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Una campaña de promoción es lanzada para un nuevo hotel que se construirá en la isla de Jeju. El Sr. Sun Woo-hyun queda a cargo de las relaciones públicas. Explica que el hotel se llamará “Iodo” en honor a una isla legendaria donde se dice que las almas de los pescadores perdidos en el mar encuentran paz. Organiza entonces un crucero especial para promocionar el nuevo hotel, e invita miembros de la prensa para que estén presentes al momento de un anuncio sorpresivo. Sin embargo, cuando a bordo da a conocer que el barco zarpará para encontrar la legendaria Iodo, un periodista local se enfurece y lo confronta. Tarde esa noche, el periodista desaparece y Woo-hyun pasa a ser sospechoso de asesinato. Para limpiar su nombre, viaja con el director del periódico local a la isla donde el periodista perdido creció…
Muy pocos fragmentos quedan de los primeros filmes coreanos. La mayoría de ellos fueron destruidos en los años cincuenta durante la Guerra de Corea, y ni un solo largo de los producidos antes de 1945 ha logrado sobrevivir íntegramente. Sin embargo, son numerosos los documentos históricos que atestiguan una industria activa y creadora que produjo cerca de 160 filmes desde el principio de los años veinte hasta la rendición de Japón en 1945.
Entre 1909 y 1920 fueron construidos una serie de teatros en Seúl y en ciudades menores como Pusan y Pyongyang. La mayoría era propiedad de los japoneses, pero unos pocos locales de propietarios coreanos consiguieron importantes cantidades de capital mostrando importaciones europeas y norteamericanas. Este capital sería empleado eventualmente en el financiamiento de las primeras producciones locales. El primer filme coreano ( The Righteous Revenge ), un kinodrama en el cual los actores se desempeñaban delante de un fondo sobre el que se proyectaba un filme, se estrenó en el Teatro Dansongsa, de Seúl, en 1919. Según reportes, al público le encantó el show, pero el éxito a largo plazo de este y de otros kinodramas fue perturbado por intelectuales que criticaban la mezcla de modalidades como un insulto tanto al teatro como al cine.
La primera película silente se produjo en 1923, y a lo largo de los próximos años, aparecerían unas siete compañías productoras. La obra maestra de este período es Arirang (1926) de Na Un-Kyu, quien con solo 25 años en ese momento produjo, dirigió y protagonizó este filme, sobre un hombre que es arrestado y torturado por la policía japonesa. El título procede de una canción folclórica que se transformaría en un himno para el movimiento independentista coreano. El filme, admirado por sus cualidades estéticas y también por su mensaje político, inspiró a toda una ola de nuevos cineastas con la esperanza de hacer películas basadas en los principios del realismo y de la resistencia al poder japonés.
A pesar de la creciente popularidad del cine local, la censura japonesa también jugó su papel en la frustración del crecimiento. El gobierno japonés requería que todas las producciones extranjeras y locales fueran sometidas a la consideración de un buró de censura antes de ser exhibidas, y la policía estaba presente en todas las tandas. A pesar de que unos pocos trabajos exaltadores del nacionalismo coreano alcanzaron al público a finales de los años veinte, desde 1930 la censura se hizo más estricta, a tal punto que solo los melodramas, filmes históricos y las producciones pro-japonesas alcanzaban la aprobación del gobierno. Muchas producciones fueron prohibidas y además destruidos los originales.
En 1935, la primera producción sonora, Ch'unhyang-jun , fue dirigida por Lee Myung-woo con financiamiento del gobierno japonés. El filme, basado en el más famoso cuento folclórico coreano (que había sido filmado una docena de veces), demostró ser ampliamente popular. Sin embargo, a los cineastas locales les fue bien difícil encontrar los fondos para producir películas sonoras, y las películas habladas en coreano enfrentaron una crítica incluso más áspera que las silentes. En dos años, Japón invadiría China, y la industria cinematográfica japonesa se transformaría en instrumento de la propaganda nipona. En 1942, el gobierno japonés prohibió las películas habladas en coreano. Solo cinco películas han sobrevivido del período que va de la ocupación norteamericana al fin de la guerra. De ellas, la más famosa es Hooray for Freedom , de Choi Un-gyu, estrenada en 1946. Oda al patriotismo y con un fuerte sentimiento antinipón, el filme consiguió ser un gran éxito de público.
Durante la guerra fue destruido buena parte del equipamiento de la industria cinematográfica. Y a continuación del armisticio acordado en 1953, el presidente Rhee Syngman declara al cine exento de impuestos, con la esperanza de revivir la industria. Programas de ayuda foránea proveyeron de tecnología y equipamiento, sentando las bases para el renacimiento del cine coreano a finales de los años cincuenta y en los sesenta.
Muy pocos fragmentos quedan de los primeros filmes coreanos. La mayoría de ellos fueron destruidos en los años cincuenta durante la Guerra de Corea, y ni un solo largo de los producidos antes de 1945 ha logrado sobrevivir íntegramente. Sin embargo, son numerosos los documentos históricos que atestiguan una industria activa y creadora que produjo cerca de 160 filmes desde el principio de los años veinte hasta la rendición de Japón en 1945.Entre 1909 y 1920 fueron construidos una serie de teatros en Seúl y en ciudades menores como Pusan y Pyongyang. La mayoría era propiedad de los japoneses, pero unos pocos locales de propietarios coreanos consiguieron importantes cantidades de capital mostrando importaciones europeas y norteamericanas. Este capital sería empleado eventualmente en el financiamiento de las primeras producciones locales. El primer filme coreano ( The Righteous Revenge ), un kinodrama en el cual los actores se desempeñaban delante de un fondo sobre el que se proyectaba un filme, se estrenó en el Teatro Dansongsa, de Seúl, en 1919. Según reportes, al público le encantó el show, pero el éxito a largo plazo de este y de otros kinodramas fue perturbado por intelectuales que criticaban la mezcla de modalidades como un insulto tanto al teatro como al cine.
La primera película silente se produjo en 1923, y a lo largo de los próximos años, aparecerían unas siete compañías productoras. La obra maestra de este período es Arirang (1926) de Na Un-Kyu, quien con solo 25 años en ese momento produjo, dirigió y protagonizó este filme, sobre un hombre que es arrestado y torturado por la policía japonesa. El título procede de una canción folclórica que se transformaría en un himno para el movimiento independentista coreano. El filme, admirado por sus cualidades estéticas y también por su mensaje político, inspiró a toda una ola de nuevos cineastas con la esperanza de hacer películas basadas en los principios del realismo y de la resistencia al poder japonés.
A pesar de la creciente popularidad del cine local, la censura japonesa también jugó su papel en la frustración del crecimiento. El gobierno japonés requería que todas las producciones extranjeras y locales fueran sometidas a la consideración de un buró de censura antes de ser exhibidas, y la policía estaba presente en todas las tandas. A pesar de que unos pocos trabajos exaltadores del nacionalismo coreano alcanzaron al público a finales de los años veinte, desde 1930 la censura se hizo más estricta, a tal punto que solo los melodramas, filmes históricos y las producciones pro-japonesas alcanzaban la aprobación del gobierno. Muchas producciones fueron prohibidas y además destruidos los originales.
En 1935, la primera producción sonora, Ch'unhyang-jun , fue dirigida por Lee Myung-woo con financiamiento del gobierno japonés. El filme, basado en el más famoso cuento folclórico coreano (que había sido filmado una docena de veces), demostró ser ampliamente popular. Sin embargo, a los cineastas locales les fue bien difícil encontrar los fondos para producir películas sonoras, y las películas habladas en coreano enfrentaron una crítica incluso más áspera que las silentes. En dos años, Japón invadiría China, y la industria cinematográfica japonesa se transformaría en instrumento de la propaganda nipona. En 1942, el gobierno japonés prohibió las películas habladas en coreano. Solo cinco películas han sobrevivido del período que va de la ocupación norteamericana al fin de la guerra. De ellas, la más famosa es Hooray for Freedom , de Choi Un-gyu, estrenada en 1946. Oda al patriotismo y con un fuerte sentimiento antinipón, el filme consiguió ser un gran éxito de público.
Durante la guerra fue destruido buena parte del equipamiento de la industria cinematográfica. Y a continuación del armisticio acordado en 1953, el presidente Rhee Syngman declara al cine exento de impuestos, con la esperanza de revivir la industria. Programas de ayuda foránea proveyeron de tecnología y equipamiento, sentando las bases para el renacimiento del cine coreano a finales de los años cincuenta y en los sesenta.
La última etapa de los años cincuenta puede ser considerada una fase de recuperación del cine coreano, pues el número de producciones se incrementó de ocho, en 1954, a 108 en 1959. El público regresó a las salas, apoyando realizaciones como el remake de Ch'unhyang-jon , en 1955, que contó con 200 000 espectadores en Seúl (un décimo de la población de la ciudad). Melodramas y filmes de acción conforman la mayoría de las producciones de la época.
A principios de los años sesenta emergen algunos de los más talentosos nuevos direc tores, quienes laboraron en una época cuando la industria cinematográfica disfrutaba de insospechado apoyo del público en la taquilla. En 1962, el dictador Park Chung Hee instituye una ley de cine estableciendo que todas las compañías productoras debían generar al menos quince títulos cada año, y que todos debían ser de naturaleza comercial. A pesar de ello, los filmes de arte con alto grado de realismo continuaron realizándose hasta el final del decenio.
Sin lugar a dudas, el direc tor más original fue Kim Ki-young, reconocido por sus sombríos dramas domésticos, cuya realización más famosa, The Housemaid , se estrenó en 1960. Este filme —el relato de una criada manipuladora que seduce a su patrón— transgrede las leyes del cine contemporáneo en la misma medida en que su heroína destroza el orden confuciano del recinto hogareño. Como en muchas otras de sus realizaciones, la mujer posee amplios poderes y se transforma en amenaza direc ta para la contraparte masculina. Aunque el trabajo de este direc tor permaneció olvidado durante muchos años, fue redescubierto en los noventa y se le colocó en el lugar correspondiente en la historia del cine coreano. (Miradas)
A principios de los años sesenta emergen algunos de los más talentosos nuevos direc tores, quienes laboraron en una época cuando la industria cinematográfica disfrutaba de insospechado apoyo del público en la taquilla. En 1962, el dictador Park Chung Hee instituye una ley de cine estableciendo que todas las compañías productoras debían generar al menos quince títulos cada año, y que todos debían ser de naturaleza comercial. A pesar de ello, los filmes de arte con alto grado de realismo continuaron realizándose hasta el final del decenio.
Sin lugar a dudas, el direc tor más original fue Kim Ki-young, reconocido por sus sombríos dramas domésticos, cuya realización más famosa, The Housemaid , se estrenó en 1960. Este filme —el relato de una criada manipuladora que seduce a su patrón— transgrede las leyes del cine contemporáneo en la misma medida en que su heroína destroza el orden confuciano del recinto hogareño. Como en muchas otras de sus realizaciones, la mujer posee amplios poderes y se transforma en amenaza direc ta para la contraparte masculina. Aunque el trabajo de este direc tor permaneció olvidado durante muchos años, fue redescubierto en los noventa y se le colocó en el lugar correspondiente en la historia del cine coreano. (Miradas)
Ki-young Kim (1992 – 1998), apodado “Sr. Monstruo”, es reconocido como uno de los más y talentosos directores de Corea. Aunque ganó elogios por su primer clásico El Ama de Llaves en 1960, a lo largo de gran parte de su carrera, Kim fue ignorado por gran parte de los críticos. Sin embargo, una retrospectiva dedicada a su trabajo en el Festival Internacional de Cine de Pusan en 1997 recibió una entusiasta respuesta y atención a otros trabajos como La Mujer
Insecto (1972), Iodo (1977), y Mariposa Asesina (1978). Trágicamente, Kim y su esposa fueron asesinados en su casa por un incendio a principios de 1998, justo cuando estaba alcanzando llegar a la fama. (Revista Miriada)
Insecto (1972), Iodo (1977), y Mariposa Asesina (1978). Trágicamente, Kim y su esposa fueron asesinados en su casa por un incendio a principios de 1998, justo cuando estaba alcanzando llegar a la fama. (Revista Miriada)
Puede que no sea un accidente que uno de los retratos más convincentes y desconcertantes de las fuerzas fundamentales de la humanidad fuera concebido durante la era de la industrialización de Corea, en la década de 1970. Mientras el gobierno militar pujaba en una campaña hacia la modernización, el bizarro genio cinéfilo Kim Ki-young se encontraba atareado filmando una película que corta a través de las varias capas de la sociedad moderna para exponer los elementos más primitivos de la experiencia humana.“Iodo” se centra en una isla sobre la costa sur de Corea, poblada por mujeres que viven en el mar y que estructuran su vida ‘de acuerdo a las viejas tradiciones’. Alejados de las influencias modernas en tierra firme, la isla existe como una sociedad diferente donde las costumbres antiguas prevalecen y las chamanas locales ejercen una gran influencia. Cuando uno de los hijos de los nativos de la isla que había ido a tierra firme desaparece de la cubierta de un barco turístico, un hombre de negocios sospechado de asesinarlo viaja hasta la isla esperando descubrir la verdad detrás de la desaparición de aquél. El visitante llega a entender la enredada historia del hombre supuestamente maldito, mientras él mismo se ve involucrado en los asuntos de la isla.No siendo un film fácil de absorber de una sola vez, “Iodo” se cuenta a través de una compleja estructura de flashbacks (siendo cada uno señalado por el sonido de agua burbujeante) que lentamente revela la narración central del film. El director Kim Ki-young no realiza esfuerzo en imbuir la película de realismo psicológico. Con su tempo rápido, diálogo en extremo dramático y acercamientos desmotivados, el film atrae por su imprevisibilidad más que por cualquier sensación de decoro. Esto, combinado con otros elementos, hacen de “Iodo” se ve por momentos como una parodia de culto de ella misma. El director sin embargo, nunca pierde la habilidad de sorprendernos. (El Quinto Anillo)

"Yo sólo hago films de acuerdo a lo que me dicta el corazón, el análisis de ellos se lo dejo a ustedes." Kim Ki-young

Subs:
(Sorry, there are no english subs)
-o-
Kim Ki-young en Arsenevich

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