07 octubre 2009

Jean-Luc Godard - Made in U.S.A. (1966)

Francès/French I Subs: Castellano/English
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731 MB
En 1966, el productor francés George de Beauregard pasaba por un difícil momento económico, a causa de la intolerante postura de la censura francesa para con el filme de Jacques Rivette Suzanne Simonin, la religieuse de Diderot, que él producía. Para salir del apuro pidió ayuda a su amigo Jean-Luc Godard, a quien había producido algunas de sus mejores películas -A bout de souffle y Pierrot le fou, por ejemplo- y que, en aquellos momentos, era el director-vedette no sólo del Tout Paris, sino de todo el mundo. Godard aceptó rodar en poco tiempo y con poco dinero una novela de Richard Stark (Série Noire), de la que Beauregard poseía los derechos. Tres días después de acabar el rodaje de Made in Usa, comenzaba el de Deux ou trois choses que je sais d'elle. Las dos películas se montaron simultáneamente y Godard hubiera deseado exhibirlas en programa doble. La película está dedicada "A Nick (Ray) y Samuel (Fuller) que me enseñaron el respeto por las imágenes y los sonidos", y la propia protagonista, Paula Nelson-Anna Karina, la define como un filme de Walt Disney, pero con sangre. La ciudad donde transcurre el filme -Atlantic Cité- es una Francia americanizada poblada de absurdas bandas de pistoleros con oscuras implicaciones políticas. Homenaje entre gozoso y paródico a Fuller, Ray y demás luminarias del cine negro desamparado y desclasado, Made In USA (1966) de Godard es posiblemente el primer experimiento consciente de abrumar al devenir del cine con lo que se ha dado en llamar película-cómic. Ya existía un precendente, Kiss Me Deadly, de un Aldrich pletórico, film adorado hasta la náusea por Godard en sus primeros años como crítico, cuya sombra planea en autores como Scorsese, De Palma, Boorman y los actuales Nolan, Miike y, como no, Tarantino.
El cine de Godard es ante todo un cine de ideas; también de imágenes, de acuerdo, pero las primeras dominan sobre las segunda, sin cuya fortaleza no existirían. Lo preponderante en su filmografía es desbordar al espectador, al que obliga a ser activo para incorporarlo a la aristocracia de la mirada -que nadie se engañe, el obrero al que tanto defendía Godard nunca se enteró ni de la mitad del asunto-, expuesto a un maremoto de ideas ante el que resulta incómodo posicionarse. 1966 es un año de transición para el irreverente francés; aunque en él transición no significa relajación. Hasta Alphaville, su cine se caracterizaba por desglosar los géneros cinematográficos en un intento de sublimación y recreación, por emancipar la banda de música y sonido para forzar un nuevo punto de vista -a veces hasta la narración completa de otra película-, retratar los valores y preocupaciones de la juventud de su época -o eso creía él-, presentar héroes idealistas y proponer un regreso al romanticismo más descarnado. Motivos estos suficientes por los que algunos sectores le acusaban de frivolidad, artificiosidad y vacuidad.
Sin embargo, no se le puede achacar a este período estar exento de politización. Cierto es que en origen se trata de una política de base heterodoxa, pero entre tanto batiburrillo conceptual, también asomaba con frecuencia dosis de potente ideología, bien o mal asimilada, según criterios (Le Petit Soldat, Une Femme Est Une Femme, Les Carabiniers). Aunque de lo que no cabe duda es de la capacidad del aún joven director para hacer de su cine un fascinante tapiz absorbente de referencias culturales integrados a la vez en el discurso, que es su moral.
Las tres películas de ese año, Deux ou Trois Choses Que Je Sais d'Elle (según la fuente, aparece que su fecha también puede ser el 67), Made in Usa, Masculin/Feminin, lejos de abandonar en su totalidad esos estigmas particulares de esta primera etapa, los desdobla. Sus films son ahora más que nunca experiencias formales y ensayos teóricos. En ellas existen nuevos pliegues en los que se radicaliza un tanto la componente política, mostrando descontento por las acciones norteamericanas en Vietnam y criticándolo como país epítome del consumismo salvaje, en un claro acercamiento a posturas comunistas.No obstante, el comunismo y la protesta marcará en su totalidad los siguientes años, alcanzando cimas con Weekend y películas panfletos de importancia menor como La Chinoise, hasta el punto de hacer una gira para realizar una serie de películas junto al Groupe Dziga Vertov. Pero Godard continúa durante este año su progresión acerca de la ruptura de las formas de narración clásicas, depurando al máximo la trama. A veces de forma abrupta (Made In USA, obvia influencia para la gran Point Blank de Boorman, que supera con creces a ésta, su inspiración), otras de manera más sutil (caso de la elíptica Masculin/Feminin), el lenguaje es quebrado y facilita la atomización de apuntes varios esparcidos en las películas, cada uno repleto de personajes y situaciones esbozadas con los que engrosar algunas filmografías carentes de ingenio.
La batuta de Godard organiza la enorme cantidad de elementos e información que se pasea por sus filmes en beneficio del tiempo de la mirada, que es el tiempo de la conciencia, del presente. Los planos se procuran entidad propia, autonomía plena, para ofrecer como resultado una privilegiada sucesión de imágenes con sentido acerca de un heterogéno discurso que trasmite el caos que supone vivir de lleno en la cultura pop occidental.Made In USA, sin encontrarse siquiera entre sus mejores películas de la época, expone un soberbio estilo elíptico en el que el espectador se pierde. La propia sinopsis es un ejercicio de depuración: se trata de la historia de Paula, una joven terca en busca de pistas sobre los asesinos e identidad de su amante Richard. En torno a esta premisa se establece una película plagada de nombres conocidos (Don Siegel, Richard Widmark, Mizoguchi, Dickens o Aldrich entre otros) en la que Godard interrumpe constantemente la acción, bien sea con extractos de cómic, con eslóganes, con canciones o citas, pistas de sonidos -nada nuevo, Pierrot Le Fou era esto mismo-, y música manipulada, desorientando al público y frustrando en todo momento la posibilidad de compresión de lo narrado. Mención especial merece la bella y deslumbrante fotografía de Raoul Coutard, de colores brillantes, que refuerza esa idea de película-cómic, ayudando a Godard en la creación continua de imágenes para su ambiciosa obra de renovación de las mismas. Por supuesto, como en cada aparición que ha hecho en el cine, merece un reconocimiento aparte la excelente y bellísima actriz Anna Karina junto a todos los coloridos y bonitos vestidos que luce durante la película. Ella es responsable en gran medida de que el espectador no se irrite del todo y decida hacer otra cosa -esto, claro está, en el caso de que no soporte mucho la apuesta formal de Godard. (Texto tomado de gdo )With its giddily complex noir plot and widescreen, color-drenched images, Made in U.S.A was a final burst of exuberance from Jean-Luc Godard’s early-sixties barrage of delirious movie-movies. Yet this chaotic crime thriller and acidly funny critique of consumerism—featuring Anna Karina as the most brightly dressed private investigator in film history, rummaging through an intricate plot for a former lover who might have been assassinated—also points toward the more political cinema that would come to define Godard. Featuring characters with names such as Richard Nixon, Robert McNamara, David Goodis, and Doris Mizoguchi, and appearances by a slapstick Jean-Pierre Léaud and a sweetly singing Marianne Faithfull, this piece of pop art is like a Looney Tunes rendition of The Big Sleep gone New Wave.
"Periodista: ¿Hay algo en la producción de cine que usted pueda considerar reaccionario o imperialista?
Godard: Diciéndole a la gente que ésta, por ejemplo, es la forma correcta de hacer una película y que si no la haces de esta manera no vas a poder exhibirla. Si hay imperialismo en la producción, éste es un imperialismo estético."

Nuevos enlaces, gracias a Ana

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-o-
God en Arsenevich À Bout de Souffle
Une femme mariée
Pierrot Le Fou
Deux Ou Trois Choses Que Je Sais D'elle

3 comentarios:

El lobo estepario dijo...

Se me había pasado esta película, cuya existencia me has recordado. Por lo visto en carátula y demás, la actriz sale tan guapa como en 'Pierrot...'. Esa belleza que tuvieron algunas actrices, acompañada de inteligencia en la mirada, no la encuentro hoy en la pantalla, sólo trozos de carne bien tajados.

saynomoreglass dijo...

Sì y ademàs Godard es tan diestro con la mirada que hace que en esta peli la Karina tenga algo asì como una pàtina de hartazgo fìsico, de cansancio, de vejez de la juventud, en fin, eso fue lo primero que me impresionò cuando la vi, ya no es simplemente la maravillosa beldad pop llena de vida de sus otras pelis junto a Godard, bueno,en general la peli toda tiene ese aire decadentoso. Salud, Lobo.

scalisto dijo...

Made in U.S.A. de Jean-Luc Godard recuperada por Ana