23 mayo 2010

William Wyler - The Desperate Hours (1955)

Inglès/English I Subs:Castellano
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Tres criminales temibles escapan del presidio y se refugian en casa de una familia de clase media a la que toman de rehén. Como en muchas oportunidades durante su larga carrera, Wyler supo extraer todo el potencial dramático de la concentración narrativa que le ofrecía la obra teatral original de Joseph Hayes. El gran Humphrey Bogart, que en los años inmediatamente previos había logrado demostrar su capacidad para interpretar personajes complejos (El tesoro de la Sierra Madre, La reina africana), volvió en esta oportunidad a componer un villano absoluto, como los que le habían conquistado una primera fama en los años treinta. (Malba)
Orson Welles calificó a William Wyler como de «brilliant producer» y, aun más, como de «producer’s director», una forma despectiva de valorar su trabajo como director. Alineándole con la especie de cineastas que más despreciaba –los productores- le negaba a Wyler su condición de artista, colgándole la etiqueta de director mercantilista cuya profesionalidad y oficio -no su arte- era lo único que valía la pena de sus películas.
Desde su privilegiada, pero insegura, condición de genio aupada unánimemente por la crítica europea pero bastante menos por la de su país (Andrew Sarris es una de sus escasas excepciones), Welles olvidaba interesadamente que la tan alabada profundidad de campo de su Ciudadano Kane ya había sido experimentada y puesta en práctica años antes por Wyler (y otros directores de Hollywood, así como por Jean Renoir) con o sin la colaboración de su definitivo artífice Gregg Toland. En noviembre de 1966, Henri Langlois rompió una lanza a favor de Wy ler en el programa de la Retrospectiva que le dedicó la Cinematheque Française: «Es el hombre que a finales de los treinta creó un nuevo estilo», recordando que Ciudadano Kane tenía influencias de Wyler. Olvidaba también Welles que, hasta entonces, las películas de Wyler estaban repletas de soluciones narrativas a los siempre espinosos problemas de las adaptaciones. o que había convertido a los actores en elementos iconográficos insospechados en la dramaturgia interna de cada plano. Lógicamente, Welles se movía en otra dimensión. Era un director rabiosamente independiente mientras que Wyler era un studio-director en la época en que los estudios eran los reyes de Hollywood. Representaban, respectivamente, el sistema y el anti-sistema.
Trabajar dentro del Sistema fue definido perfectamente por Wyler en unas declaraciones al “New York Times” el 16 de abril de 1939, poniendo el caso de Julien Duvivier que había emigrado a Hollywood: «Hizo magníficas películas en París porque era el responsable de todo. Pero no en Hollywood, ¿Por qué? No le dieron la oportunidad de expresarse. Siempre tenía a alguien que le controlaba. No era libre», y anunciaba: «Esos productores que coartan la libertad de los directores están perjudicando seriamente el negocio del cine».
La miopía, o el olvido selectivo, de Welles venían refrendados por el desprecio de “Ca hiers” o “Positif ” que elevaban a los altares a Ford, Hawks o Ray e ignoraban a Wyler. En el contexto anglosajón, David Thompson escribió: «Wyler no tiene personalidad cinemática ni intereses temáticos constantes ni un estilo propio en el lenguaje de la cámara. Sus films se plantean como simples presupuestos: la pulcritud y el equilibrio sustituyen a la profundidad. Hay una ausencia total de preocupación temática o formal».
Conclusión: Wyler no es un autor. Andrew Sarris, el importador en Estados Unidos de la teoría de los autores francesa, le incluyó en el apartado “Menos de lo que dejan ver” en su fa moso libro “The American Cinema”. Sarris, entonces reputado crítico de “The Village Voi ce”, fue editor de la versión inglesa de “Cahiers du Cinema” y justificó esta valoración escribiendo: «Son los directores cuya fama excede a su inspiración. Vistos a distancia parece que las firmas de sus películas hubiesen sido escritas con tinta invisible».
En este sentido, aunque queriendo decir todo lo contrario, Sarris coincidía con André Bazin en el hecho de que Wyler tenía un estilo invisible, aunque lo que era positivo para el francés resultara negativo para el norteamericano. En el apartado de su libro dedicado a Wyler, Sarris le descalificaba, entre otros epítetos, con una frase demoledora: «Su carrera como director no pasa de ser un cero». En descargo de Sarris hay que señalar que en una posterior revisión de su libro, deja caer una velada aunque insuficiente disculpa: «El tiempo ha demostrado que las películas de un buen artesano son superiores a las de un mal artista».
Con esta etiqueta de director despersonalizado, ni siquiera los elogiosos comentarios de Ba zin hicieron cambiar la opinión de la crítica. Bazin alabó a Wyler destacando que una de sus cualidades principales era el estilo del sin estilo, una frase que fue sacada de su contexto y utilizada peyorativamente en contra del director. No es que a Wyler pareciese importarle mucho estas descalificaciones: «Me han acusado de no tener estilo, lo cual es realmente cierto, simplemente porque yo he elegido films con tipos de temas muy diferentes». Es evidente que no se refería a Bazin sino a quienes le atacaban con la adulteración de este argumento. «Un director no debería atraer la atención hacia él en detrimento de los actores ni de la historia, debe atraerla haciendo buenas películas y consiguiendo grandes interpretaciones. Nunca traté de que el publico dijese ‘¡Oh Wyler!’. Sin embargo, en el fondo debía escocerle este desprecio». Más tarde, cuando arrasó con Ben-Hur, no pudo evitar unas de claraciones: «Lamento el éxito y los Oscars. Estoy seguro de que he decepcionado a los chicos de ‘Cahiers’». (Texto tomado de aquì)
Este clásico del cine de suspense dirigido por William Wyler, supone la única ocasión en que dos gigantes del cine como Humphrey Bogart y Frederic March trabajaron juntos. Y el resultado es el esperado: tenso, terrorífico y tremendo. Bogart es un preso que ha logrado escapar de la cárcel y que no tiene nada que perder. March es un honesto ciudadano que tiene todo que perder, ya que los suyos han sido tomados como rehenes por Bogart. Según van avanzando estas Horas Desesperadas, los dos hombres se enfrentan en una lucha de astucias y engaños que culmina en un final tan inolvidable como aterrador. (EstoEsCine)
Humphrey Bogart is at his villainous best in William Wyler's taut home-invasion thriller, The Desperate Hours. Sharply adapted by John Hayes from his own fact-based novel and Broadway play, this marked a slight departure for Wyler, whose celebrated versatility is on ready display as Bogart--leading a panicky trio of escaped convicts--seizes control of a suburban family in the (dis)comfort of their own home. The domestic terror (similarly dramatized in the 1954 potboiler Suddenly) escalates as cautious patriarch Frederic March waits for an opportunity to retaliate, while the police (led by Arthur Kennedy) close in for an ambush. Viewers may recognize the home's exterior from TV's Leave It to Beaver, while its interior gives Wyler a sealed chamber for nail-biting advances and setbacks--and Bogey was rarely better at portraying ruthless, unpredictable menace. Poorly remade in 1990, The Desperate Hours remains a potent precursor to the many similar films (like Panic Room) that followed its enduring example. --Jeff Shannon
"Viendo films como éste se experimenta el sentimiento de un arte que ha encontrado su perfecto equilibrio, su idea formal de expresión, y recíprocamente admiramos algunos temas dramáticos y morales a los que el cine no ha dado una existencia total, pero a los que al menos ha elevado a una grandeza y a una eficacia artística que no hubieran conocido sin él. En resumen, todas las características de la plenitud de un arte clásico." Andrè Bazin
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William Wyler en Arsenevich
Dodsworth
Jezebel

3 comentarios:

Osmond dijo...

Gran cineasta de una férrea rigurosidad, siempre discutido por su desdibujado núcleo temático. Jamás hay que olvidar que el maestro japonés Kenji Mizoguchi lo admiraba e imitaba y que John Cassavetes consideraba a Mrs. Miniver como una de sus películas favoritas. Muchas gracias, hay motivos para verla.

saynomoreglass dijo...

De nada, Osmond, gracias a tì por tus comentarios, no tenìa idea de la influencia de Wyler sobre Mizoguchi y Cassavetes. Un abrazo.

scalisto dijo...

The Desperate Hours de William Wyler recuperada por chicharro