Inglès/English I Subs: Castellano 109 min I Xvid 608x256 I 820 kb/s I 84 kb/s vbr mp3 I 25 fps
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La mansión Hill - que perteneciera a la familia Crain - ha permanecido cerrada durante años. Debido a su trágico historial de desgracias, la mansión ha ganado la fama de estar embrujada. El investigador paranormal John Markway decide realizar una pesquisa acerca de la veracidad de los rumores, contando con la ayuda de dos mujeres con experiencias paranormales, las que le pueden asistir a develar los misterios de la misma. Pero Eleanor Lance, quien se encuentra visiblemente perturbada al momento de llegar a la mansión, comienza a percibir una presencia indeseable y fantasmal que la desea a ella. Y ahora, poco a poco, Eleanor está cayendo bajo las garras del espíritu que posee la mansión Hill.


Esta fascinante y compleja obra de terror, más psicológico que físico, posee la virtud de funcionar a varios niveles de lectura: desde fuera, es una estremecedora historia que toma como base los diabólicos efectos que una casa encantada causa a todos aquellos que osan penetrar en ella y sufrir su influencia; desde dentro, es un relato sobre el proceso de auto-descubrimiento de la personalidad y tendencia sexual por parte de la protagonista. A juicio del que escribe, la esencia del film es la definición de un personaje que sufre una evolución encaminada a la liberación y el desarrollo total de su ser, mientras que los fenómenos sobrenaturales que aparentemente se producen en la casa son elementos secundarios, simples acompañantes del devenir del personaje central, auténtica piedra angular alrededor de la que giran todos los acontecimientos y los avatares del resto de caracteres presentados. Robert Wise, director de otras estimables obras de género fantástico como Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951) y La amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain, 1971), adapta la novela The Haunting of Hill House (Shirley Jackson) prescindiendo casi de efectos especiales (salvo esa puerta que palpita o late como un corazón...) y golpes de efecto fáciles o gratuitos, y consigue provocar el pánico del público mediante una puesta en escena ejemplar sustentada en la creación de una atmósfera opresiva y paranormal reforzada por los atípicos ángulos de cámara. El trepidante inicio del film, contándonos el pasado de la casa al estilo de un prólogo que nos coloca en situación e informa de los antecedentes, ya nos introduce en terreno inquietante, y constituye uno de los arranques más poderosos y contundentes del cine fantástico todos los tiempos.La gótica obra arquitectónica que sirve de escenario está filmada de modo que parece viva, consciente, verdaderamente poseída por espíritus o espectros maléficos, como si de la puerta de entrada al mismísimo Infierno se tratase. Es obligada, en este punto, realizar una especial mención a la impresionante y sensacional fotografía en blanco y negro de Davis Boulton, capaz de mostrar con gran eficacia el descarnado aspecto visual del ambiente de pesadilla en el que se encuentran los atribulados personajes. La ambigüedad del film no nos permite afirmar a ciencia cierta si la casa realmente estaba encantada o, por el contrario, todo formaba parte de la auto-sugestión que las leyendas y los entornos causan sobre los seres que acuden a tan específico lugar. Es posible que los fenómenos inexplicables sencillamente fuesen producto de la imaginación de sus mentes. En todo caso, el relato siempre se mueve entre dos aguas (realidad/imaginación) y, sin duda, se debe considerar como un acierto absoluto que atrapa, más si cabe, la atención de un espectador con el corazón en un puño fruto de la formidable intensidad del producto.The Haunting se revela como un estudio de los rincones más oscuros e inconfesables de la mente humana, de los mitos y leyendas, del papel de la ciencia a la hora de explicar fenómenos extraños, de la búsqueda de la identidad propia y de la percepción de la realidad entre otras muchas cosas. Se trata, en fin, de un extraordinario clásico lleno de riqueza que forma parte de la plana mayor del subgénero de casas encantadas junto a otras cimas artísticas de características similares como El resplandor (The Shining, 1980, Stanley Kubrick), ¡Suspense! (The Innocents, 1961, Jack Clayton), La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House, 1973, John Hough), Los intrusos (The Uninvited, 1944, Lewis Allen), Poltergeist (Poltergeist, 1982, Tobe Hooper), Al final de la escalera (The Changeling, 1980, Peter Medak) o Los Otros (2001, Alejandro Amenábar). Todas ellas exprimen brillantemente la sensación de incomodidad y claustrofobia que suscitan esos espacios cerrados de aspecto tan "oscuro". (Texto de Manel Lledó Bertomeu, tomado de Pasadizo. com)

Certain to remain one of the greatest haunted-house movies ever made, Robert Wise's The Haunting (1963) is antithetical to all the gory horror films of subsequent decades, because its considerable frights remain implicitly rooted in the viewer's sensitivity to abject fear. A classic spook-fest based on Shirley Jackson's novel The Haunting of Hill House, the film begins with a prologue that concisely establishes the dark history of Hill House, a massive New England mansion (actually filmed in England) that will play host to four daring guests determined to investigate--and hopefully debunk--the legacy of death and ghostly possession that has given the mansion its terrifying reputation.
"Siempre he estado intrigado por lo sobrenatural o por la posibilidad de lo sobrenatural. Nunca he tenido una experiencia de este tipo pero creo que hay algo ahì afuera màs allà de lo que podamos ver, sentir, tocar. Eso es lo que me interesò al filmar esta pelìcula." Robert Wise Subtìtulos castellano:







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En el rancho "Las furias" viven T. C. Jeffords y sus dos hijos. Clay, que es un buen chico pero sin carácter, y Vance, una mujer ambiciosa aunque justa. El patriarca desea expulsar de sus tierras a una familia de mexicanos, los Herrera, cuyo primogénito es amigo de la infancia de su hija. Tercero de los westerns que Mann rodó en 1950, revolucionando el género en una dirección más pesimista.Barbara Stanwyck efectúa la transición de chica mala del film noir a formidable matrona ranchera , aquí enfrentada a la no menos formidable Judith Anderson (el "ama de llaves" de Rebecca de Hitchcock).
“Decir que Las furias es una transposición literal al western de “El idiota” de Fedor Dostoievsky, es quizás algo exagerado. De hecho, la inclusión del film en los márgenes del género del Oeste ya resulta algo aventurada, porque pese a tener elementos afines al mismo, desde la paisajística hasta el decorado de un rancho, Las furias cuadraría mejor con las cualidades de un melodrama freudiano, aspecto que por otra parte ligaría la película con la tendencia del western psicológico a la que no fue nada ajena Niven Bush, autor del relato original inspirado en la citada obra de Dostoievsky” “Enmarcada en una tradicional historia de ganaderos rivalizando contra colonos, Las furias actua posiblemente en demasiados frentes argumentales: las relaciones familiares de los Jeffords, la ambivalente historia de Vance y Darrow, la presencia de los Herrera –en cuanto al papel de Juan en la vida de Vance y en relación a la rivalidad aludida entre ganaderos y colonos-, la intromisión de Flo en el mundo acotado de T.C y su hija, la venganza de Vance. Donde mejor funciona la película es en la constante sucesión de obediencias y desobediencias, de desafíos y pactos entre padre e hija: por ejemplo, la escena en la que Vance realiza una apuesta con Darrow, convencida de que su padre no podrá adivinar las auténticas pretensiones de éste –todo parece siempre un juego entre el ganadero y la joven-, o los fugaces interludios en los que Vance acude a Herrera, como amigo y confidente, sabiendo que se trata del máximo rival de su padre… Western tan o más extraño que Hombre del Oeste, encuentra en ese exceso trágico su singularidad. Cada elemento, por anecdótico que sea, provoca una sensación de desasosiego, de oculta violencia: Darrow se llama Rip, como el sonido de una navaja al cortar. Así se construyen las múltiples relaciones entre los personajes y la tensión almacenada acaba por explotar de la manera mas determinante.”(Quim Casas) “Personalmente considero Las furias el western más extraño y cerrado de los realizados por Anthony Mann. También el más sombrío de los tres que rodó en blanco y negro entre los años 1950 y 1951, ninguno de los cuales, visto por sí solo, tiene relación con los otros” “…Es lógico que el mapa humano dibujado en el film, en un sombría blanco y negro que a veces convierte a los personajes en manchas sin rostro adheridas al fondo de cada plano, se vea enriquecido dramáticamente por la violencia y la pasión. La violencia, aunque se halla presente en las relaciones que mantienen los personajes, estalla con motivo del linchamiento de Juan Herrera, ordenado por T.C., que es mas la reacción de un padres despechado (la idea del amor traicionado) que la venganza de un ranchero sobre el colono que ocupa una ínfima parte de sus tierras…” “Rodada en blanco y negro por deseo de Hal B. Wallis (con foto de Victor Milner), The Furies es un western claustrofóbico, casi a lo Wellman, incluso en las secuencias de exteriores presididas por cielos siempre nublados y oscuros y por noches cerradas, en el que los actores se mueven en siniestros contraluces que aplastan sus figuras contra el fondo el encuadre, sin jugar con la perspectiva paisajística (algo que resulta insólito en los trabajos de Anthony Mann)…”(Josè Marìa Latorre)
"De los cuatro westerns realizados en 1950 por Antony Mann, sòlo Las Furias podrìa ser considerada una autèntica tragedia griega." Martin Scorsese



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Se ha dicho de Hallelujah! que es la primera obra maestra del cine sonoro. Esta aseveracion puede ser valida porque la película, incluidas sus imperfecciones, reviste cualidades suficientes para destacar con holgura entre lo mejor de la producción de la época. Por otra parte, el hecho de ser la primera película interpretada totalmente por negros que se aproxima con cierto rigor a su mundo la convierte en una obra decididamente singular, incluso insólita si se tiene en cuenta que King Vidor logró hacerla gracias a invertir en la empresa su sueldo de director. Se nota que Aleluya es el primer film sonoro de Vidor. Su proverbial sentido de la cohesión no alcanza aquí, obviamente, su cota más elevada. No obstante, a pesar del desequilibrio que comportó la experimentación con nuevos sistemas de rodaje, la obra resulta vidoriana al ciento por ciento, tanto por la temática que aborda, la intima correspondencia entre el éxtasis piadoso y la obsesión sexual, como por su tratamiento, con la transformación mediante el sonido, de aquella música silenciosa que tanto había preocupado a Vidor en tiempos del cine mudo. Con este material dramático King Vidor compuso una obra tierna y vigorosa, a través de la cual pudo satisfacer su viejo deseo de llevar a la pantalla una historia de negros y únicamente con negros, a partir de la sorprendente facilidad con que se sustituye la violencia del deseo carnal por la obsesión religiosa y viceversa, Si toda la película rezuma musicalidad, incluso sin música, son algunas de sus secuencias, en concreto, las que le situaron en los dominios de la leyenda. La escena de la taberna, con la muerte de uno de los hermanos, el pasaje de bautizo en el rio, el sermón del predicador, desencadenante de una histeria colectiva y la magnífica y celebre persecución final a través del bosque pantanoso, envuelto en sombras, dominado por extraños sonidos, y patéticos silencios, son, con toda probabilidad, los momentos más relevantes de la película escogidas oficialmente de la Historia grande del Cine. Para completar la banda musical de la película, rica en espirituales y soberbias canciones de plantación, Irvin Berling compuso dos números “Waiting at the End of the Road”, que cantan los Dixie Jubilee Singers en la plaza del mercado, en espera que sea pesado el algodón, y “Swanee Shuffle”, en ambos se aprecia el talante popular de la música de Berlin. (Texto de Chema Munàrriz, tomado de
Hallelujah is a cinematic milestone: the first all-black feature from a major studio and famed director King Vidor's (The Champ, The Big Parade) first talkie. But the film surpasses its historical significance, telling a story of such profound dignity and understanding that it as fresh and moving as the day it premiered. Featuring a largely unknown cast and infused with spirituals, folk songs, blues and jazz (Irving Berlin provided two songs for the production), Hallelujah follows the fortunes of Zeke (Daniel L. Haynes), a poor cotton farmer. He succumbs to the temptations of Chick (Nina Mae McKinney), a mercenary honky-tonk girl, finds salvation in religion, and falls again when his obsession for Chick overpowers his better self. Love, loss, passion, redemption and brilliant moviemaking: Hallelujah has it all. 




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Humanity and Paper Balloons is a subtly drawn masterpiece about ambition, exploitation and the fundamental reality of the big guy sticking it to the little guy. It was one of the earliest jidai-geki to expound upon the dark hypocrisies of the samurai and a progenitor of the "cruel jidai-geki" form that later became a mainstay of the genre. Humanity and Paper Balloons‘s story takes place during the Tokugawa years (18th Century) or as its otherwise referred to, the Edo period. As a closed off country times were naturally hard and social difficulties were rife. It is with this film that director Sadao Yamanaka illustrates the hardships that were faced by lower class communities, which included poor samurai.

Sadao Yamanaka y Yasujiro Ozu




