Francès/French-Castellano (Dual) I Subs: Castellano/English106 min I Xvid 640x480 I 725 kb/s I 192 kb/s cbr AC3 I 25 fps
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El alcalde de una pequeña población quiere construir un gran complejo deportivo-cultural en unos terrenos cercanos al pueblo. Cuando todo parece seguir su cauce normal, comienzan a surgir infinidad de pequeños problemas, presiones de uno y otro bando y cuestiones políticas que ponen en peligro el proyecto. (Filmaffinity) Un cuento político impecable e implacable. (Nuria Vidal: Fotogramas)
Se sentía orgullosamente solo y libre. “Soy el más libre de los cineastas franceses”, decía, pero quizás fue también uno de los cineastas más libres de toda la historia, porque la verdad es que muy pocos han conseguido salvaguardar a toda costa -en todo momento y sin concesiones de ningún tipo- su irredenta libertad creativa a lo largo de medio siglo: esos cincuenta años que van, al menos, desde que Eric Rohmer debutara en el largometraje con Le signe du Lion (1959), en los momentos aurorales de la nouvelle vague, junto a compinches tan emblemáticos como Truffaut, Godard, Rivette o Chabrol, hasta su reciente fallecimiento, tan sólo dos años después de haber entregado a las pantallas aquel fogonazo de audacia y de juventud iconoclasta que fue El romance de Astrea y Celadón, la película que cierra su filmografía.Y esto sin contar con que, en realidad, Maurice Henri Joseph Schèrer (verdadero nombre de Eric Rohmer; nacido en Tulle, el 21 de marzo de 1920) había empezado ya a escribir sobre cine en 1948 (en las páginas de “La Revue du cinéma”), tres años antes, incluso, de que finalmente se incorporara con armas y bagajes a las páginas de la mítica “Cahiers du cinéma”, a la que llega bajo la tutela de André Bazin y en la que, andando el tiempo, habrá de jugar un papel decisivo: primero como cabeza teórica y senior de los llamados “jóvenes turcos” -que defendían con pasión el cine americano y que atacaban con saña la producción academicista francesa (los ya citados Truffaut, Godard, Chabrol, Rivette …)- y, más tarde, a partir de marzo de 1957, como redactor-jefe, hombre para todo y animador incansable de la revista hasta que, en junio de 1963, es descabalgado de la dirección por el triunvirato que integran Jacques Rivette, Jean Narboni y Jean-Louis Comolli.Creador obstinado y secreto donde los haya, cineasta del presente y de la ontología física de la imagen, retratista documental de esa naturaleza que tanto incide sobre los estados de ánimo de sus criaturas, Rohmer se las apañará para desarrollar, a partir de entonces, una obra asombrosamente compacta y programática, articulada en tres grandes series (los seis 'Cuentos morales', las seis 'Comedias y proverbios' y los 'Cuentos de las cuatro estaciones') entre las cuales se intercalan, por una parte, cinco películas que bucean -con heterodoxos y vanguardistas procedimientos de puesta en escena- en la representación del pasado histórico o literario (La marquesa de O, Perceval le Gallois, La inglesa y el duque, Triple agente y El romance de Astrea y Celadón) y, por otra, tres piezas ligeras y casi ensayísticas, que surgen de procesos creativos más abiertos y que son filmadas con un equipo mínimo: Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle, El árbol, el alcalde y la mediateca y Las citas de París. Orfebre y artesano de un cine que nunca dejó de ser muy "nouvelle vague", el creador de obras tan imprescindibles para entender los caminos del cine moderno como Ma nuit chez Maud, Le Genou de Claire, El rayo verde o Cuento de otoño no dejó nunca de construir un corpus teórico y fílmico de coherente integridad, dentro del cual sus películas responden con ejemplar coherencia a sus postulados críticos y a su concepción del cine.La suya es la figura de un gigante, pues su cine -que se abre a la reflexión y al pensamiento desde una prosa silenciosa y transparente- emerge como un estimulante espejo moral para todos aquellos que estén dispuestos a sacrificar la engañosa necesidad del andamiaje industrial en aras de una libertad creadora no sumisa y sin límites. Con él se ha ido, por lo tanto, uno de los pocos realmente imprescindibles.(Texto de Carlos F. Heredero, tomado de El Cultural)
Se sentía orgullosamente solo y libre. “Soy el más libre de los cineastas franceses”, decía, pero quizás fue también uno de los cineastas más libres de toda la historia, porque la verdad es que muy pocos han conseguido salvaguardar a toda costa -en todo momento y sin concesiones de ningún tipo- su irredenta libertad creativa a lo largo de medio siglo: esos cincuenta años que van, al menos, desde que Eric Rohmer debutara en el largometraje con Le signe du Lion (1959), en los momentos aurorales de la nouvelle vague, junto a compinches tan emblemáticos como Truffaut, Godard, Rivette o Chabrol, hasta su reciente fallecimiento, tan sólo dos años después de haber entregado a las pantallas aquel fogonazo de audacia y de juventud iconoclasta que fue El romance de Astrea y Celadón, la película que cierra su filmografía.Y esto sin contar con que, en realidad, Maurice Henri Joseph Schèrer (verdadero nombre de Eric Rohmer; nacido en Tulle, el 21 de marzo de 1920) había empezado ya a escribir sobre cine en 1948 (en las páginas de “La Revue du cinéma”), tres años antes, incluso, de que finalmente se incorporara con armas y bagajes a las páginas de la mítica “Cahiers du cinéma”, a la que llega bajo la tutela de André Bazin y en la que, andando el tiempo, habrá de jugar un papel decisivo: primero como cabeza teórica y senior de los llamados “jóvenes turcos” -que defendían con pasión el cine americano y que atacaban con saña la producción academicista francesa (los ya citados Truffaut, Godard, Chabrol, Rivette …)- y, más tarde, a partir de marzo de 1957, como redactor-jefe, hombre para todo y animador incansable de la revista hasta que, en junio de 1963, es descabalgado de la dirección por el triunvirato que integran Jacques Rivette, Jean Narboni y Jean-Louis Comolli.Creador obstinado y secreto donde los haya, cineasta del presente y de la ontología física de la imagen, retratista documental de esa naturaleza que tanto incide sobre los estados de ánimo de sus criaturas, Rohmer se las apañará para desarrollar, a partir de entonces, una obra asombrosamente compacta y programática, articulada en tres grandes series (los seis 'Cuentos morales', las seis 'Comedias y proverbios' y los 'Cuentos de las cuatro estaciones') entre las cuales se intercalan, por una parte, cinco películas que bucean -con heterodoxos y vanguardistas procedimientos de puesta en escena- en la representación del pasado histórico o literario (La marquesa de O, Perceval le Gallois, La inglesa y el duque, Triple agente y El romance de Astrea y Celadón) y, por otra, tres piezas ligeras y casi ensayísticas, que surgen de procesos creativos más abiertos y que son filmadas con un equipo mínimo: Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle, El árbol, el alcalde y la mediateca y Las citas de París. Orfebre y artesano de un cine que nunca dejó de ser muy "nouvelle vague", el creador de obras tan imprescindibles para entender los caminos del cine moderno como Ma nuit chez Maud, Le Genou de Claire, El rayo verde o Cuento de otoño no dejó nunca de construir un corpus teórico y fílmico de coherente integridad, dentro del cual sus películas responden con ejemplar coherencia a sus postulados críticos y a su concepción del cine.La suya es la figura de un gigante, pues su cine -que se abre a la reflexión y al pensamiento desde una prosa silenciosa y transparente- emerge como un estimulante espejo moral para todos aquellos que estén dispuestos a sacrificar la engañosa necesidad del andamiaje industrial en aras de una libertad creadora no sumisa y sin límites. Con él se ha ido, por lo tanto, uno de los pocos realmente imprescindibles.(Texto de Carlos F. Heredero, tomado de El Cultural)Situada entre Cuento de invierno (Conte d´hiver, 1992) y Les Rendez-vous de París (Les Rendez-vous de Paris. 1995), la presente película podría definirse como una isla, un puente dentro del ciclo que Rohmer había iniciado con sus cuentos. Cierto es que a pesar de ser un largometraje totalmente independiente en lo que a etiquetas posibles y catálogos más que evidentes en cuanto a emparejarla dentro de un grupo de las películas de su autor, El árbol, el alcalde y la mediateca es una obra autónoma e independiente de por sí, innecesariamente comparable a las demás que aunque no englobe ninguno de los círculos básicos dentro de la filmografía del cineasta Francés, es una obra cien por cien Rohmeriana puesto que en ella se vislumbran y posteriormente relucen todas las constantes que han otorgado la homogeneidad a tan extensa filmografía.
Como viene siendo habitual en sus películas, la trama es algo nimio, muchas veces innecesario, vehículo que sirve de partida para plantear un tema y desarrollarlo a partir de ahí. En este caso, Rohmer baña a la película con una capa de Azar (sí, con mayúscula, el azar, gran demiurgo que lo rige todo) que será el que vaya desentramando las diferentes visiones de una Francia moderna pero a la vez solitaria. Solitaria en el sentido de la pérdida de identidad que sufre con la imparable actuación del progreso que cambia todo y a todos y al cual todo el mundo se debe adaptar, incluso el mismo Rohmer filmando rueda diferente Triple agente (Triple Agent, 2004) que La coleccionista (La Collectionneuse, 1967), y utiliza para su propósito la confrontación, la dualidad, la oposición más absoluta, el blanco contra el negro siendo el público una clase que aprende del profesor Rohmer que imparte su clase magistral acerca de la política y la sociedad moderna a través de un árbol, un alcalde y una mediateca tal como indica su título.
Y es que la película no engaña a nadie, desde un principio el director Francés nos presenta las reglas del juego. En una clase cualquiera el profesor explica a sus alumnos la forma condicional SI. Esa forma condicional, será el eje de la película ya que del mismo modo que en Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle (4 aventures de Reinette y Mirabelle, 1987), película con la que guarda más de una similitud como luego veremos, un título explicativo encabezado siempre por el condicional SI dividirá los diferentes capítulos que componen la película. El uso constante de la forma condicional no es casual, todo lo contrario. Rohmer lo que hace mediante esa pretensión de azar es desdibujar una realidad que matizada bajo esa capa no es tan dura o tan bonita como diferentes bandos la quieran ver. La ventaja de jugar con el azar es que le permite erigirse en un gran hermano que lo ve todo y juzga todo desde su perspectiva, eso sí mostrando las diferentes posturas, dejando claro que hay otros universos paralelos (llámense otras películas, cineastas, la misma realidad) que expondrán sus propias ideas, pero que la baza de poseer ese azar, esa seguridad que otorga el escribir en mayúsculas ese SI al principio de cada capítulo le permite disfrutar de una libertad total para exponer sus inquietudes acerca de su propia situación.
Y es que en esta ocasión, en vez de hablarnos de un personaje y su evolución o de un conflicto generado por algún incidente nimio como en algunas de sus películas, aquí la historia brilla por su ausencia para después de plantearla al inicio del film (el alcalde de un pueblo de provincias anuncia el proyecto de a construcción de una gran mediateca al lado de un terreno coronado por una gran árbol milenario), ir desgranando poco a poco las posibilidades que ofrece el azar mediante el uso constante de la confrontación. La película es una lucha constante entre dos puntos de vista extensibles a muchos y muy candentes temas que incluso hoy 11 años después siguen más que vigentes, pero con esa sencillez con la que Rohmer dibuja sus historias, es capaz de movernos de un tema a otro a través de los personajes. (...) (Fragmento del texto de Emilio Martínez-Borso, tomado de Miradas de Cine) 

A very topical film, Rohmer’s satire of some of the absurdities of French regional politics is very witty and surprisingly fresh. The notion that a mayor can find it easier to obtain funding for a grotesque white elephant than for restoring the existing stone buildings has more than a ring of truth about it.
Arielle Dombasle’s portrayal of the mayor’s partner is the film’s winning card. A confirmed city-phile who has never seen lettuces outside of a plastic wrapper in the supermarket, it is left to her to persuade the architect that it might be a good idea to try to blend the proposed concrete monstrosity into its surroundings. Equally entertaining is the mixed, and largely unpredictable, responses of the local people to the venture. Ultimately, only a young girl has the guts to tell the mayor what a damn fool idea he is pursuing – although of course, being just a little girl and not even eligible to vote, her words fall on deaf ears.
Can politician’s really be so stupid and blinkered? Rohmer’s analysis is scathing and his conclusion an unequivocal oui. Build a massive media complex in a community of a few dozen families? The fact that the mere idea doesn’t immediately strike the film’s audience as being absurd suggest all to well that we have already become inured to the idiotic schemes of regional politicians. (James Travers)
Arielle Dombasle’s portrayal of the mayor’s partner is the film’s winning card. A confirmed city-phile who has never seen lettuces outside of a plastic wrapper in the supermarket, it is left to her to persuade the architect that it might be a good idea to try to blend the proposed concrete monstrosity into its surroundings. Equally entertaining is the mixed, and largely unpredictable, responses of the local people to the venture. Ultimately, only a young girl has the guts to tell the mayor what a damn fool idea he is pursuing – although of course, being just a little girl and not even eligible to vote, her words fall on deaf ears.
Can politician’s really be so stupid and blinkered? Rohmer’s analysis is scathing and his conclusion an unequivocal oui. Build a massive media complex in a community of a few dozen families? The fact that the mere idea doesn’t immediately strike the film’s audience as being absurd suggest all to well that we have already become inured to the idiotic schemes of regional politicians. (James Travers)

"Mucha gente me ha dicho que la historia parecía bien construida, muy elaborada. Sin embargo, el guión fue escrito poco a poco, a veces incluso a último momento. Cuando comencé el film, a principios de marzo de 1992, no había escrito aún los diferentes diálogos. No tenía más que un texto que describía cada secuencia. Escribí entonces textos para cada actor individualmente, como una suerte de carta de identidad personal, con indicaciones de diálogos y referencias a cierto tipo de discurso. Y quedaron algunas improvisaciones. Por ejemplo, Clementine Amoroux y sus entrevistas a la gente del pueblo. Las preguntas que les hace son suyas, tuvo total libertad para llevar adelante esas entrevistas. Y lo hizo extremadamente bien." Eric Rohmer

Subs castellano:
English subs:
-o-
Eric Rohmer en Arsenevich
Triple agent
4 aventures de Reinette et Mirabelle
Pauline à la plage
Ma nuit chez Maud
Le Rayon Vert
Triple agent 4 aventures de Reinette et Mirabelle
Pauline à la plage
Ma nuit chez Maud
Le Rayon Vert
6 comentarios:
VERY THANKS!!!
Andaba como loco buscando los subtítulos de este filme que, previamente, lo descargué del foro de "Patio de butacas".
THANKS!!!
De nada ,Ugly!! Yo tambièn esperaba muchìsimo esta peli y tambièn pude bajàrmela gracias a Purita del Patio, asì que todas las gracias a ella!! Ya sòlo nos falta "Las citas de Parìs" para ir completando algunas de las màs inubicables de sus pelis. Un abrazote!!
Buenas tardes. ¿Sabéis si existen subtítulos en castellano para la versión de 698 MB de 'El criminal', de J. Losey? Perdonad la confianza.
Hola, Lobo, si la gente de Cine Clâsico no se equivoca estàn aquì:
http://titles.box.sk/index.php?pid=subt2&p=i&rid=207113
PD: Esta es tu casa,Lobo.
Gracias, Sayno.
L&E
Un Rohmer excepcional y sencillo. ¿El género al que pertenece? Es un ensayo cómico-satírico cerrando con musical. Graciosa y perfecta, no tiene igual dentro de la historia del cine. Créanme, lo más original que haya.
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