19 febrero 2010

Herbert J. Biberman - Salt of the Earth (1954)

Inglès/English I Subs: Castellano
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En Nuevo Méjico, un grupo de mineros del zinc sufren de discriminación en condiciones de vida y de trabajo con respecto a sus compañeros anglos. Tras un accidente sucedido en la mina, los obreros mejicanos deciden ir a la huelga y exigir igualdad. Sin embargo, esa misma igualdad es la que exigen las mujeres de los huelguistas, que se niegan a quedarse en casa sin tomar parte de la protesta.La sal de la tierra es el título de un temazo de los Stones (ese en el que Jagger canta: “Oremos por los que trabajan duro/ Oremos por la sal de la tierra”) y también el de un verdadero hito del cine social y político, que quedó para siempre en la historia como el único caso de una película estadounidense cuyo estreno fue explícitamente impedido en su país. Filmada en la clandestinidad, a mediados de los años ’50, por un grupo de gente incluido en las famosas listas negras del macartismo, el estreno fue saboteado por los sindicatos de la industria y las cadenas de exhibición, yendo a parar a un cajón. Recién diez años más tarde, con las listas negras definitivamente archivadas, La sal de la tierra tuvo un lanzamiento limitado en Estados Unidos. “Producida por el Sindicato Internacional de Mineros y Trabajadores de Minas y Fundiciones”, se lee en el cartel inicial, subrayando el carácter de rareza que tiene el film, tanto por sus condiciones de realización como por el contexto en el que se filmó e intentó estrenarse. Corría el año 1953 y el senador McCarthy reinaba a pleno. Seis años antes, un personaje de Hollywood, citado a prestar testimonio ante las comisiones senatoriales de denuncia presididas por McCarthy, tuvo la osadía de no presentarse. Condenado por resistir una intimación oficial, terminó purgando siete meses de cárcel. Ese personaje era Herbert J. Biberman, quien a partir de ese momento pasaría a convertirse en uno de los “Diez de Hollywood”, aquéllos incluidos en las listas negras confeccionadas por el infame McCarthy. A diferencia de otros prohibidos, que tardaron décadas en volver al cine (y cuando lo hicieron, fue bajo seudónimos), Biberman volvería a filmar poco más tarde. La película de su regreso (fallido) fue, justamente, La sal de la tierra, en la que no sólo él sino el productor, guionista y uno de los actores (Will Geer) estaban incluidos en esas listas.Con el neorrealismo italiano como modelo, Biberman mezcló actores profesionales con otros que no lo eran, para narrar la historia de una huelga en territorio de Nuevo México. Los que la emprenden son mineros de la industria del zinc. Sobre todo, trabajadores de origen mexicano (los actores también lo son, por supuesto) que reclaman las mismas condiciones de trabajo de sus colegas “anglos”. Pero dentro de este levantamiento social y étnico pronto se produce un segundo alzamiento, protagonizado por las mujeres de los mineros, que reclaman su derecho a participar del piquete. Por si no fuera suficientemente insólito que en pleno macartismo una película estadounidense se pusiera del lado de un grupo de huelguistas, el tema de la discriminación de género practicado en el seno de los propios obreros convierte a La sal de la tierra no sólo en un film de inusitado coraje cívico sino adelantado en medio siglo a temáticas y reivindicaciones que recién ahora la sociedad parece más dispuesta a aceptar.“Tú eres mujer, no sabes lo que significa trabajar en una mina”, se saca de encima Ramón Quintero a su esposa Esperanza, en una de las primeras escenas de la película. De allí en más, los aprietes de las autoridades y enfrentamientos entre huelguistas y la “pesada” del sheriff irán en paralelo con la lucha de las mujeres por salir de la cocina, para ocupar su lugar en la lucha. En este contexto, resulta tan audaz mostrar a los alguaciles diciéndoles guarangadas a las mujeres como a los propios dirigentes sindicales (empezando por Ramón, que es uno de los líderes), intentando acallar a sus esposas. El que no parecía fácil de acallar era Biberman. Después de soportar espionaje por parte del FBI durante el rodaje, al encontrarse con que no querían estrenar su película, les inició juicio a las compañías cinematográficas estadounidenses y a setenta estudios de abogados, perdiéndolo siete años más tarde. Calcando la temática de la propia película, peor le fue a la protagonista, la actriz mexicana Rosaura Revueltas, que inmediatamente después de finalizado el rodaje fue desterrada a su país de origen, bajo la acusación de realizar “actividades comunistas”. Pero ahí está La sal de la tierra, sobreviviendo a sus verdugos, medio siglo más tarde y tan viva como siempre. (Texto de Horacio Bernades, tomado de Pàgina 12)
(...) Obtuvo extraordinaria resonancia en México el film elaborado al norte de su frontera durante el primer trimestre de 1953 Salt of the Earth (La sal de la tierra), relato de una huelga real de dos años atrás que fue materializada por mineros chicanos en busca de igualdad con los anglos y a la que se sumaron las esposas de los rebeldes, sustitutas de los maridos una vez que a éstos se les prohibió formar piquetes. Un hecho que provocó la ira en territorio mexicano había consistido en el arresto, encarcelamiento y deportación de Rosaura Revueltas, actriz nacida en Durango... El sindicato de Actores de México, acaudillado por Jorge Negrete, amenazó con promover un trato similar a los intérpretes americanos que trabajaran en aquel país...... Emotiva, sin duda, en la denuncia de la discriminación económica, social y racista de los mineros con raíces mexicanas y avanzada en el canto feminista al coraje de las mujeres que desafiaban a la policía, Salt of the Earth disfruta de trascendencia histórica en especial por haber constituido un caso único de película realizada por blacklisted en Estados Unidos, en plena caza de brujas y en lucha contra innumerables obstáculos. Y su condición extremadamente singular se ve acrecentada porque, a la vez, significó la unión de profesionales del cine proscritos con un sindicato proletario asimismo en la lista negra: el International Union of Mine, Mill, and Smelter Workers (...) Tal agrupación sindical había sido expulsada de la federación Congress of Industrial Organizations que, a partir de 1950, efectuó en su seno una notoria purga de integrantes radicales.Dos de los Hollywood Ten, el director Herbert Biberman y el productor Adrian Scott, habían fundado en septiembre de 1951 la empresa Independent Productions Corporation junto con un par de recientes blacklisted, los guionistas Paul Jarrico y Michael Wilson y el exhibidor cinematográfico Simon M. Lazarus, activo en Los Ángeles, que fue designado presidente. En realidad este equipo trabajaba desde tiempo atrás e incluso había concebido proyectos, luego no materializados, con la participación de más escritores en la lista negra: concretamente Dalton Trumbo, John Howard Lawson y Carlton Moss. La idea de Salt of the Earth provino de Jarrico, quien conoció la susodicha huelga directamente al visitar New Mexico en la época de constitución de la compañía fílmica y ejerció seguidamente de productor de la película. Sonja Dahl, casada con el pintor de temática proletaria Edward Biberman -hermano menor del cineasta-, asumió las funciones de productora adjunta; tanto ella como su marido se hallaban represaliados por los inquisidores (...)(...) Aún hubo más inscritos en la lista negra que colaboraron en el largometraje. Will Geer encarnó al sheriff en contra de los huelguistas; Carl Lerner y Haskell Wexler cuidaron del montaje (...); Sol Kaplan compuso la música; John Howard Lawson trabajó como permanente asesor ideológico del guión; Alvah Bessie y el editor excarcelado recientemente Carl Marzani contribuyeron a promocionar el film en el marco de diversos sindicatos (...) Pero los obstáculos acumulados por ultraderechistas e inquisidores desde que naciera la iniciativa hasta el periodo de la exhibición condujeron a que la película careciera, por último, de distribución oficial en Estados Unidos y quedara, de hecho proscrita. Durante toda esta época Roy Brewer, reforzado en junio de 1953 por haber sucedido a John Wayne en la presidencia de la Motion Picture Alliance for the Preservation of American Ideals, se constituyó en el opositor principal: evitó que la compañía productora pudiera contar con servicios técnicos de toda clase (...), enardeció contra el film a empresas y agrupaciones de carácter privado y a instituciones públicas y boicoteó, por medio de los proyeccionistas de su sindicato, la difusión; con él colaboró la industria de Hollywood, que amenazó a los empresarios de salas con no suministrarles largometraje alguno si programaban aquella obra, y Howard Hughes, en concreto, había solicitado por escrito al HUAC, que impidiera la postproducción de la misma. Por su parte American Legion desplegó todas sus baterías y llegó a promover una cadena de visitas a los exhibidores neoyorquinos para forzarles a no aceptar el estreno en su ciudad. Periodistas reaccionarios airearon los vínculos comunistas de los autores del film, argumentaron que éste desacreditaría en Latinoamérica a Estados Unidos y hablaron del peligro que suponía el rodaje en un área no lejana del centro de investigaciones nucleares en Los Alamos. Desde luego, el FBI puso continuas trabas, incluida la infiltración de un confidente suyo como inicial jefe de montaje, y acaso contribuyó a que piquetes de vigilantes armados intentaran clausurar las filmaciones en Silver City por medio de una feroz agresión que determinó el envío de policía, por el gobernador de New Mexico, para garantizar la seguridad del equipo cinematográfico.Sustituto de Ronald Reagan en la presidencia del gremio sindical de actores desde el año anterior, Walter Pidgeon, en nombre de tal Screen Actors Guild, reclamó en febrero de 1953, mientras se rodaba el film, que intervinieran, por motivos de seguridad nacional, el State Department, el FBI y el HUAC. Un miembro de este comité, el congresista californiano Donald L. Jackson, aseguró, el 24 de de dicho mes, en la Cámara de Representantes que haría cuanto fuera necesario para evitar la difusión de la obra y pidió a los Departamentos de Comercio, de Estado y de Justicia que prohibieran su exportación. A consecuencia de las acciones del anterior, el Comité sobre Actividades Antiamericanas interrogó en Los Angeles, el 26 de marzo a Simon Lazarus, quien se negó a dar los nombres de los inversores en la compañía productora y en el largometraje y a responder sobre una posible cooperación del partido comunista en la iniciativa. Jackson no cejó en lo que consideraba una campaña que le distinguía personalmente y siguió esforzándose a fin de que la película no pudiera prosperar.Al término de 1954, únicamente trece salas comerciales del país habían proyectado Salt of the Earth y el último pase había tenido lugar en septiembre, por medio de un local muy secundario de California. La world premiere, deslucida por completo a causa de haberse situado en un cine de baja categoría se celebró el 14 de marzo de 1954 en el Grande Theatre, radicado en la 86th Street neoyorquina; once días después se agregó el New Dyckman en el Bronx. Mientras la sala del estreno mundial mantenía el largometraje en pantalla con masiva y militante afluencia de espectadores durante diez semanas, éste llegó al Marcal Theatre de Los Angeles, donde se superó tal plazo de exhibición, y a un drive-in - o sea, un cine para coches- en Silver City, quedando canceladas, a causa de boicots, las presentaciones en Chicago y Detroit. La carencia de una distribución normalizada induciría más tarde a que se diese habitualmente a la película la fecha de 1953 pese a que no se hubiera estrenado entonces (...) (Extracto de la monografía de Javier Coma: Las películas de la caza de brujas, Notorius Ediciones, 2007)
The socially conscious films of American director, screenwriter and producer Herbert Biberman are perhaps best known in Europe as he was blacklisted as one of the Hollywood Ten in 1950. Biberman was educated at the University of Pennsylvania. He also attended Yale and went to Europe. He then worked for a number of years in his family's textile business until 1928 when he joined the Theater Guild as an assistant stage manager, and quickly became one of the company's best directors. He entered films as a director and screenwriter of "B" movies in 1935. He was first accused of communist activities by the House Un-American Activities Committee in 1947. Biberman refused to confirm or deny the allegations and in 1950 was sentenced to 6 months in prison and banished from Hollywood. His primary accusers were Budd Schulberg and Edward Dmytryk. Biberman's wife Gale Sondergaard was similarly accused and she too refused to testify. In 1954, Biberman independently made Salt of the Earth a provocative, moving chronicle of the terrible working conditions faced by miners in New Mexico. Though the film was backed by the miner's union and employed real workers and their families, other unions refused to show the film because Biberman was still blacklisted. The film was shown once in a New York theater were it received terrific reviews. Biberman then released the film in Europe where it won awards in France and Czechoslovakia. In 1965, the film was finally released in the U.S. Four years later, Biberman made his last film, Slaves (1969), an adaptation of Uncle Tom's Cabin. Though it was not critically well-received in the U.S., it was highly regarded in France. ~ Sandra Brennan, All Movie Guide
"Uno tiene mala conciencia criticando La sal de la tierra. (...) Esta película es probablemente una de las únicas obras no criticables de la historia del cine: su mayor mérito es el hecho mismo de su existencia." Bertrand Tavernier y Jean-Pierre Coursodon
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2 comentarios:

Matapuces dijo...

Notable película, un alegato femenisita frente a una sociedad patriarcal (capitalista) que ha dominado a la mujer durante siglos.
Saludos!!

chicharro dijo...

Linda película! Muchas gracias.