Francès/French I Subs: Castellano/English98 min I Divx 704x560 I 850 kb/s I 64 kb/s cbr mp3 I 25 fps
642 MB + 3% de recuperaciòn/recovery

Louise, una mujer joven e inquieta, siente la necesidad de tener un espacio propio al margen de su posesivo novio. Para ello, alquila un pequeño apartamento en París. Convencida de que todavía no está preparada para la vida de pareja, Louise se embarca en una serie de relaciones superficiales, sólo para descubrir que uno no sabe lo que tiene hasta que lo ha perdido. Cuarta entrega de la serie "Comedias y proverbios".
Con uno de los títulos más sugerentes de toda su filmografía, Eric Rohmer nos presentaba la cuarta entrega de sus “Comedias y proverbios”. Sus precedentes, La mujer del aviador (La femme de l'aviateur, 1980), La buena boda (Le beau mariage, 1981) y Pauline en la playa (Pauline à la plage, 1983) habían sido todo un éxito de público y crítica, por lo que el cineasta francés gozó de una libertad total para abordar esta historia (muy similar a las tres anteriores), escrita tres años antes. Los films de Rohmer no pueden engañar a nadie. Las señas de identidad de estos títulos, y de casi todas sus películas, eran la capacidad de aprehender la cotidianidad de los personajes y la transparencia y simplicidad (al menos en aparencia) de la puesta en escena.Como redactor de “Cahiers du Cinéma”, Eric Rohmer estableció los postulados teóricos de su posterior obra, haciendo especial énfasis en lo que definió como “cine de prosa”. ¿Cómo debía ser este cine?, ¿en qué consistía?. El “cine de prosa” tendría que ser un cine de realización transparente, sin estridencias técnicas y con un estilo en el que debía predominar el sentido de la narración tal y como lo entendían clásicos hollywoodenses como, por ejemplo, John Ford o Howard Hawks.Con las cartas boca arriba en la mesa y cambiando la épica de Ford y Hawks por la cotidianidad de nuestros días, Rohmer retrata con aparente sencillez a unos personajes, jóvenes y adolescentes, frágiles y desvalidos, que se muestran al espectador como el pálido reflejo de su rostro en un espejo.Las noches de la luna llena es una comedia triste, o un melodrama alegre, que sigue los parámetros del vodevil romántico y la comedia de enredo. El proverbio que ilustra el film dice así: “quien tiene dos mujeres, pierde el alma; quien tiene dos casas, pierde el seso”. Evidentemente, la protagonista de la historia perderá alma y razón y, por tanto, el meollo no está en hacia dónde va la historia sino en los entresijos de la misma. Más allá del proverbio, la película retrata a la juventud de la época hablándonos de la conflictividad de la vida en pareja, de la fugacidad del amor, de la libertad y de la necesidad de los espacios de libertad individual. La sinopsis del film (es imposible hablar del cine de Rohmer sin desentrañar el argumento, ya que éste modela la estructura de la narración) nos presenta a Louise (Pascale Ogier), una joven diseñadora parisina de clase media. Tiene dos casas: el apartamento moderno, situado en las afueras de París, de su pareja, y su viejo apartamento en el centro de París. Louise pretende disfrutar del segundo para poder recrearse en sus salidas nocturnas sin molestar a Rémi (Tcheky Karyo) y sueña con poder convertirlo en un refugio de libertad individual en el cual reposar. Louise se relaciona con otro hombre: Octave (Fabrice Lucchini), un amigo confidente, compañero de correrías y escritor egocéntrico, pedante hasta la médula. A partir de aquí, fiestas, conversaciones y nuevos personajes mueven los engranajes del relato.Los personajes de Rohmer no son de una pieza. Pueden resultar, al mismo tiempo, atractivos o repulsivos, marionetas del destino o seres admirables. No obstante, por ser personajes muy anclados en la realidad, acostumbran a ser comprensibles y cercanos para el espectador. En el cine de Rohmer no existen las verdades absolutas. Así, Louise no parece carecer de certeza cuando le explica a Rémi que necesita arreglar su apartamento de Paris para oxigenar su alma y su pareja, aunque no tardamos en ver que su discurso no es más que un disfraz para justificar su interesada conducta. Tampoco parece que Rémi obre mal cuando muestra sus reticencias a este hecho, argumentando que teme perderla. A nuestros ojos, sus celos son un posicionamiento lógico ante el egoísmo de Louise. También el personaje de Octave puede resultar pedante, aunque su aparente frivolidad no empaña la veracidad de sus redichas frases. Todos ellos llenan la película con su presencia y su verborrea. A pesar de ésta, los films de Rohmer poseen un tono de ligereza que proviene de la humanidad que desprenden los personajes, evitando caer en el pozo del discurso dogmático.Las noches de la luna llena es bastante más que conversaciones filmadas. Entre ellas, el azar se cuela sigilosamente llevando la trama de la historia a destinos no previstos. La película se desliza suavemente, sin accidentes, sin exageraciones ni situaciones límite. Lo mejor del film es una escena en la que Louise y Octave filosofan en un café. En ella nace la sospecha de que Rémi tiene una relación con una amiga de Louise. Rohmer la filma haciendo un uso preciso del montaje, del espacio y del fuera de campo, negándose a mostrar y sugiriendo, creando un suspense puramente cinematográfico.Rohmer cierra la película de manera circular. Los planos finales son equivalentes a los del inicio, exceptuando que el movimiento de cámara se realiza en sentido inverso y que en el segundo vemos a Louise marchándose del apartamento de Rémi, con la relación sentimental de la pareja rota y un destino incierto como futuro más inmediato. El cine de Rohmer, como la vida, es así, natural y más elaborado de lo que las aparencias indican. (Texto de J. A. Souto Pacheco, tomado de Miradas de Cine)
Con uno de los títulos más sugerentes de toda su filmografía, Eric Rohmer nos presentaba la cuarta entrega de sus “Comedias y proverbios”. Sus precedentes, La mujer del aviador (La femme de l'aviateur, 1980), La buena boda (Le beau mariage, 1981) y Pauline en la playa (Pauline à la plage, 1983) habían sido todo un éxito de público y crítica, por lo que el cineasta francés gozó de una libertad total para abordar esta historia (muy similar a las tres anteriores), escrita tres años antes. Los films de Rohmer no pueden engañar a nadie. Las señas de identidad de estos títulos, y de casi todas sus películas, eran la capacidad de aprehender la cotidianidad de los personajes y la transparencia y simplicidad (al menos en aparencia) de la puesta en escena.Como redactor de “Cahiers du Cinéma”, Eric Rohmer estableció los postulados teóricos de su posterior obra, haciendo especial énfasis en lo que definió como “cine de prosa”. ¿Cómo debía ser este cine?, ¿en qué consistía?. El “cine de prosa” tendría que ser un cine de realización transparente, sin estridencias técnicas y con un estilo en el que debía predominar el sentido de la narración tal y como lo entendían clásicos hollywoodenses como, por ejemplo, John Ford o Howard Hawks.Con las cartas boca arriba en la mesa y cambiando la épica de Ford y Hawks por la cotidianidad de nuestros días, Rohmer retrata con aparente sencillez a unos personajes, jóvenes y adolescentes, frágiles y desvalidos, que se muestran al espectador como el pálido reflejo de su rostro en un espejo.Las noches de la luna llena es una comedia triste, o un melodrama alegre, que sigue los parámetros del vodevil romántico y la comedia de enredo. El proverbio que ilustra el film dice así: “quien tiene dos mujeres, pierde el alma; quien tiene dos casas, pierde el seso”. Evidentemente, la protagonista de la historia perderá alma y razón y, por tanto, el meollo no está en hacia dónde va la historia sino en los entresijos de la misma. Más allá del proverbio, la película retrata a la juventud de la época hablándonos de la conflictividad de la vida en pareja, de la fugacidad del amor, de la libertad y de la necesidad de los espacios de libertad individual. La sinopsis del film (es imposible hablar del cine de Rohmer sin desentrañar el argumento, ya que éste modela la estructura de la narración) nos presenta a Louise (Pascale Ogier), una joven diseñadora parisina de clase media. Tiene dos casas: el apartamento moderno, situado en las afueras de París, de su pareja, y su viejo apartamento en el centro de París. Louise pretende disfrutar del segundo para poder recrearse en sus salidas nocturnas sin molestar a Rémi (Tcheky Karyo) y sueña con poder convertirlo en un refugio de libertad individual en el cual reposar. Louise se relaciona con otro hombre: Octave (Fabrice Lucchini), un amigo confidente, compañero de correrías y escritor egocéntrico, pedante hasta la médula. A partir de aquí, fiestas, conversaciones y nuevos personajes mueven los engranajes del relato.Los personajes de Rohmer no son de una pieza. Pueden resultar, al mismo tiempo, atractivos o repulsivos, marionetas del destino o seres admirables. No obstante, por ser personajes muy anclados en la realidad, acostumbran a ser comprensibles y cercanos para el espectador. En el cine de Rohmer no existen las verdades absolutas. Así, Louise no parece carecer de certeza cuando le explica a Rémi que necesita arreglar su apartamento de Paris para oxigenar su alma y su pareja, aunque no tardamos en ver que su discurso no es más que un disfraz para justificar su interesada conducta. Tampoco parece que Rémi obre mal cuando muestra sus reticencias a este hecho, argumentando que teme perderla. A nuestros ojos, sus celos son un posicionamiento lógico ante el egoísmo de Louise. También el personaje de Octave puede resultar pedante, aunque su aparente frivolidad no empaña la veracidad de sus redichas frases. Todos ellos llenan la película con su presencia y su verborrea. A pesar de ésta, los films de Rohmer poseen un tono de ligereza que proviene de la humanidad que desprenden los personajes, evitando caer en el pozo del discurso dogmático.Las noches de la luna llena es bastante más que conversaciones filmadas. Entre ellas, el azar se cuela sigilosamente llevando la trama de la historia a destinos no previstos. La película se desliza suavemente, sin accidentes, sin exageraciones ni situaciones límite. Lo mejor del film es una escena en la que Louise y Octave filosofan en un café. En ella nace la sospecha de que Rémi tiene una relación con una amiga de Louise. Rohmer la filma haciendo un uso preciso del montaje, del espacio y del fuera de campo, negándose a mostrar y sugiriendo, creando un suspense puramente cinematográfico.Rohmer cierra la película de manera circular. Los planos finales son equivalentes a los del inicio, exceptuando que el movimiento de cámara se realiza en sentido inverso y que en el segundo vemos a Louise marchándose del apartamento de Rémi, con la relación sentimental de la pareja rota y un destino incierto como futuro más inmediato. El cine de Rohmer, como la vida, es así, natural y más elaborado de lo que las aparencias indican. (Texto de J. A. Souto Pacheco, tomado de Miradas de Cine)
Louise (Pascale Ogier), a restless designer bored with sleepy suburban life outside of Paris, lives with her lover, Remy (Tcheky Karyo), a stable architect happy with a calm home life and a long-term relationship. The independent Louise decides to move back into her old Paris apartment during the week, losing herself in the bustle of dinner parties and nightclubs and single men, while spending her weekends back with Remy. Louise becomes briefly entangled with another man, a spontaneous musician who is the opposite of Remy, but in a neat twist on the formula, Remy himself drifts to another--at the suggestion of Louise herself. The fourth of Rohmer's Comedies and Proverbs is the most ironic and, in many ways, the most judgmental of his films. Willowy Ogier's kittenish sexuality and zest for life are wrapped in a self-absorbed determination that borders on indifference, but for the most part this is another wryly witty look at modern love from the master of the sophisticated romantic comedy. Fabrice Luchini plays Louise's best friend and conniving confidante, Octave, and Laszlo Szabo appears as a café patron who pontificates on the magical effects of the full moon. Ogier, who died shortly after the film's release, designed many of the handsome sets. Rohmer followed this with perhaps his most generous character study, the modestly magical romantic adventure Summer. --Sean Axmaker

"Eric Rohmer, conociendo mi gusto por la decoración, me propuso encargarme de una de las funciones de mi personaje organizando yo misma, como hace Louise en la película, los diferentes decorados en que ella vive. El trabajo consistía en vestir completamente un espacio vacío (el estudio de Louise) y, por lo demás, en escoger muebles, objetos y lámparas ya conocidos o en fase de diseño, cuyo tono correspondiera a un cierto movimiento o tendencia moderna de los ochenta, que se dibujaría a lo largo de toda la película haciendo referencia a una serie de creaciones nuevas (...) y a influencias relativamente antiguas (Bauhaus, Mondrian de los años cincuenta y otros) o volviendo decididamente la espalda al siglo XX (paños, columnas). Tuve una libertad total de elección, sobre todo en lo que respecta al estudio de Louise. Se trataba de constituir un universo propio del personaje, dando rienda suelta a sus fantasías más íntimas, y muy ligado a su adolescencia."Pascale Ogier
"Para mí es mucho más interesante contar la historia de forma indirecta, a través de lo que dice un personaje, y no de forma directa. Me podrían reprochar que esto es más propio de la novela o del teatro, si se piensa que el cine debe mostrar frontalmente las cosas, pero esto impide el misterio. Cuando era crítico de cine, escribí un artículo que se titulaba «Por un cine que habla», en el que defendía la necesidad de incorporar la palabra como un elemento de significación más. Luego descubrí las obras de Marcel Pagnol y de Sacha Guitry, y me di cuenta de que era tonto no utilizar a fondo el poder de la palabra. Para aprovechar su enorme potencialidad no es necesario hacer que la significación de lo hablado sea indiferente o prescindible, sino engañosa. Es decir, un cine en el que la palabra ponga en tela de juicio la verdad y en el que los personajes mienten. Mostrar los hechos de manera frontal es muy sencillo, pero me parece mucho más interesante plantear preguntas que mostrar certezas. Por eso me interesa mucho más esa forma indirecta de aproximarme a la realidad a través de la palabra." Eric Rohmer
"Aprendimos cine mirando, no escribiendo. Teníamos ganas de hacer cine incluso antes de hablar de cine. Nos sentíamos un poco artistas, un poco hermanos de los cineastas. No éramos solamente espectadores. Todas mis ideas sobre el cine las tuve siendo espectador, y la práctica del cine no me enseñó realmente nada en ese aspecto."Eric Rohmer

Subs castellano:
-o-
Eric Rohmer en Arsenevich
In Memoriam (4 Abril 1920 – 11 Enero 2010)
+.srt.jpg)
2 comentarios:
Gran homenaje. Gracias S y gracias Eric.
Me sumo a tus palabras,Germàn: Gracias, Eric. Irrepetible maestro que nos acompañarà ahora sì ya para siempre.
Publicar un comentario