25 febrero 2010

Sergéi Eisenstein - Staroye i novoye (1929)

Muda I Intertìtulos: Castellano
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Según el historiador Georges Sadoul, Eisenstein comenzó este film tras el estreno de El acorazado Potemkin (1925), pero debió interrumpir su realización para hacer Octubre (1928). La idea era contar el proceso de colectivización de la tierra, en una época en que éste estaba lejos de haberse realizado a gran escala. Fue empresa difícil para un hombre de la ciudad anticipar lo que habría de ser la vida del campo y, por una vez, la masa debió ceder su puesto a algunos protagonistas individuales. Eisenstein eligió a una joven aldeana, Marfa Lapkina, que nada sabía de cine o teatro, para el papel de la protagonista y rechazó casi por completo la filmación en estudios y los decorados artificiales. (Malba)Una campesina, ante las dificultades de la sociedad, se decide a cambiar de sistema y a sustituir su posibilidad de trabajo individual por uno colectivo. Con la colaboración del consultor agrícola de la región y de unos campesinos tan pobres o más que ella misma, se pone en marcha. Pero los éxitos conseguidos molestan a las autoridades ya los kulaks, que intuyen el peligro de la cooperación, alineando contra ella toda su fuerza, a fin de inutilizar el espíritu luchador de Marfa. Todo es inútil: los cuadros luchadores de la comunidad se cierran alrededor de la mujer, que consigue algo por entonces inaudito: hacerse con un tractor. La imagen de éste se encadena con una enorme multitud de tractores avanzando por las amplias llanuras.
Los objetivos de La línea general obedecen a dos motivaciones. Por una parte, se trata de un film didáctico. Explica cómo y por qué deben realizarse los cambios que permitirán continuar la Revolución en el ámbito rural soviético, los cambios que transformarán a los mujiks en koljosianos. Pero es, además, un film de "ficción documental", que refleja las dificultades y los éxitos alcanzados durante el proceso de colectivización agrícola durante el período que media entre el XV Congreso del Partido (diciembre de 1927) que fijó las líneas directrices y el Pleno del Comité Central del PC de noviembre de 1929, que, en sus conclusiones recogía "los progresos efectuados en el movimiento koljosiano de masas, considerado como una fase decisiva de la construcción del socialismo".
El tiempo transcurrido entre la concepción del argumento de esta película y de su montaje definitivo es contemporáneo con los años que separan estos dos acontecimientos. Eisenstein comenzó a escribir el guión en 1926 y el film se terminó en noviembre de 1929. La crítica que, con una gran proximidad a la mentalidad del realizador con 'complicidad' incluso, hizo el coetáneo Victor Sklovski, recogía esta situación: "El film tenía que ser rehecho. El inicio, más bien tímido, las indecisiones de Marfa Lapkina y sus amigos y vecinos, que no sabían si la leche cuajaría o no, dejaban espacio a una solución nueva. Pero Sergei Mijailovich reemprendió el rodaje de La línea general y en noviembre el film ya estaba acabado. Mientras tanto, en el campo se habían verificado cambios radicales. Por decisión del partido, se habían enviado decenas de millares de hombres, encargados de realizar el nuevo programa.La línea general había cambiado, pero todavía no se había alcanzado lo que se pretendía, faltaba algo. La película registraba en primeros planos los cambios acontecidos en la psique humana, pero no conseguía llevar el paso con la realidad. De hecho, el film, titulado Lo viejo y lo nuevo, habría debido ser proyectado tal como había sido rodado la primera vez y aprobado.La línea general, en cambio, tenía que ser revisada. Los aspectos trágicos de aquella fase de transición, los cambios acontecidos en la vida y en los métodos de trabajo de la mayoría de la población no se podían expresar limitándose a mostrar un nuevo tipo de fuerza motriz. Los films y los libros dedicados a la nueva realidad han necesitado, para nacer, enteras décadas, pero el film de Sergei Mijailovich conseguía comunicar la fe orgullosa en el nuevo orden, en el sueño y en la posibilidad de realizarlo".
Pero los motivos, las características de la película, que justifican la crítica de Sklovski son, precisamente, los que hacen de Lo Viejo y lo Nuevo un documento excepcional para ilustrar las explicaciones históricas referidas a la colectivización del campo, en particular, y a la Revolución soviética en su totalidad.En primer lugar, el film analiza un proceso cuyo proyecto, cuyo guión, está prefijado por unas determinantes muy concretas. La interpretación de la historia, según los dogmas del materialismo científico-marxista permite una auténtica profecía: lo que se debe hacer, la colectivización, se hará, será realidad, porque de esta manera se cumplen las leyes del progreso histórico.
En la película de Eisenstein el tránsito del proyecto a la realidad se identifica como la transformación de un sueño -la arcadia agropecuaria que contrasta con la dura realidad del campo de los mujiks -en lo nuevo: la integración de la agricultura soviética, colectivizada, en la modernidad urbana, industrial y mecanizada.Pero para acelerar este proceso, conocidos ya sus supuestos básicos,"científicos ': es preciso eliminar los obstáculos, lo viejo, que entorpecen la aceleración de la historia.
En función de este esquema aparece una valoración, en principio muy sencilla, que permite identificar lo "viejo" como negativo y lo "nuevo" como positivo. Pero, en armonía con los acontecimientos que se suceden de forma rapidísima en el contexto histórico en el que se realizó la película, las fronteras que separan lo viejo y lo nuevo no son estáticas, sino que se modifican rápidamente, afectando a esta primera identificación tan simplista. A una primera división entre lo moderno y lo antiguo, que sólo están separados por una temporalidad inconcreta, sucede un segundo modelo. Aquí es la Revolución de 1917 la que marca las diferencias.
En una tercera fase, la frontera entre lo viejo y lo nuevo, entre lo positivo y lo negativo, se concretará en los proyectos y las realizaciones que entre 1926 y 1929 posibilitaron el paso de la NEP a la colectivización del campo. Vemos pues que, mientras en términos generales la identificación viejo =negativo, nuevo = positivo permanece, la calificación de viejo o nuevo es modificada por el devenir de la historia. A este fenómeno, aparentemente tan obvio que puede parecer banal, cabe hacer dos matizaciones. En primer lugar, la continuidad y la aceleración del proceso. Y esto resulta muy significativo, porque supone que la Revolución no está terminada, no se ha alcanzado "el final de la historia".
En segundo lugar, la condena del inmovilismo post-revolucionario apunta a enemigos muy concretos, peligrosos porque pueden resucitar una sociedad de clases en la Rusia soviética: los kulaks, los burócratas y los tecnócratas. Éstos, nacidos de la situación post-revolucionaria de 1917, son pues nuevos pero, también, negativos. Sólo el cambio de frontera entre lo viejo y lo nuevo puede restablecer el equilibrio "natural" en el sistema de valores. Los esquemas que siguen intentan reflejar esta evolución. (Texto de Jose Florit, Lo Viejo y lo Nuevo (La línea general, 1929): Aproximación didáctica)

"Como en El acorazado Potemkin, Eisenstein realiza en La línea general una revolución de los medios, de la técnica y de los fines del cinema." César Vallejo

Nuevos enlaces, gentileza de chicharro

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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Recomendable para estudiantes de cine. Desde un punto de vista histórico... vomitiva. La colectivización forzosa de la tierra en..., por ejemplo, Ucrania, ocasionó, bajo mandato de Stalin, entre 3 y 10 millones de muertos. Lo demás es propaganda.

Por cierto, Saynomoreglass, vi el otro día una película rusa excelente (autora: Larissa Shepitko) sobre la II G. M., de un crudo realismo, sin concesiones a la gloria política. Ella fue la esposa de Elem Klimov, según parece. Pues hizo en ese filme todo lo contrario de los apologetas de cualquier ismo.

La verdad... Eisenstein ocupa un lugar principal entre las telarañas de mi cueva, pero aquí se vendió, no me cabe duda. Es un caso análogo al de Leni R., que fue capaz de maravillas como 'La luz azul' y miserables exquisiteces
como 'El triunfo de la voluntad'.

Salud

El lobo estepario

Anónimo dijo...

Pues a mi me gustó esta película. No creo que haya que juzgar la ideología, yo lo veo como que el arte es independiente de eso y se mide por el talento. No sé...

Roy

Anónimo dijo...

Roy, ese hábito de hablar según dualismos (alma-cuerpo, forma-contenido, etc.) no sólo no lo comparto, sino que me parece un error de base a la hora de pensar, un error determinado por el cristianismo. Pongamos por caso a un marido infiel por sistema que, sin embargo, dice y se dice: "Ah, no, yo quiero mucho a mi mujer, porque no es lo mismo lo que siento que lo hago, mis debilidades..." O a una prostituta traumatizada que se tranquiliza pensando: "Ah, no, yo no me degrado porque mi corazón, mi alma, está muy lejos de mi cuerpo... es algo a lo que ellos no llegarán nunca..." O a un soldado que cumple órdenes de matar a mansalva y se justifica diciendo: "Ah, no, no es mi mal instinto el que me lleva a esto, es mi sentido del deber, la obligación para con mi país, la milicia, etc." El caso es separar, diferenciar los actos de la intención.

Un hombre no es sólo el cúmulo de lo visible, su conducta, su historial, etc. De acuerdo. Pero lo que hace no se puede desligar de su propio ser, no puede presentarse como ajeno. Esto, por ejemplo, sería inaudito en la mentalidad de un japonés: para un japonés, la responsabilidad de sus actos es ineludible. Y no se ampara en la intención como algo diferente del acto.

Al caso, Roy: ¿qué es eso del "talento"? ¿Se pesa en kilos o qué? Depende de un criterio subjetivo, de una valoración, siempre, en todo caso. Y me parece algo infantil, como lo que cacarean los colegiales en las escuelas, afirmar que una cosa es la ideología (la idea) y otra el "talento", es decir, en nuestro caso, la "obra de arte" (que define el supuesto talento). Pues bien, Roy, ese "talento" es el resultado de la idea, y ambos se complementan. Así que si yo digo que John Ford no vale nada porque se inventa la historia de los EEUU reinterpretando a su antojo el genocidio indio, estoy valorando tanto su habilidad para mentir como la propia mentira que es su cine.

En algunos momentos de sus carreras, Leni R., Eisenstein, etc., pusieron su "talento" al servicio de una causa política, de un totalitarismo. En esos casos, hay un fin propagandístico innegable, y dicho fin no puede separarse de su "talento" visual o cinematográfico, puesto que precisamente condiciona dicho talento. Entonces, gusta o no gusta, se asume o rechaza, pero no se relativiza en base a una dualidad interesada, fruto de una civilización moralmente infantil, irresponsable a la hora de pensar, que es la nuestra.

La manía esa de distinguir entre "forma" y "contenido" con que nos deforman ya desde chicos, en las escuelas, hace que luego se diga: "hay que valorar los logros formales, independientemente de la filosofía que los sostiene". Pues no: 'El nacimiento de una nación', por ejemplo, es apología del racismo, y se ama o se detesta ese filme (yo no oculto que lo detesto) en base a su naturaleza de panfleto racista, no partiendo de una dualidad forma-contenido que tiende a relativizar la propia obra, su repercusión, la intención (no sólo creativa) de la que nace. ¿Qué es esa pulsación? ¿Acaso no es intrínseca al resultado formal que se conoce como "obra de arte"?

El lobo estepario

saynomoreglass dijo...

Pues yo estoy un poco en medio de sus opiniones, Lobo, Roy. Si bien es cierto que hay cosas que han terminado parecièndose a pura telaraña històrica, tambièn hay la increìble fuerza visual de Eisenstein que termina, al menos eso es lo que veo yo, llevando la creatividad humana a niveles insospechados (La Huelga es otro ejemplo de ello). Un abrazo para ambos. Gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Hola, yo creo que es una obra maestra, visualmente poderosa, aunque lastrada en muchos momentos de excesos formalistas. Sobre la responsabilidad moral del director... pues creo que no tenerla en cuenta, a la luz de la historia, es tan erróneo como juzgar la obra exclusivamente desde ese punto de vista. Vamos, que nadie está a salvo de los dualismos. Pero cuando Eisenstein filmó esta película dudo que imaginara las fatales consecuencias de la colectivización, cuyos verdaderos y desastrosos efectos se mostrarían unos años más tarde. ¿Se le puede acusar de ingenuo, como a muchos otros que pusieron su talento al servicio del tirano creyendo en la verdad de la utopía proletaria? Es probable. De todos modos, creo que, en este caso concreto, pues no todos son iguales (el de Ford y el de Griffith tienen sus particularidades), el problema surge cuando la vida trata de imitar al arte y no al contrario. Es decir, la película de Eisenstein es, a su modo, perfecta, como muchos grandes poemas que, si fueran aplicados al gobierno del mundo con el fin de crear una nueva realidad, más justa, etc., sólo generarían muerte y barbarie; como todas las utopías redentoras cuando se toman al pie de la letra, cuando penetran en algún alma enferma de literalidad pero con la suficiente pasión fanática como para atreverse a implantarlas. ¿Tiene el artista la culpa de eso? ¿Tiene Goethe la culpa de que muchos de los peores asesinos de nuestra historia se lo supieran de memoria? ¿Tiene Wagner la culpa de que hoy día (al menos yo) no pueda escuchar a gusto gran parte de su obra? ¿Tiene Nietszche la culpa? ¿Tiene Pablo Neruda la culpa de haber escrito odas a Stalin? Bueno, éste sí, éste demostró una contumacia en el error digna de un necio engreído. ¿Pero acaso eso invalida sus grandes poemas?

Saludos y gracias por la peli, saynomoreglass.

Apu

Anónimo dijo...

Bueno, Apu, yo no he hablado de "culpa". Sí de panfletos. En cuanto a Neruda, sus grandes poemas son (en mi opinión, claro) los de amor, los panamericanos también, pero no los propagandísticos. Yo no diferencio "forma" de "contenido" y por eso 'La línea general' me repele. Como me repelen 'El nacimiento de una nación', 'El triunfo de la voluntad', 'Novecento', los filmes políticos de Hitchcock, los de temática bélica de Hollywood a lo 'Boinas verdes' o 'Raza', con guión de Franco. Todos aquellos panfletos con que el cine se dispuso al servicio de la ideología de Estado.

En lo relativo a la dualidad, no niego que todos tengamos mucho de esto y aquello, que seamos hamlets y quijotes, llenos de matices, de grises... pero la dualidad forma-contenido, alma-cuerpo (típicamente occidental) es una falacia filosófica en toda regla. Y en lo concerniente al cine (a las artes en general) una forma de exculpar o promulgar. Yo no veo que 'La línea general (Lo viejo y lo nuevo)' sea una obra maestra, quizá porque concibo el cine como algo más que logradas imágenes: como un maremagno de emociones, de pasión, violencia, conflictos... a lo Sam Fuller, ¿no lo definió de un modo parecido? Cierro con una frase de Cioran: "A mí alguien que use el lenguaje de la utopía me resulta tan extraño como un reptil de otra era".


Sin acritud.

El lobo estepario

Anónimo dijo...

De acuerdo, Lobo. Sólo me gustaría señalar que hay panfletos y "panfletos". "Raza" o cualquiera de las películas propagandísticas de Hollywood son simplemente mediocres. "El triunfo de la voluntad" y "El nacimiento de una nación" son grandilocuentes hasta la indigestión, cosa que no ocurre con "Lo viejo y lo nuevo", a mi entender. Por otra parte, el arte siempre se ha puesto al servicio del Estado, desde los tiempos de Homero al menos. Sólo que hay obras que trascienden esa servidumbre. No creo que se trate ya de diferenciar entre forma y contenido, sino de prestar atención a las imágenes, cuya ética, evidentemente, es su estética. No quiero pasar por frívolo, pero ver esta película a la luz de lo que vino después no hace sino rescatarla de sus exquisiteces formalistas y darle cierta ironía trágica. Es cine de encargo, sí, pero hecho con maestría y honestidad. Pienso, por ejemplo, en "España, aparta de mí este cáliz", de Vallejo: es un panfleto, pero contiene algunos poemas magníficos porque el autor creía en su discurso y sabía cómo articularlo. Como dije ayer, quizá se le pueda acusar de ingenuidad, a posteriori, pero no de servil. Yo concibo el cine de muchas maneras; lo único que le exijo a una película es que sea honesta, teniendo en cuenta, como decía Joubert, que "el estilo es el propio pensamiento". Y lo único que me exijo a mí mismo como espectador, y sigo con Joubert, es no ser "semejante a esos jóvenes que, en vez de intentar comprender, intentan juzgar".

Saludos cordiales.

Apu.

scalisto dijo...

Staroye i novoye de Eisenstein resubida por chicharro