duelo de gigantes. Pero ¿por qué muere el género acá? Primero porque el western es algo tan gringo como Mickey Mouse y la cultura del consumo; gracias a este género los norteamericanos pudieron contar sus historias épicas sobre cómo la civilización tuvo que abrirse paso a sangre y fuego para derrotar a la barbarie de los indígenas que poblaban la unión americana antes de que el hombre blanco poblara el territorio de las libertades. Así con un tema chauvinista se hicieron innegables obras maestras, aparecieron genios como Ford, Sturges o Penn, el director de esta película.El género se popularizó y universalizó, los italianos empezaron a apropiarse de él, y a pesar de que Sergio Leone fue uno de los abanderados de el oeste y muchas de sus películas fueron magistrales, el género ya no era creíble en manos de los italianos. Además los propios gringos se empezaban a aburrir con esas historias de indios contra vaqueros, ya estaba agotado el género y también el público. Cuando todos lo daban por muerto apareció The Missouri breaks, y créanme que no apareció como un mesías dispuesto a redimirlo, al contrario, apareció con un revolver en la mano, y sin piedad (o talvez con mucha piedad), le disparó en la nuca quitándole la poca vida que aún le quedaba.Para disparar en la nuca sobre el western, Penn buscó a un mito para que encarnara la degradación. Hizo de tripas corazón y llamó al actor norteamericano más importante vivo, hablo del todopoderoso Marlon Brando. En ese momento Brando si bien tenía todavía parte de su prestigio, ya la capa de grasa empezaba a rodearle la panza y la cara, y no resultaba tan atractivo para el grueso del público. Casi sin quererlo, Brando realiza la mejor de sus actuaciones interpretando a un cazador de hombres, uno de esos paracos del viejo oeste que a diferencia de los nuestros eran inteligentes y hasta con una moral solidamente constituida. En una de las secuencias finales, Brando decide acabar con la banda de cuatreros vestido de mujer. Debido a la gordura de Brando la escena resulta patética ya que Marlon se parece más a una abuela buena gente que a una bruja asesina. Paradójico en una actor de la gallardía y presencia de él.La contraparte de esta historia se halla cimentada en Jack Nicholson, un actor que e 1976 llevaba tanta gente como la que lleva hoy, con el agravante de que en ese entonces era un sex simbol. Su prestigio se había acrecentado desde que en 1969 interpretara al abogado alcohólico en Easy rider (1969), recrudecida en su papel de Gittes en Chinatown (1974) segunda de sus nominaciones al Óscar. Jack es el jefe de los cuatreros, su personaje es una simbiosis entre el Búster Keaton de El maquinista de La General (1927), pasando por un ladrón de Los siete magníficos (1960). Si bien el nombre en español es casi ridículo (Duelo de gigantes) a la hora de ver las actuaciones parece que estuviéramos en presencia de un mano a mano, ya que ambos lucen espectaculares. Mientras Brando descendía (casi a postas) del cielo donde lo habían puesto como la más rutilante de las estrellas, Nicholson ascendía vertiginosamente.Junto con las actuaciones, lo más brillante de la película radica en la fotografía de Michael Buttler, que todo lo envuelve con su claroscuro perturbador, todo sabe como a tinieblas, como cuando Nicholson habla después de la muerte de su primer compañero y el negro le cruza la cara como con un manto imperceptible. Sólo encuentro un parangón para esta fotografía y es la que el viejo maestro Gordon Willis utiliza en sus dos primeras partes de El padrino (1972 & 1974).Tanta belleza nos insulta y nos es ajena. Ahora no sabemos hacer películas de acción y cada vez estamos más y más huérfanos. Arthur Penn está retirado, ahora dirige el Actor`s Studio, la vieja escuela de actuación fundada por Lee Strasberg. Los productores no creyeron mucho en él después del descalabro económico en que se convirtió la cinta. Todos esperaban un western convencional y no una extrañeza como es The Missouri breaks.Esta película se pasa hoy no para brindarle un homenaje a Brando o Nicholson, ni siquiera a Arthur Penn. El homenaje de hoy es para ese santo patrono de los cineclubistas llamado San Andrés Caicedo. No me gusta nunca mencionarlo, ni tocarlo, soy a pesar de mi apatía en materia de religiones de los que cree que a los muertos hay que dejarlos en paz. Por eso no lo nombro, pero cada vez que puedo leo algo sobre él y lo evoco en mis noches de infamia. Una forma de evocarlo es viendo esta película ya que él fue de los pocos críticos que la defendió en su fugaz paso por tierras colombianas.Unos meses antes de morir decía Caicedo sobre la película: “The Missouri breaks es una obra que lo sitúa a uno, en su totalidad, de parte de los fuera de la ley, que analiza a fondo las relaciones amo-señor, amistad, amor, amor distanciado, espíritu condicionado (ensanchado en este caso) por el contorno geográfico que habita, odio, venganza, muerte, fatalidad, necesidad de eliminación de la crueldad amparada por la ley, características (espectaculares) de actuación de las super estrellas, exageración de las formas de Brando, trabajo, mostración documental de los progresos en el trabajo, felicidad ante un trabajo bien hecho, aunque sea pasajero. Características todas que hacen a este film una obra tan importante como Bonnie and Clyde y como yo decía uno de los mejores westerns que se hayan hecho nunca.” (Homenaje a Penn en El Ateneista)
It's the wild frontier and anything goes, especially in the untamed territory of Montana. Tom Logan (Jack Nicholson) leads a gang of cattle thieves out for revenge when one of its members is hanged by wealthy rancher David Braxton. Braxton, however, has hired expert manhunter Lee Clayton (Marlon Brando) to stop the gang at any cost. Clayton is a crazed man, driven half mad by the loneliness of his profession, a man who will never stop until he has gotten his quarry. Tom Logan is not intimidated and confronts Clayton himself. THE MISSOURI BREAKS is another vivid anti-western from Penn. Like LITTLE BIG MAN, this film takes a hard look at what life was like in the wild West, keeping the characters real and the story intense. Marlon Brando gives an unnerving performance as the insane bounty hunter, and Nicholson is sympathetic as the young but wearied cattle rustler who is in love with his enemy's daughter. The production overcame many difficulties with weather and locations to create an entertaining Hollywood epic. (Easy Cinema)
“La sociedad debería prestarles atención a los inadaptados si quiere descubrir dónde está fallando.” Arthur Penn
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Arthur Penn en Arsenevich
In Memoriam (27 de septiembre 1922 - 28 de septiembre 2010)
Night Moves

8 comentarios:

El lobo estepario dijo...

El mejor homenaje, Sayno. Para mí, la obra de Penn es junto a la de Peckinpah y N. Ray (además de Chaplin y ciertos noirs), lo mejor del cine americano.

Con 'Missouri' trató de insuflarle vida al western. Lo mismo con 'Pequeño gran hombre'. Ves en el cine de Penn aquella sensibilidad europea de espíritu rebelde, una especie de olla a presión a punto de explotar, y eso, unido al ritmo americano que le imprime, hace de sus películas algo espectacular.

'Bonnie y Clyde' abrió nuevas vías para los cineastas, y creó escuela. Pero era una violencia con sentido. El mismo Penn decía hace poco que la violencia del cine actual es gratuita, y sin pelos en la lengua criticaba el cine de Tarantino, que consideraba de una vacuidad absoluta.

En cuanto a 'The chase (La jauría humana)', aun mutilada, conserva una fuerza sin igual en la cinematografía norteamericana (sólo igualada por Peckinpah). Por cierto, nunca Brando fue tan fiel a sí mismo como en ella.

Y qué decir del halo romántico de todo el cine de Penn. Sus escenas de amor son memorables, llenas de poesía, de contradicción, de tensión, de veracidad. Se murió uno de mis diez directores predilectos.

El lobo estepario dijo...

Otra cosa que destacaba en Penn era la importancia que le concedía a las mujeres en sus argumentos. Mujeres creíbles, no mujercitas, tan frecuentes éstas últimas en el cine americano. Mujeres con carácter además de feminidad. Mujeres con ideas propias, con discurso propio, no mujeres mirando entre pestañeo y pestañeo las sandeces que escupe por la boca el marido-amo de turno.

Las mujeres de Penn, además, atajan por rutas inesperadas: una palabra, un acto, dejan al hombre sin defensas, sorprendido ante la audacia de ellas. Eso es realismo, ver esa tensión latente entre hombre y mujer cuando bulle una pasión, las frases entrecortadas,
los medios silencios, los estallidos de lirismo y sensualidad... ¡Vida, vida en el cine! ¡Seres extremos como caballos desbocados!

Las películas de Penn son apasionantes porque la mujer tiene tanto peso como el varón. Aunque tengo a Kurosawa y Peckinpah entre mis diez predilectos, las mayores explosiones en el cine necesitan a la mujer como partícipe directo de los conflictos. Incluso los más duros, vocacionales o no, de nosotros, añoramos en un momento u otro a la mujer, sea porque nacimos de ella o porque no hay otra patria que su cuerpo tendido como una bandera caída en un campo de batalla. Sin la mujer, el mundo está cojo, el cine está cojo. Ésa es la sal de la vida, aunque escueza en las heridas abiertas.

Dunaway en 'Bonnie y Clyde', Fonda en 'La jauría humana', Thelen en 'Georgia', la debutante Lloyd (27-28 años) en 'Missouri'... todas ellas se salen del rol acomodaticio que la oficialidad le imponía a las actrices (por otra parte, tan ajeno a la realidad). Los personajes de todas ellas dejan huella, están muy bien definidos, su esbozada silueta se construye con los contornos del carácter y la naturalidad, una naturalidad que no tiene nada de la teatralidad de Broadway, del cine americano oficial, de los soliloquios que se marcan los actores como si pisaran el proscenio.

Aquí las escenas de Nicholson y LLoyd a caballo casi dan envidia. Se sale del cine de Penn con ganas de vivir, de apretar el puño reivindicándose frente al matadero de ahí fuera, de abrazar a una mujer por la cintura y enfundarse en ella como en una bandera. Y ése es el mejor regalo que le puede ofrecer un director de cine al espectador. Lo que hace amar el cine.

Matapuces dijo...

Otro buen director que nos ha dejado, que dejo una huella imborrable dentro del cine, la mayoría de las películas que he visto comprometidas con el mensaje que querían dar.., por lo visto en la actualidad van quedando menos directores como Arthur Penn, esto creo que también es muy significativo y da mucho a entender de como funciona el mundo de hoy en el cual vivimos.

También quiero dejar dos recomendaciones que me han venido a la cabeza de películas poco conocidas, una "Wild Rovers" de Blake Edwards, un western atípico y poco convencional y la otra "Track of the cat", ésta última profundiza
bastante en la psicología de los protagonistas de la película, una rareza digna de ver.

Anónimo dijo...

desde luego sois buenisimos siguen las buenas peliculas y como siempre de gran calidad os felicito saludos Gonzalo

Arturo dijo...

los subtítulos no andan :S

Arturo dijo...

Estos si andan.

http://www.subdivx.com/X6XOTgwMzU8X-the-missouri-breaks.html

Anónimo dijo...

Vi la pelicula hace un monton de años. La distancia temporal la hacía mejor. No es buena. Es apenas un mal ejercicio y de seguro no hizo renacer al western. Algunas ecenas dan risa y Brando sobreactua sin lugar a dudas. Una lastima: la historia no era mala (si repetida) y los actores dos leyendas: daba para mas. Muy vien Lloyd: lo mejor.

scalisto dijo...

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