Muda I Intertìtulos: Castellano64 min I Xvid 592x432 I 1405 kb/s I 128 kb/s cbr mp3 I 25 fps
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En la Edad de Piedra, Buster se pasea por el lomo de un dinosaurio y sube a su cabeza para contemplar mejor el paisaje. De pronto ve a una muchacha y se enamora de ella, pero observa cómo un forzudo rival trata de llevársela con la complacencia de los futuros suegros. Buster desafía a su competidor y se arrojan el uno al otro rocas gigantescas. Aunque su fuerza física es muy inferior, Buster consigue con ingenio vencer a su rival y llevarse por los aires a la chica. En los tiempos del Imperio Romano, Buster se encuentra en una situación similar. Los padres de la muchacha prefieren al pretendiente fuerte e importante y los dos rivales tienen que competir en una espectacular carrera de cuadrigas. Como no puede comprar ni alquilar caballos, su carro va tirado por perros, con la precaución de llevar uno de repuesto en una caja por si alguno se accidenta. En la época moderna, Buster es un poeta y su rival es un acaudalado hombre de negocios. Pero cuando la chica se encuentra en peligro es Buster quien hace hasta lo imposible para ayudarla, huyendo de su rival saltando de techo en techo. Primer largometraje dirigido y protagonizado por Buster Keaton. La película constituyó en su momento un espléndido alarde de espectacularidad, con grandiosos decorados que hasta entonces nunca se habían empleado en películas cómicas. En un rótulo preliminar se explican las intenciones del filme: “El amor es el eje incambiable en torno al cual gira el mundo”.
En 1923 Buster Keaton dirige su primer largometraje en el que parodió y homenajeó a “Intolerancia” (1916), el mítico film de David Wark Griffith que contaba cuatro historias diferentes. Las Tres Edades consagró al director y protagonista como uno de los mejores cómicos del momento. Tuvo gran éxito en el público. Amparado por su propia compañía cinematográfica, el cómico armó el film de fina ironía donde nos muestra la invariabilidad del amor a través de tres épocas diferentes: la Edad de Piedra, el Imperio Romano y los Tiempos Modernos. En cada uno de ellas aparecía Keaton, la chica (Margaret Leahy) y el malo (Wallace Beery) en lo que era una clara parodia de Intolerancia. El argumento se podría resumir en una idea: la lucha de un hombre –siempre Keaton- contra un rival mucho más fuerte que él para obtener a la mujer amada. La fastuosidad de los decorados fueron toda una novedad en su momento, ya que habitualmente eran bastante más modestos en los filmes cómicos mudos. Entre el reparto hay que destacar la presencia de Oliver Hardy, cuando todavía no había formado la legendaria pareja artística con Stan Laurel, conocida en España como El Gordo y El Flaco. En la trama se pueden observar que se repiten los acontecimientos en las tres épocas, cambiando el escenario y las formas. En todo el largometraje, que dura sesenta minutos, se puede ver que Keaton no sonríe; en el último cortometraje que hizo, Fatty, Keaton sonrió al final del corto en el garaje y recibió muchas críticas en el preestreno. Fue la primera y la última vez que sonrió delante de una cámara; sin embargo, en Las Tres Edades, Margaret Leahy sonríe casi al final del episodio paleolítico. Analizaremos ahora la película. Al comienzo nos dice que pretende demostrar que en la vida solo hay una cosa que no cambia, que es el amor, pero podemos observar en el cortometraje algunos detalles más en el que el productor ve todas las épocas iguales cambiando solo el escenario. Analizaremos las tres edades que aparecen en el largometraje:El productor elige la Edad de Piedra para comenzar a narrar su trama. No es una elección al azar. La Prehistoria permite, siendo un pasado remoto, en el que el anacronismo y el exceso se agiganten. Los grandes cómicos de cine mudo no dejaron de aprovechar lo ridículo que les resultada a unas sociedades que todavía controlaban extensos territorios coloniales el hecho de presentarse vestidos con unas pieles, que en la mente del espectador tiene asociado con el continente africano. El cine cómico ha estimulado la creencia en la “estulticia y agresividad paleolítica”, que mostraban cómo las mujeres eran arrastradas de sus cabellos. En Las Tres Edades se puede ver como en los episodios paleolíticos, las mujeres eran arrastradas por los cabellos siguiendo la tradición del cine cómico ambientado en la Prehistoria de la época, pero el final se ve una sonrisa de felicidad en la amada cuando es arrastrada por el cavernícola que ella ama, proyectando el machismo de la época hacia las sociedades paleolíticas. Otras de las ridiculizaciones es cuando aparece B. Keaton jugando al golf con un garrote. La brutalidad se ve observada en las luchas. Y recurren al tópico de la convivencia de los dinosaurios con el hombre
La gran novedad que va a introducir Keaton en el mundo cinematográfico va a ser el mundo romano, un género aún poco explotado. En su época se centraba más en películas ambientadas en Egipto y el Próximo Oriente como “Intolerancia” (1916), “Los Diez Mandamientos” (1923), “Tut-Tut and his terrible tomb” (1923) “The mummy of the king Ramsees” (1909), “Noah’s Ark” (1928) y la “Caída de Troya” (1910) entre otras. Filmes ambientados en Roma había pocos, quitando “Los últimos días de Pompeya” dirigida en 1913 por Ambrosio/Pasquali. Pero Keaton nos recrea el imperio romano, siguiendo la monumentalidad que Intolerancia hace del imperio babilónico. La comedia nos muestra una Roma muy cambiada, con nieve, con los lugares de prohibido estacionamiento para cuadrigas, Keaton guarda el casco romano en la rueda de la cuadriga como si fuera una moto actual y una carrera de cuadrigas en la que Keaton convierte una cuadriga en un trineo para ganar. La elección de la época imperial tampoco es al azar, elige el momento grandioso de Roma para equipararlo con la época dorada del capitalismo, los años 20.
El mundo moderno está representado por los felices años 20. Se puede observar en la película como se refleja una gran clase media, que aún teniendo coches que se rompen al primer bache, tienen una cuenta corriente, aunque sea en el último banco nacional y aún así pueden ir a restaurantes de lujos, etc. La felicidad de estos años 20 se traslada también a las otras edades del film donde podemos observar una clase media romana feliz, con todos los lujos de la aristocracia.
Pasaremos ahora a analizar antropológicamente el largometraje: en primer lugar observamos como es la mujer la que espera a que le llegue un pretendiente y si le llegan dos a la vez, como en el film, ella no pude elegir, sino que es el padre el que elige, según sus criterios, al novio de su hija. Pero hay que anotar un detalle, en el Paleolítico y en Roma es el padre el que elige, pero en los Tiempo Modernos el padre dice: “yo soy el que manda en la casa y quiero lo mejor para mi hija”, acto seguido llega la esposa y el padre se calla, es la esposa la que manda en la casa. Es un reflejo de un cambio en las relaciones familiares y un intento del marido de mantener una ficticia patrilinealidad. Se puede ver cuales son los valores sociales de las tres épocas, según el productor, en el Paleolítico lo que importa es la fuerza, el padre elige al pretendiente de su hija golpeándole con un garrote y si este no se cae es el elegido. En el Imperio Romano lo que importaba era la posición en el ejército, el padre elige al general frente a un legionario normal. Y en los Tiempos Modernos lo importante es el dinero, el capitalismo, la madre elige al más rico. Una escena peculiar es el final, en la que también se aprecia otro cambio en las relaciones familiares. Mientras que en el Paleolítico la familia es extensa con muchos hijos, en Roma va desmullendo hasta llegar a los felices 20 en al que no tiene hijo, sino un perro.
Buster Keaton nos dice al comienzo del largometraje que solo hay una cosa que no cambia y es el amor y su intención es demostrarlo. Evidentemente nos enseña cosas que cambian, según sus criterios, como la matrilinealidad, la familia nuclear, la disminución de la brutalidad y agresividad, el resolver los problemas de forma más civilizada en cada periodo y lo único que no cambia es el amor. Pero sin embargo nos inunda el pasado con cosas actuales, como pueden ser el golf en el Paleolítico o el trineo en Roma. (Odiseo, rumbo al pasado)
En 1923 Buster Keaton dirige su primer largometraje en el que parodió y homenajeó a “Intolerancia” (1916), el mítico film de David Wark Griffith que contaba cuatro historias diferentes. Las Tres Edades consagró al director y protagonista como uno de los mejores cómicos del momento. Tuvo gran éxito en el público. Amparado por su propia compañía cinematográfica, el cómico armó el film de fina ironía donde nos muestra la invariabilidad del amor a través de tres épocas diferentes: la Edad de Piedra, el Imperio Romano y los Tiempos Modernos. En cada uno de ellas aparecía Keaton, la chica (Margaret Leahy) y el malo (Wallace Beery) en lo que era una clara parodia de Intolerancia. El argumento se podría resumir en una idea: la lucha de un hombre –siempre Keaton- contra un rival mucho más fuerte que él para obtener a la mujer amada. La fastuosidad de los decorados fueron toda una novedad en su momento, ya que habitualmente eran bastante más modestos en los filmes cómicos mudos. Entre el reparto hay que destacar la presencia de Oliver Hardy, cuando todavía no había formado la legendaria pareja artística con Stan Laurel, conocida en España como El Gordo y El Flaco. En la trama se pueden observar que se repiten los acontecimientos en las tres épocas, cambiando el escenario y las formas. En todo el largometraje, que dura sesenta minutos, se puede ver que Keaton no sonríe; en el último cortometraje que hizo, Fatty, Keaton sonrió al final del corto en el garaje y recibió muchas críticas en el preestreno. Fue la primera y la última vez que sonrió delante de una cámara; sin embargo, en Las Tres Edades, Margaret Leahy sonríe casi al final del episodio paleolítico. Analizaremos ahora la película. Al comienzo nos dice que pretende demostrar que en la vida solo hay una cosa que no cambia, que es el amor, pero podemos observar en el cortometraje algunos detalles más en el que el productor ve todas las épocas iguales cambiando solo el escenario. Analizaremos las tres edades que aparecen en el largometraje:El productor elige la Edad de Piedra para comenzar a narrar su trama. No es una elección al azar. La Prehistoria permite, siendo un pasado remoto, en el que el anacronismo y el exceso se agiganten. Los grandes cómicos de cine mudo no dejaron de aprovechar lo ridículo que les resultada a unas sociedades que todavía controlaban extensos territorios coloniales el hecho de presentarse vestidos con unas pieles, que en la mente del espectador tiene asociado con el continente africano. El cine cómico ha estimulado la creencia en la “estulticia y agresividad paleolítica”, que mostraban cómo las mujeres eran arrastradas de sus cabellos. En Las Tres Edades se puede ver como en los episodios paleolíticos, las mujeres eran arrastradas por los cabellos siguiendo la tradición del cine cómico ambientado en la Prehistoria de la época, pero el final se ve una sonrisa de felicidad en la amada cuando es arrastrada por el cavernícola que ella ama, proyectando el machismo de la época hacia las sociedades paleolíticas. Otras de las ridiculizaciones es cuando aparece B. Keaton jugando al golf con un garrote. La brutalidad se ve observada en las luchas. Y recurren al tópico de la convivencia de los dinosaurios con el hombreLa gran novedad que va a introducir Keaton en el mundo cinematográfico va a ser el mundo romano, un género aún poco explotado. En su época se centraba más en películas ambientadas en Egipto y el Próximo Oriente como “Intolerancia” (1916), “Los Diez Mandamientos” (1923), “Tut-Tut and his terrible tomb” (1923) “The mummy of the king Ramsees” (1909), “Noah’s Ark” (1928) y la “Caída de Troya” (1910) entre otras. Filmes ambientados en Roma había pocos, quitando “Los últimos días de Pompeya” dirigida en 1913 por Ambrosio/Pasquali. Pero Keaton nos recrea el imperio romano, siguiendo la monumentalidad que Intolerancia hace del imperio babilónico. La comedia nos muestra una Roma muy cambiada, con nieve, con los lugares de prohibido estacionamiento para cuadrigas, Keaton guarda el casco romano en la rueda de la cuadriga como si fuera una moto actual y una carrera de cuadrigas en la que Keaton convierte una cuadriga en un trineo para ganar. La elección de la época imperial tampoco es al azar, elige el momento grandioso de Roma para equipararlo con la época dorada del capitalismo, los años 20.
El mundo moderno está representado por los felices años 20. Se puede observar en la película como se refleja una gran clase media, que aún teniendo coches que se rompen al primer bache, tienen una cuenta corriente, aunque sea en el último banco nacional y aún así pueden ir a restaurantes de lujos, etc. La felicidad de estos años 20 se traslada también a las otras edades del film donde podemos observar una clase media romana feliz, con todos los lujos de la aristocracia.
Pasaremos ahora a analizar antropológicamente el largometraje: en primer lugar observamos como es la mujer la que espera a que le llegue un pretendiente y si le llegan dos a la vez, como en el film, ella no pude elegir, sino que es el padre el que elige, según sus criterios, al novio de su hija. Pero hay que anotar un detalle, en el Paleolítico y en Roma es el padre el que elige, pero en los Tiempo Modernos el padre dice: “yo soy el que manda en la casa y quiero lo mejor para mi hija”, acto seguido llega la esposa y el padre se calla, es la esposa la que manda en la casa. Es un reflejo de un cambio en las relaciones familiares y un intento del marido de mantener una ficticia patrilinealidad. Se puede ver cuales son los valores sociales de las tres épocas, según el productor, en el Paleolítico lo que importa es la fuerza, el padre elige al pretendiente de su hija golpeándole con un garrote y si este no se cae es el elegido. En el Imperio Romano lo que importaba era la posición en el ejército, el padre elige al general frente a un legionario normal. Y en los Tiempos Modernos lo importante es el dinero, el capitalismo, la madre elige al más rico. Una escena peculiar es el final, en la que también se aprecia otro cambio en las relaciones familiares. Mientras que en el Paleolítico la familia es extensa con muchos hijos, en Roma va desmullendo hasta llegar a los felices 20 en al que no tiene hijo, sino un perro.
Buster Keaton nos dice al comienzo del largometraje que solo hay una cosa que no cambia y es el amor y su intención es demostrarlo. Evidentemente nos enseña cosas que cambian, según sus criterios, como la matrilinealidad, la familia nuclear, la disminución de la brutalidad y agresividad, el resolver los problemas de forma más civilizada en cada periodo y lo único que no cambia es el amor. Pero sin embargo nos inunda el pasado con cosas actuales, como pueden ser el golf en el Paleolítico o el trineo en Roma. (Odiseo, rumbo al pasado)
Buster Keaton viene a reflejar, entre bromas y veras, el espíritu de nuestro tiempo, la agonía de un hombre apegado aún a la dimensión humana de la vida y el nacimiento de una nación tecnificada que se aleja de los individuos. Keaton ejemplariza en su atolondrado personaje la transición que se opera en la sociedad y en los hombres entre la vida que se enmarca en la naturaleza con límites reducidos, pero bien conocidos, y la sociedad moderna, que ofrece al hombre una amplitud inmensa, infinita, pero que, a pesar de los adelantos técnicos y científicos, no logra aprehender más que en los aspectos más superficiales, quedando en el enigma lo que más le importa: la condición de su esencia y las relaciones con los demás elementos que componen la sociedad en la que vive.
Aunque el tránsito de una sociedad cambiante puede ser rastreado en toda su produccion, es quizá en Las tres edades donde con mayor claridad puede observarse el tenaz combate entre el hombre débil que se enfrenta al forzudo (Edad de Piedra), al importante (imperio romano) y al poderoso hombre de negocios, que se ve retado por un poeta.
La tecnología y la incidencia en la vida cotidiana de los seres ha generado una extraña condición humana. El hombre actual, que accede al conocimiento, al consumo, no se resigna a continuar apareciendo como un elemento oscuro, perdido en la masa, en el conjunto de millones de seres humanos. Quiere destacar, atraer la atención hacia su persona, no ser el hombre estándar en el que otros, con intenciones programadas, le quieren convertir. Pero a la vez siente miedo de destacar tanto que pueda devenir en el punto de ataque de los demás. Es la pugna entre la aspiración a la libertad y su ejercicio, descrita en un famoso título de libro: El miedo a la libertad.
La seriedad profunda de Keaton, su aspiración por ser alguien en los filmes, y su temor a la reprimenda, su condición de antihéroe, de héroe que tropieza en su propio sable (El maquinista de la general), refleja, a mi parecer, con angustia y con visión irónica de la realidad, el espíritu de nuestro tiempo. (Texto de Alfonso Guerra, tomado de El Paìs)
Aunque el tránsito de una sociedad cambiante puede ser rastreado en toda su produccion, es quizá en Las tres edades donde con mayor claridad puede observarse el tenaz combate entre el hombre débil que se enfrenta al forzudo (Edad de Piedra), al importante (imperio romano) y al poderoso hombre de negocios, que se ve retado por un poeta.
La tecnología y la incidencia en la vida cotidiana de los seres ha generado una extraña condición humana. El hombre actual, que accede al conocimiento, al consumo, no se resigna a continuar apareciendo como un elemento oscuro, perdido en la masa, en el conjunto de millones de seres humanos. Quiere destacar, atraer la atención hacia su persona, no ser el hombre estándar en el que otros, con intenciones programadas, le quieren convertir. Pero a la vez siente miedo de destacar tanto que pueda devenir en el punto de ataque de los demás. Es la pugna entre la aspiración a la libertad y su ejercicio, descrita en un famoso título de libro: El miedo a la libertad.
La seriedad profunda de Keaton, su aspiración por ser alguien en los filmes, y su temor a la reprimenda, su condición de antihéroe, de héroe que tropieza en su propio sable (El maquinista de la general), refleja, a mi parecer, con angustia y con visión irónica de la realidad, el espíritu de nuestro tiempo. (Texto de Alfonso Guerra, tomado de El Paìs)

Buster Keaton's feature debut as a director (he shared credit with gagman and longtime collaborator Eddie Kline) spoofs, among other things, D.W. Griffith's Intolerance with a look at the trials of true love through the ages. Buster plays a hapless suitor in three different epochs: a bearskin-wearing, dinosaur-riding caveman in the Stone Age; a meek centurion with a ragtag chariot in ancient Rome; and a jazz age Romeo in Model T and black tie. In each time period, he vies for the object of his affections with burly, barrel-chested Wallace Beery, matching Beery's brawn and underhanded dirty tricks with sheer energy and ingenuity. The diminutive deadpan comic is hilarious under a shaggy fright wig and cartoon club as a thoroughly modern caveman, a dwarf among giants at the mercy of romantic Darwinism, but the more inventive sequences belong to the later ages. The rousing chariot race of the Roman segment is topped by a gymnastic chase through dungeons and throne rooms, and the modern section is capped by a mad flight from the police while he rushes to rescue his girl. Three Ages lacks the dramatic unity and sustained creativity of his later masterpieces, but the inventive gas and clever crosscutting turns what could be three individual shorts into an interactive live-action cartoon.

"Una de las primeras cosas que hice fue desmontar una cámara de cine y hacerla literalmente pedazos para averiguar cómo funcionaba. Luego estudié los objetivos. Cómo se montaba la película, cómo se proyectaba, etc... Y me pareció todo fascinante." Buster Keaton

Intertìtulos:
-o-
Buster Keaton en Arsenevich

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