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Investigando la desaparición de su hermana en un internado para señoritas, una muchacha irá desentrañando poco a poco una conjura satanista, hasta comprobar que ella es el siguiente objetivo.

Cuando Val Lewton inició su mítico ciclo de producciones terroríficas para la RKO, contrató para las primeras películas de la saga a Jacques Tourneur, director al que ya conocía cuando juntos se encargaron de rodar las magistrales escenas de la Revolución Francesa en Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities, 1935), dirigida por Jack Conway. Después de las tres primeras entregas de Tourneur, La mujer pantera (Cat People, 1942), I Walked with a Zombie [tv: Yo anduve con un zombie, 1943] y The Leopard Man [tv: El hombre leopardo, 1943], Lewton decidió contar para la siguiente producción con Mark Robson, montador de la casa, y que precisamente ya había colaborado con esa labor en el ciclo, en concreto en I Walked with a Zombie y The Leopard Man.
Mark Robson (1913-1978) fue un artesano efectivo, no un genio como Tourneur, y lo mejor de su obra lo integran las cintas que dirigió para Lewton, así como dos estupendas aportaciones al cine pugilístico, El ídolo de barro (Champion, 1949), la revelación de Kirk Douglas, y Más dura será la caída (The Harded They Fall, 1956), último gran papel para Humphrey Bogart. Su carrera, por lo demás, transcurriría por los meandros de la rutina, hasta en los últimos años ya ser directamente mediocre, aunque gozaría de un gran éxito de público con la floja Terremoto (Earthquake, 1974).
The Seventh Victim (1943) es una fascinante muestra del tema de las sectas satánicas, y un clarísimo precedente de la obra maestra de Roman Polanski La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968). Sin duda Robson debió estudiarse a fondo las aportaciones previas de Tourneur al ciclo, en especial La mujer pantera, pues inclusive repite el mismo efecto de sobresalto con algo irrumpiendo bruscamente en el encuadre, en este caso un aullante hombre saliendo de repente de una fiesta. Robson, de igual modo, reincide en la planificación de Tourneur en lo que a uso de sombras se refiere, aportando un tono asfixiante al conjunto.
Pero en el tratamiento que se confiere a la secta satánica es donde la película muestra un sorprendente valor, tratamiento, repetimos, muy similar al aportado al film de Polanski, así la secta será un grupo de personas normales y corrientes que poseen unas creencias distintas a la mayoría (sorprende cómo la censura católica de Estados Unidos no se cebó en esta película). Y, como dijo Richard Matheson en su genial Soy leyenda, "la normalidad es un concepto de mayoría, no de una persona sola", así pues queda patente la anormalidad de nuestra heroína -prodigiosa Kim Hunter, la Zira de El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1968) y secuelas, así como la chica de A vida o muerte (A Matter of Life and Death, 1948), así como merecido Oscar por Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, 1951)- en la sugestiva escena de la reunión con los acólitos, en la cual éstos le explican sus postulados y su forma de ver las cosas. Por último, el chocante y brusco final de la película, que en un principio pudiera aparentar frustrante, una vez se analiza a fondo deja patente que la situación no podía solventarse de otro modo: es la conclusión tajante, definitiva, de una situación dada. (Texto de Carlos Díaz Maroto, tomado de Pasadizo)
Val Lewton (1904-1951) was brought to RKO when that studio decided to compete with Universal in the horror genre. As it happened, RKO was teetering on the verge of bankruptcy at the time--and Lewton was given the audience-tested title CAT PEOPLE and ordered to create an inexpensive movie to fit it. Without the budget to create "a monster movie," Lewton responded with a remarkably artful film that relied on suggestion and implication. He would go on to produce nine such films in all. Released in 1943, THE SEVENTH VICTIM is not quite in the same league with such Lewton films as I WALKED WITH A ZOMBIE and THE LEOPARD MAN--but it is astonishing just the same. The story concerns young Mary Gibson (Kim Hunter, in her film debut) who leaves her boarding school to search for her older and strangely missing sister Jacqueline (Jean Brooks)--only to find herself unexpected ensnared by a satanic cult operating in New York's Greenwich Village. Although the story line is a bit choppy, director Mark Robson guides it with a sure hand. Hunter, Brooks, and an exceptional supporting cast including Lewton favorites Tom Conway and Elizabeth Russell give the low-key but effective performances one associates with a Lewton film; the story offers a number of unexpected twists; and the cinematography is the light-and-shadow trademark of a Lewton production at its best. But most disconcerting--and the film's greatest asset--is the cult itself, which consists of people you might have met on any 1943 sidewalk. They are entirely normal, and it would not be until Roman Polanski filmed ROSEMARY'S BABY that another film took a similar approach. The effect is at once disconcerting and remarkably chilling.
"Aquellos que hablen de nosotros y den a conocer nuestra existencia y nuestros actos deben morir."

Subs:
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Mark Robson en Arsenevich

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