21 abril 2010

Budd Boetticher - The Tall T (1957)

Inglés/English I Subs: Castellano
78 min I Xvid 640 x 480 I 2065 kb/s I 128 kb/s cbr mp3 I 29.97 fps
1,19 GB + 3% recuperación/recovery
Un forajido secuestra a un matrimonio, en el que se ve involuntariamente implicado Pat Brennan, un individuo que abandonó su puesto de capataz en el mejor rancho de la comarca para establecerse por su cuenta. La mujer secuestrada es hija única de un mágnate.
Budd Boetticher, que fue maltratado en España por la pantalla grande, es poco a poco recuperado (...) He aquí la tercera de sus grandes películas del Oeste. Es una de las siete que hizo con el actor Randolph Scott y la segunda con guión de Burt Kennedy, con quienes Boetticher formó un trío legendario en los anales del western. Fue rodada en 1956 y pasó inicialmente desapercibida, debido a su catalogación como película de lote en los encasillamientos de las casas distribuidoras norteamericanas. La crítica especializada europea supo capturar su austera perfección -Boetticher es un cineasta casi ascético- y la puso en su sitio, muy por encima de infinidad de filmes de alto presupuesto y mediocre significado, que forran las taquillas de verde.Los cautivos se ajusta milimétricamente al modelo creado por el citado trío de cineastas: argumento muy similar, escenario prácticamente idéntico, personaje central tallado en piedra y a la medida de Scott, igual estructura itinerante que Estación Comanche y Cabalgada en el desierto , desarrollo de situaciones sobre el mismo axioma de economía narrativa proverbial en el cine de Boetticher y, en el fondo de todo, una durísima y trágica visión -que echa por tierra el colorismo ingenuo del western optimista- del mito del nacimiento de una nación, mito nacionalista y reaccionario que, en manos de Boetticher, adquiere connotaciones de enorme violencia escéptica, un clima poético enrarecido y crítico, y, en definitiva, un signo poético y dramático no auroral, sino crepuscular.La perfección del relato y la seca fuerza de las imágenes da a Los cautivos un ritmo peculiarisimo, en el que Boetticher va introduciendo los elementos habituales que pueblan sus westems con una especie de rigor matemático casi inflexible: mitad tormenta: mitad teorema. Allí está el marco dramático permanente: el camino, pero considerado no tanto un itineraño fisico como un itinerario moral. En el centro del viaje, una especie de individuo, Randolph Scott, sin matices, cuya identidad profunda se agota en su sola presencia, una presencia casi mineral, que hace de él una especie de golem, de estatua animada que transita de un confin a otro del desierto en busca de una oscura, imprecisa y obstinada rehabilitación o desquite. El ingenuismo épico del western auroral se convierte, en la visión de Boetticher, Kennedy y Scott, en un modelo de tragedia contemporánea.
Y siempre, junto a la presencia mineral de Scott, un oponente en el que hay una ambigüedad, e incluso una escisión existencial, de orden contrario. Paradójicamente, o tal vez no, este casi agresivo sello de humanidad, en contraste con la inexpresiva y unidimensional talla en roca del bueno de la película, le pertenece en los filmes de Boetticher al malo. Esta circunstancia complica las cosas, ya que rompe el esquema maniqueo habitual aplicado a los juicios comunes sobre el western. Hay una rara humanidad en los malos de Boetticher, que perturba la casi inhumanidad de sus buenos. El malo de Los cautivos está interpretado por un actor de excepción, el fallecido Richard Boone, que hay que situar entre los más logrados de la fascinante galería humana de esos faragidos -Lee van Cleef, Weridell Corey, Lee Marvin, Pernell Roberts, John Carrol, Ray Danton, entre otros- que pueblan, como fán tasmales réplicas del hombre hu mano, los relatos flilmicos de Boetticher.
El dúo Scoot-Boone en Los cautivos es uno de esos hallazgos mayores del cine adulto, que se da muy de tarde en tarde. Las películas de Boetticher, que se ven y consumen con facilidad, dada la transparencia de la aventura, pueden parecer menores de lo que en realidad son. Quien desee pasar con Los cautivos un simple rato emotivo, puede hacerlo; pero quien desee rebuscar en la trastienda que sostiene a la parte evidente del filme, puede hacerlo igualmente y, si sabe a afilar la mirada, descubrirá algunas razones e ideas que añadir a su diversión. (Texto de Angel Fernandez Santos, tomado de El Paìs)
De todos los westerns realizados en la década de los 50, entre algunas de las joyas realizadas en el género, y prácticamente conocidas por todos, hay un pequeño grupo de siete películas dirigidas por Budd Boetticher. Fue éste un realizador poco conocido tanto entonces como ahora o mejor habría que decir que fue poco reconocido. Sólo el paso inexorable del tiempo pone las cosas en su sitio, y aunque para la mayoría de los espectadores su nombre no les diga nada (también es cierto que la mayoría de los espectadores piensan que el cine se inventó en los años 90, y que lo inventó Tarantino), el lugar de Boetticher en el transcurso de la historia es innegable.
Al lado del actor Randolph Scott, que ejerció tareas de productor en alguna ocasión, realizó esas siete películas, algunas de las cuales influyeron poderosamente en el género. No todas tuvieron una calidad superior, pero en el caso que nos ocupa estamos hablando de un gran film. Un western, con una historia pequeña, contando cosas grandes, y con una violencia inusitada, casi insoportable. Un film que, en cierta medida, recuerda a la magistral ‘El hombre del oeste’ de Anthony Mann, y nada tiene que envidiarle a otros westerns realizados en aquellos años.
‘Los cautivos’, cuyo título original es ‘The Tall-T’, narra cómo un granjero pierde su caballo en una apuesta con su antiguo jefe, quien le consideraba el mejor capataz que ha tenido nunca, y quiere hacerle volver a trabajar para él. Caminando de regreso al hogar, es recogido por una diligencia alquilada por una pareja de viaje de novios, y que al hacer la parada para dejar a nuestro protagonista en su destino, son retenidos por tres hombres con no muy buenas intenciones.
Burt Kennedy, que también hizo sus pinitos como director, aunque con menor fortuna, escribió un portentoso guión basándose en la obra de Elmore Leonard. Este escritor no pasa de moda en el cine; desde sus inicios en películas como la que nos ocupa, o ‘El tren de las 3:10’, pasando por ‘Joe Kidd’, hasta llagar a ‘Jackie Brown’ o la aún inédita ‘Killshot’ de John Madden. Boetticher aprovecha al máximo las posibilidades del guión, empleando los primeros quince minutos de la historia en una presentación de personajes llena de matices que realizan un estudio psicológico sobre los mismos. Personalidades y caracteres totalmente definidos, y una sutil descripción de la vida y ocupaciones de cada personaje, sirven para adentrarnos enseguida en un mundo que se nos hace familiar. De repente, toda esa tranquilidad, con la que ya nos estamos encariñando, se rompe delante de nuestras narices por la incursión de tres extraños. En estos momentos incluso la cámara de Boetticher se vuelve amenazante. Atención a cómo filma la llegada de peligro, enfocando desde la oscuridad del porche de la casa a los protagonistas. Un momento de tensión que hace cambiar el tono del film, volviéndose éste oscuro e imprevisiblemente implacable y feroz.La violencia más descarnada se apodera de un relato en el que los acontecimientos se desenvolverán de forma poca agraciada. Baste resaltar momentos como en el que nos enteramos del destino de dos personajes que son súbitamente retirados del film, con la extraña sensación de habernos arrancado un miembro del cuerpo (ocurre fuera de campo, tanto visual como narrativo, y cobra dimensiones de envergadura trágica al tratarse de quien se trata), o cierto disparo a bocajarro en la cara de un personaje. Instantes inauditos por resultar demasiados atrevidos para la época. Es ésta una parte centrada sobre todo en la figura de los tres hombres que retienen a los protagonistas contra su voluntad. Destacan sobre todo, Richard Boone, como el veterano bandido, con más inteligencia que fuerza bruta y que da las órdenes, aunque su decisión final le deja como un completo estúpido ávido de dinero; y Henry Silva, villano por excelencia dentro del séptimo arte, cuyo rol es el de un pistolero implacable y sin remordimientos. Estos dos actores resultan ser los mejores del reparto, ganándole la partida a los mucho más ñoños Randolph Scott, y una Maureen O´Sullivan algo envejecida.
‘Los cautivos’ es un denso thriller, enmarcado dentro del western, en el que existen sugerentes trazos sobre temas universales. El amor siempre ansiado, la familia, la venganza, la niñez rota, el matrimonio o la falsa amistad son tratados a veces de forma sutil, a veces de forma directa. Y todo ello perfectamente condensando en 78 minutos.(Blog de Cine)
Pat Brennan (Randolph Scott) is a small Arizona rancher who loses his horse in a gamble on his ability to break a wild animal. On his way back to his ranch on foot he's picked up by his old friend Rintoon (Arthur Hunnicutt), driver of a stagecoach. Among the stage's passengers are the newlyweds Doretta (Maureen O'Sullivan) and Willard Mims. Mims is a bookkeeper who has obviously married his wife for the money she'll inherit from her wealthy father who is a copper miner. Three killers hold up the stage, killing Rintoon. Their leader (Richard Boone) would just as soon dispatch the rest of the passengers as well, but the bookkeeper in an attempt to save his life suggests the bandit hold his wife for ransom. This is one of the best of the remarkable series of westerns from the team of director Budd Boetticher and star/producer Randolph Scott.
“No existen las películas de serie B o A, solo hay películas buenas o malas.” Budd Boetticher
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3 comentarios:

Zénite dijo...

Muchas gracias, caro Scalisto, por mais um bom filme.

chicharro dijo...

Recuperada The Tall T de Budd Boetticher

matoute dijo...

Gracias por resubirla!