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El doctor Jekyll tiene la teoría de que químicamente se pueden separar las partes maligna y benigna del ser humano. Tras probar una fórmula consigo mismo se convierte en un ser monstruoso, el señor Hyde, que proyecta los más bajos y primarios instintos que el amable doctor tiene reprimidos.
Sin lugar a dudas, esta es la mejor versión para cine que existe de la novela de Stevenson (seguida muy de cerca de la de Renoir). El mérito, por supuesto, proviene del gran Rouben Mamoulian, cineasta maldito que basculó de un lado a otro en Hollywood, desde su debut con Applause (1929), hasta su último film, La bella de Moscú (Silk Stockings, 1957) -pues fue expulsado del rodaje de la monumental Cleopatra (Cleopatra, 1963), que acabaría Joseph Leo Mankiewicz-. Entre medias, ofrendaría más de una obra maestra a diferentes géneros, así el musical, acaso la mayor de sus constantes -Ámame esta noche (Love Me Tonight, 1932), la referida bella de Moscú-, la aventura -la trepidante y maravillosa El signo del Zorro (The Mark of Zorro, 1940)- el melodrama histórico sin mucha base histórica -La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, 1933)- u otras cintas tan inclasificables como fascinantes -El alegre bandolero (The Gay Desperado, 1936), mezcla de musical, comedia alocada, cine de gangsters y western-.
Sin lugar a dudas, esta es la mejor versión para cine que existe de la novela de Stevenson (seguida muy de cerca de la de Renoir). El mérito, por supuesto, proviene del gran Rouben Mamoulian, cineasta maldito que basculó de un lado a otro en Hollywood, desde su debut con Applause (1929), hasta su último film, La bella de Moscú (Silk Stockings, 1957) -pues fue expulsado del rodaje de la monumental Cleopatra (Cleopatra, 1963), que acabaría Joseph Leo Mankiewicz-. Entre medias, ofrendaría más de una obra maestra a diferentes géneros, así el musical, acaso la mayor de sus constantes -Ámame esta noche (Love Me Tonight, 1932), la referida bella de Moscú-, la aventura -la trepidante y maravillosa El signo del Zorro (The Mark of Zorro, 1940)- el melodrama histórico sin mucha base histórica -La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, 1933)- u otras cintas tan inclasificables como fascinantes -El alegre bandolero (The Gay Desperado, 1936), mezcla de musical, comedia alocada, cine de gangsters y western-.Unos pocos años después, esta película no hubiese sido la misma. Rodada en 1932, aún no imperaba el feroz y reaccionario código de censura impuesto por el nefasto Will H. Hays en 1934, y que emasculó la libertad de los cineastas norteamericanos hasta finales de los 50. Hoy día, esta sorprendentemente fresca y pícara película plantea que mister Hyde no es la escisión maligna del amable doctor Jekyll, sino que es producto de la represión castrante de una sociedad hipócrita y puritana, que reprime unos estímulos naturales, lo cual conduce que los fantasmas sexuales del personaje salgan expulsados de manera abrupta y agresiva: el mal está pues no en el individuo, sino en un sistema que cohibe el desarrollo afectivo. Todo ello es narrado por Mamoulian con una impecable caligrafía visual, donde hace un uso arrebatado del encadenado, así, cuando Jekyll abandona la estancia de la prostituta, ésta agita insinuante una pierna, y mientras contemplamos a Jekyll alejarse reflexivo por la calle veremos durante un largo instante esa pierna tentadora basculando sobre él; o el uso de la pantalla dividida, un recurso muy habitual en aquella época para, por medio de una cortinilla, dar paso a una nueva escena, expone, en una escisión oblicua, juntas, a las dos mujeres que turban -reprimiendo o exacerbando- la libido del doctor.
Elegante, inteligente y brillante, la película expone el alto grado de madurez que el cine americano gozaba en aquella época, donde, por medio de los estereotipos genéricos, se lograba reflexionar sobre elementos no precisamente superficiales de un modo que films de mayor alharaca y pretensión no pueden sino sugerir hoy de forma balbuciente. (Texto de Carlos Díaz Maroto, tomado de Pasadizo)
Elegante, inteligente y brillante, la película expone el alto grado de madurez que el cine americano gozaba en aquella época, donde, por medio de los estereotipos genéricos, se lograba reflexionar sobre elementos no precisamente superficiales de un modo que films de mayor alharaca y pretensión no pueden sino sugerir hoy de forma balbuciente. (Texto de Carlos Díaz Maroto, tomado de Pasadizo)

Fredric March won an Oscar® for playing the protagonist (and antagonist) of Robert Louis Stevenson's story. Dr. Henry Jekyll is an honorable man of science, albeit frustrated at the enforced celibacy of a delayed wedding date. Hyde is the fearsome creature he turns into after drinking a potion, and Hyde's appetites (mostly expressed with Miriam Hopkins's Cockney dance-hall wench) are decidedly unrestrained. March's performance is pretty theatrical, but it's fun to watch; his Hyde twitches and squawks and lopes around like an ape in a tuxedo. Rouben Mamoulian's direction has plenty of the brio of early-thirties Hollywood, and the transformations from Jekyll to Hyde are ingenious for the time. This film followed Dracula and Frankenstein into theaters by a few months, and it stands well with those horror classics--and it's a darn sight more fun (and much more down and dirty) than the 1941 MGM version of Stevenson's tale. --Robert Horton
"Mira esa lámpara de gas. Existe gracias a la curiosidad de un hombre. Londres continuaría iluminada por antorchas.Y espera. Un día, Londres brillará, incandescente... y será tan hermosa que hasta tú te emocionarás." Dr. Jekyll
"Mira esa lámpara de gas. Existe gracias a la curiosidad de un hombre. Londres continuaría iluminada por antorchas.Y espera. Un día, Londres brillará, incandescente... y será tan hermosa que hasta tú te emocionarás." Dr. Jekyll
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1 comentarios:
re-upload? Thx.
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