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71 min I Xvid 640 x 480 I 1259 kb/s I 111 kb/s vbr mp3 I 25 fps
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700 MB + 3 % de recuperaciòn / recovery

El teniente Scott Burnett, del servicio de guardacostas, sufre todavía de pesadillas en su estado convaleciente, pero está decidido a casarse con su novia Eve y comenzar una nueva vida. Un día, paseando por la playa, se encuentra con una mujer, Peggy, casada con un famoso pintor, Tod Butler, que quedó ciego tras una acalorada discusión con su esposa. Scott y Peggy enseguida se enamoran, pero ella se siente culpable por lo que hizo y no quiere abandonar a su marido. Sin embargo, Scott cree que la Tod finge su ceguera para mantener a su esposa a su lado.


Un hombre atormentado, traumatizado por una reciente experiencia bélica, es destinado al sevicio de guardacostas. Está a punto de contraer matrimonio cuando una extraña pareja compuesta por un pintor ciego y su enigmática mujer se interpone en su camino...Observando esta película elíptica ( posiblemente debido a los cortes realizados por la productora ), intensa, apasionada, terriblemente bella, feroz, fantasmagórica, uno tiene la sensación de estar asistiendo a uno de aquellos espectáculos artísticos milagrosos: lo que sucede fuera y dentro del campo de visión, lo que se cuenta y lo que se sugiere se entrelaza forjando una riquísima amalgama de matices, sensaciones de todo tipo, de preguntas y respuestas de infinita riqueza.Obra paradójica ( los cortes efectuados parecen haber sublimado su esencia en vez de empobrecer su resultado ) en la que unos actores y fotografía soberbios se unen a la dirección maestra de Renoir. Hay algo trágicamente bello e inexplicable en este filme mutilado por políticas de estudio, es semejante a una bellísima escultura griega que ha sido deteriorada, a la que se le ha privado de algún fragmento, pero este hecho, lejos de disminuir su belleza, la resalta resultando su maltrecha figura inquietantemente bella, tan bella y evocadora como lo son los restos del naufragio que yacen en la playa del filme aquí comentado...


Woman on the Beach is a controversial film noir, an intense psychological drama about the world’s leading artist, recently blinded, who is obsessed with his condition and takes out his frustrations on his beautiful wife. A Coast Guard officer, recuperating from injuries suffered during the war, is drawn into their quiet conflict, and they become locked in an odd symbiotic relationship. This was the last American film by the French screen legend Jean Renoir. Critically panned when first released, the film later developed a cult following by many who consider it an existential masterpiece.


"Un falso dios que sigue siendo todopoderoso es el que las gentes llaman el 'buen gusto' y que no es mas que el gusto de lo mediocre. En nombre del buen gusto la sociedad asesina cualquier tentativa que salga de lo corriente. Mis amigos y yo nos proclamábamos resueltamente a favor del mal gusto. Otras expresiones nos indignaban, por ejemplo 'es exagerado', que traduce el malestar del público al verse confrontado con una obra que le rebasa.En oposición con el temor a la exageración está la plácida admiración por lo falsamente natural. Con Lestringuez , habíamos creado una expresión que resumía bastante bien todas sus manifestaciones. Era la palabra 'hostellerie' (pronunciar hossetellerie). En el teatro, el actor que se cree obligado a hablar una lengua regional para parecer más 'natural' el papel de un campesino es hostellerie. El bodeguero que, vestido con una blusa azul y con una falsa llave de la bodega colgada del cuello, nos sirve el vino en un cántaro imitación antigua es hostellerie. El castillo moderno con matacán edificado por un comerciante retirado es hostellerie: generalmente en la torre de guardia están los lavabos. La antigua caballeriza transformada en 'casa de campo' con vigas aparentes añadidas es hostellerie. El patrón de yate que se cree obligado a ponerse una gorra de almirante para ir a tomar el aperitivo al bar de la esquina es hostellerie, sobre todo si no tiene ningún yate.Pero el falso dios parapetado en su fortaleza, el enemigo número uno, es el cliché. Entiendo por cliché una imagen, una opinión o un pensamiento que ha sustituido solapadamenta a la realidad. hay clichés que duran desde hace cientos de años. He aquí alguno de ellos: el anciano bondadoso, el amor vencedor de todos los obstáculos, el siervo fiel, la valentía militar, el sentido del humor de los ingleses, los meridionales vestidos de colores vivos. Ahora bien, la vida nos enseña que hay ancianos malvados, que el amor es a menudo vencido, que los siervos no son siempre fieles, que hay militares rematadamente cobardes, que hay ingleses desprovistos de todo sentido del humor, que la mayor pare de los meridionales visten de negro, que no hay fin que justifique el asesinato. Añadiré que las jóvenes actrices de cine rubias y perfumadas tienen muy poco que ver con las chicas de la calle. Para obedecer al cliché les colocan pelucas rubias y ensortijadas. Me gustaría creer que esta utilización del cliché no engaña a nadie. pero no, alimentado de mentiras, el público tiene interés por sus hábitos y se complace en la falsedad de un mundo que le han fabricado." Jean Renoir
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Suecia, siglo XVII. Durante la guerra de los Treinta Años muere, en la batalla de Lutzen, el rey Gustavo Adolfo de Suecia, heredando el trono su hija Cristina, niña de corta edad. Obligada a una infancia y juventud envueltas en graves problemas de estado, Cristina ha hecho de su vida una entrega total a la corona. Renunció al matrimonio con el principe Carlos Gustavo, héroe nacional y pretendiente preferido por todos. Pero Cristina va a enamorarse profundamente de un hombre: el embajador español Don Antonio, Conde de Pimentel, enviado del Rey español a la Corte Sueca.
La riqueza visual de la película es incomensurable. Una de las principales habilidades de Mamoulian era escapar, en los primeros años del sonoro, de las restricciones que los micrófonos imponían en aquella época a la hora de en planificar escenas. Así, su cámara se mueve cuando hace falta, realiza travellings y registra una de las 10 mejores escenas de amor que se hayan visto jamás: la reina Cristina aprendiéndose de memoria la habitación en la que acaba de estar con su amado. Mamoulian estudió cada ángulo de la escena y la rodó minuciosamente como si de un ballet se tratase, con una rica simbología de los objetos (gran parte de la misma de origen sexual) propia del cine soviético. De este cine toma prestados el montaje y los planos generales en las escenas de masas (revueltas contra la reina en plena xenofobia hacia el embajador español, justamente en la época en la que Hitler ascendía al poder...), y la utilización de las sombras en la escena que divide, en una escalera, al pueblo de su reina. También consigue una dirección absolutamente pictórica con referencias a Velázquez (la reina siendo engalanada por sus doncellas en una claro homenaje a "Las Meninas") o a Murillo (la reina paseando, fantasmal, por el gran salón de palacio donde fue coronada de niña, en plena noche) y con algunos de los primeros planos más impresionantes que se hayan hecho de una actriz. (Josè Madrid Gonzàlez de +cineXfavor)
Arguably Greta Garbo's best MGM movie--depending how you feel about Camille and Ninotchka--this tale of the 17th-century Swedish monarch who preferred men's togs to gowns plays the most provocative games with the great star's ambisexual personality. At her request, Rouben Mamoulian directed (all three Garbo's-best-movie candidates were done by the best directors she worked with: Mamoulian, George Cukor, and Ernst Lubitsch). Two sequences are legendary: Christina memorizing the room at a snowbound inn where she has first experienced love; and the long, concluding closeup of a queen become ship's-figurehead--as blank as a tabula rasa, and filled with all the meaning and emotion seven decades of audiences have chosen to see there. Those scenes are anthology pieces, but unlike most Garbo pictures, the whole movie is intelligently scripted and sustained. With Lewis Stone, C. Aubrey Smith, and John Gilbert--Garbo's premier silent-era costar--making a tentative comeback as her love interest.
"Garbo me preguntó:”Qué debo representar en esta escena?”. Le dije: “Has oído hablar de la tabula rasa? Quiero que tu rostro sea una hoja de papel en blanco. Quiero que la escritura la haga cada miembro del público.Me gustaría incluso, si pudieras, que evitaras parpadear. Así que no eres más que una hermosa máscara.” Rouben Mamoulian, acerca de la mìtica ùltima escena










Noches blancas es un filme de espectros y de gestos, en el que los dos peripatéticos personajes principales, Natalia (Maria Schell) y Mario (Marcello Mastroianni), se relacionan noche tras noche en una representación que cada uno de ellos efectúa de cara al otro: Natalia para justificarse a sí misma su actitud, su espera, su negativa a vivir el presente, su utopía amorosa en fin; Mario para evadirse de su existencia mediocre e intentar asumir que también él puede ser capaz de soñar con otra utopía amorosa. En contra de lo que era habitual en el cine italiano de autor en los años cincuenta, Visconti miró más el complejo mundo de los sentimientos que la realidad social que los envolvía, aunque sin olvidar ésta, en lo que se asemejó (no formalmente, claro) al cine de Fellini en esa misma época (pienso en el Fellini de La strada y Las noches de Cabiria); cuando Natalia y Mario pasean en barca por el barrio veneciano de Livorno creen estar solos, y sin embargo la cámara muestra a las gentes sin techo que duermen en una orilla.He hablado de espectros. No es otra cosa todo lo que rodea a Natalia y Mario en ese Livorno donde la vida parece suspendida o confinada a los interiores de bares y casas: sombras reflejadas en las paredes de las oscuras calles; una estación de servicio cuyos empleados apagan las luces como si no esperaran nuevos clientes; oscuras figuras dibujadas detrás de los cristales y rostros que asoman tras el vaho que empaña otros; unos bailarines que dan la sensación de haber surgido sólo para actuar en una especie de pantomima...; incluso los tañidos de las campanas suenan irreales, como si no hubiera una iglesia, y el hombre al que espera Natalia, el amante soñado, es un individuo que adopta la pose de una estatua y parece incapaz de conmoverse por nada.








"Las noches de Cabiria, como La strada, como Almas sin conciencia (y en el fondo como I vitelloni) son la historia de un proceso ascético, de un progresivo desprendimiento y —entiéndase como se quiera— de una salvación."











