28 enero 2010

Buster Keaton & John G. Blystone - Our Hospitality (1923)

Muda c/ intertítulos en inglés I Subs:Castellano
74 min I Divx 416x320 I 1223 kb/s I 115 kb/s mp3 I 29.97 fps
698 MB
A principios del siglo XIX, un miembro de los Canfield y otro de los McKay mueren al dispararse mutuamente en una noche de tormenta, lo que hace juramentarse a uno de los miembros del clan Canfield para que su hijo se vengue algún día. Mientras que la viuda McKay, que también tiene un hijito, parte con él hacia Nueva York para olvidarlo todo. Pasan lo años y el pequeño ya ha cumplido 21 años, su madre ha muerto y en una carta se le pide que vuelva al pueblo para tomar posesión de la hacienda de los McKay. Su tía le advierte del historial familiar y le dice que no se acerque a los Canfield. Fue el segundo largometraje de Keaton y su primer intento de combinar comedia e historia.
Mientras que Charles Chaplin (Charlot) no fue olvidado en ningún momento, y Harold Lloyd no necesitó demasiada labor de recuperación, Buster Keaton fue considerado a partir de mediados de los 30 como un simple actor cómico más surgido de la "cuadra" de Mack Sennett. Aunque no dejó nunca de trabajar, y aceptó el anonimato sin aparente rencor, su caída siguió el camino de las de George Méliès y David Wark Griffith entre otros, y como las de ellos, fue inevitable e injusta.Sólo algunas personas respetuosas y eternamente agradecidas por el enorme talento ofrecido por Keaton en su trabajo siguieron sacando a la luz su nombre y su memoria, como el crítico James Agee, que en septiembre de 1949 publicó un artículo en la revista Life, La gran era de la comedia —donde sitúa a Keaton en un lugar de privilegio—, que fue recibido con un entusiasmo sin precedentes en la historia de la revista (1). Desde entonces, e intermitentemente durante los siguientes veinte años, los distintos medios de comunicación —dando pruebas una vez más de su ceguera artística— fueron divulgando el "regreso" de Keaton a un oficio que él nunca había abandonado —un simple repaso a su filmografía lo atestigua—.
Hay que señalar que esa idea de "regreso" que proclamaban los medios no era más que una justificación postiza, una máscara tranquilizadora hacia la indiferencia con la que el mundo en general y Hollywood en particular había tratado a Keaton durante años, a pesar del legado cinematográfico dejado por el artista. Y es que, cuanto mejores fueron las películas de Keaton, más fríamente habían sido recibidas por el público — El maquinista de la General fue considerada un desastre en su época, tanto por la crítica como por el público, y sólo recuperó el elevado presupuesto invertido con su explotación en el resto del mundo. Aún así, la película nunca dió ganancia alguna y fue considerada un desastre económico total por su distribuidora, la United Artists, que acabó vendiendo el contrato de Keaton a la Metro-Goldwyn-Mayer. Desde entonces y aunque tuvo control sobre buena parte de sus próximas cuatro películas, Buster Keaton no volvió a figurar en ellas como realizador—. Por el contrario, las mediocres comedias que rodó para la MGM a comienzos de los 30 —y que el propio Keaton despreciaba—, casi siempre haciendo pareja con otro cómico, Jimmy Durante, tuvieron un gran éxito de taquilla(¡!).
Con la llegada del sonoro y con su equivocado traslado en 1928 a una gran compañía —de lo que siempre se lamentó—, la MGM, la época dorada de Keaton acabó. Se interrumpió así una trayectoria de plena libertad creadora, que luego, cinco años más tarde, con su expulsión del estudio en 1933, y la suma de otros conflictos personales, acabó por confirmar su declive.El cronista Mario Gromo escribía en La Stampa: "Esta máscara de bronce, impasible pase lo que pase, esta mirada fija como la del que persigue un sueño imposible, esta melancolía otoñal un tanto sonambúlica y desengañada, eran elementos más que suficientes para desencadenar la risa en las plateas desde la misma aparición de la pequeña silueta ágil y nerviosa. Ahora, el diálogo destruye estos efectos, anulando su causa más profunda: la cara ya no es impasible. Buster Keaton ya no es Buster Keaton."Para consolarse y huir de una industria del cine que le resultaba cada vez más incomprensible, Keaton se dio a la bebida, pasando por largos periodos de alcoholismo y apareciendo en películas con papeles cada vez más cortos, trabajando en la sombra, corrigiendo guiones sin ser acreditado, escribiendo "gags" para otros actores, etc... Hasta que Billy Wilder le sacó del "olvido" para que hiciera una breve aparición como uno de los compañeros de naipes de Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950). Charles Chaplin, por su parte, le ofreció un papel más extenso en Candilejas (1952) —aunque, según afirma Orson Welles, éste no tuvo reparo alguno en cortar parte de la escena del camerino en la que aparecían ambos, al comprobar que Keaton le estaba robando protagonismo—. Gracias a estas dos actuaciones, la gente comenzó a "fijarse" nuevamente en él. Incluso Hollywood le dió un Oscar honorífico en 1959.Keaton encontró refugio en la televisión, y, durante los últimos diez años de su vida, el artista que había realizado para el cine obras que sólo podían calificarse de maestras, sólo pudo desenvolverse con cierto desahogo económico gracias a anuncios de televisión, espectáculos televisados y apariciones en directo que hicieron que algunos espectadores comenzasen a sentir curiosidad y a interesarse por unas películas que habían sido relegadas al olvido y la indiferencia.A modo de consuelo cabe señalar que, durante la década de los 60, Keaton fue testigo en vida de al menos parte de la recuperación de su figura y de su verdadero estatus dentro de la Historia del Cine, proceso que continuó durante toda la década de los 70, gracias sobre todo a la paciente labor de recuperación del exhibidor Raymond Rohauer, quien puso nuevamente en circulación algunos de sus mejores títulos. El navegante (The Navigator, 1924) y El maquinista de la General (The General, 1926) eran conocidas en Europa, pero la imposibilidad de visionar otras películas suyas no había permitido evaluar su genio. Hubo que esperar hasta diez años después de su muerte para que El cameraman (The Cameraman, 1928 ) fuese exhibida en el Reino Unido, después de que la MGM lograse recuperarla partiendo de un negativo en mal estado. El comparsa (Spite Marriage, 1929) se repuso en el Festival de Cine de Londres poco después. (Documentos Cinematográficos, nº 15 (3/1963))
Las disputas familiares y su repercusión en generaciones posteriores sirven de base a Keaton para la realización de La Ley de la Hospitalidad. Este tema universal lo sitúa en un pequeño pueblo del Oeste americano. Para ello, Keaton se inspira en antiguos grabados del siglo XIX. Así logra reproducir exactamente enclaves de la época como, por ejemplo, la esquina de Broadway y la calle 42 tal como eran en 1830. La recreación, cuidada con tanto esmero, logra transportarnos en el tiempo con la fuerza de un documental.En medio de la sinrazón que lleva a hombres de una familia a crecer matando a los varones de la familia rival, surge un rayo de esperanza: un viejo código de honor, que impide a un anfitrión atentar contra su huésped. Este singular hecho es explotado por Keaton con gran maestría. Su personaje, Willie McKay, sólo se encuentra a salvo en la casa de los hombres que le intentan matar, los Canfield. Si a ello sumamos que la hija de sus enemigos es la mujer que ama, la paradoja se completa. Con buenas maneras, los Canfield intentan hacer salir de su casa a Willie para matarlo y éste, cortésmente, rehusa; su enamorada y su salud así se lo aconsejan.La película cuenta con numerosos y espléndidos golpes cómicos. Uno de los más inspirados tiene lugar cuando el tren, camino de Rockville, es apedreado por un individuo. El maquinista repele la agresión lanzándole maderos. Una vez ha pasado el tren, el hombre hace acopio de la madera, que era lo único que, en realidad, pretendía con su ataque. Por primera (y última) vez,Keaton reúne con él en pantalla, a su padre Joe, a su hijo Buster Jr., de quince meses de edad, y a su esposa Natalie Talmadge. La nota triste la pone Joe Roberts, villano keatoniano por excelencia, que muere poco después de finalizado el rodaje. La película, luego de una «première» el 3 de noviembre de 1923 en San Francisco, se estrena el 9 de diciembre en el Rialto Theatre de Nueva York, obteniendo un gran éxito de crítica y público. Había costado doscientos diez mil dólares y recauda un millón setencientos mil. Las crónicas de la época hablan de las enormes colas que se formaron ante los cines que la exhibían, provocando la espera de multitud de personas, incluyendo al entonces presidente del país, Calvin Coolidge. (Tomado de "Obras Maestras del Cine Mudo" de Luis Enrique Ruiz)
Though it was not his first multi-reel movie, Buster Keaton hit his feature-length stride with this period comedy. Set in the carefully recreated 1831 South and shot on location near Lake Tahoe, the film turned the legendary feud between the Hatfields and the McCoys (re-named the Canfields and the McKays) into a send-up of Southern politeness. Two exterior sequences became vintage Keaton. Precisely duplicating one of the first-ever trains (the "Stephenson Rocket") and hiring his vaudevillian father to play the engineer, Keaton turned the crudeness of early train travel into a dreamlike and hilarious trip southward over rough yet beautiful forested terrain. And the final river rescue showcased Keaton's agility, as he snatches his beloved (played by then-wife Natalie Talmadge) from a waterfall; it also inadvertently revealed the risks of Keaton's drive for authenticity, as he almost drowned on camera. The potentially lethal work paid off, as Our Hospitality became a box office hit and confirmed Keaton's talent for integrating comedy into a larger narrative rather than simply stringing together gags.
"Buster Keaton cruza inefable los juncos y el campillo de centeno. El paisaje se achica entre las ruedas de la máquina. La bicicleta tiene una sola dimensión. Puede entrar en los libros y tenderse en el horno de pan. La bicicleta de Buster Keaton no tiene el sillón de caramelo, ni los pedales de azúcar, como quisieran los hombres malos. Es una bicicleta como todas, pero la única empapada de inocencia. Adán y Eva correrían asustados si vieran un vaso lleno de agua, y acariciarían en cambio la bicicleta de Keaton." Federico García Lorca
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-o-
Buster Keaton en Arsenevich

4 comentarios:

Memo dijo...

Excelente amigos, ademas de otrs lugares visito regularmente esta casa para leer sus posts, esta pelicula me mato de la risa cuando la vi, la genialidad de keaton es incomparable, saludos!

saynomoreglass dijo...

Gracias, Memo, nos alegran mucho tus palabras porque como dirìa Godard: "Sin memoria no hay amor" y, como todos sabemos, sin amor no hay nada. Un abrazote!!

scalisto dijo...

Our Hospitality de Buster Keaton recuperada por chicharro

Eliel da Cunha Salgado dijo...

Os links já não funcionam. Será possível recuperar mais uma vez?