22 noviembre 2009

John Huston - Moby Dick (1956)

Inglès/English I Subs:Castellano
115 min I Xvid 496x352 I 711 kb/s I 128 kb/s cbr mp3 I 23.97 fps
697 MB + 3% de recuperaciòn/recovery
Esta película fue el proyecto más ambicioso de John Huston durante la década del 50. La siniestra obsesión del capitán Ahab por vengarse de la ballena blanca fue fiel y puramente lograda por el director según la narración de Ray Bradbury. Todo el film carga el concepto de presagio sobrenatural con base en la lucha entre Moby Dick, un dios indestructible, y el hombre que lo desafía.
Dos años de su vida dedicó John Huston al proyecto más ambicioso de cuantos ha abordado en su larga trayectoria como creador. La novela de Herman Melville, una de las obras cumbres de la literatura americana, representa la expresión más acabada de uno de los mitos fundamentales que la ficción narrativa ha introducido en la imaginación infantil. Como La isla del tesoro y Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Stevenson), Alicia en el país de las maravillas (Carroll), Los viajes de Gulliver (Swift), Don Quijote de la Mancha (Cervantes), Los tres mosqueteros (Dumas), o Robinson Crusoe (Defoe), Moby Dick se ha incorporado al olimpo de las criaturas soñadas por los niños de todo el mundo. Sus antecedentes cinematográficos hay que situarlos en sendas adaptaciones de 1925 y 1930: La fiera del mar (The sea beast) y Moby Dick, respectivamente. Otros títulos de parecida temática, como El demonio del mar (Down to the sea in ships,1966) han bebido directamente en las fuentes de la novela de Melville. El relato del escritor había fascinado a Huston desde mucho tiempo antes,y se había convertido en un viejo proyecto que él quería ver interpretado por su padre. A la muerte del entrañable Walter Huston (1950), su hijo abandonó el intento, y hasta tres años después no volvió a interesarse por él. Tras presenciar una adaptación para el teatro realizada por Orson Welles en 1955. Huston, ya embarcado en el proyecto, comienza a pensar en ofrecer a Welles un papel en la película, y en interpretar él mismo el rol de Achab. Las necesidades de comercialización del producto aconsejaron finalmente que fuera Gregory Peck el protagonista, pero Huston reservó a Welles la figura enigmática y premonitoria del padre Mapple .La interpretación de Gregory Peck se convirtió después en objeto de polémica, y la mayoría de la crítica la consideró equivocada dicha elección. Sin embargo, Huston siempre ha defendido su trabajo,y quedó realmente satisfecho del mismo. La película se rodó frente a las costas de las Islas Canarias, donde Huston convocó una rueda de prensa con motivo de su filmación. El presupuesto del film alcanzó los cinco millones de dólares, y finalmente obtuvo el premio de la Crítica de Nueva York. Los avatares del rodaje y las dificultades del mismo ponen de manifiesto la voluntad de Huston por rehuir al máximo los trucajes de laboratorio, y buscar la mayor verosimilitud posible. Su relato de algunos aspectos resulta suficientemente expresivo. En la misma línea, Gregory Peck rehuyó la utilización de especialistas, y contribuyó con todo su esfuerzo al realismo de las secuencias más peligrosas,interpretándolas él mismo, y se empeñó incluso en repetir las tomas de su combate con la ballena.Es esencial para comprender la gestación de esta hermosa y apasionada obra, valorar adecuadamente la participación de RayBradbury, junto con el propio director,en la escritura del guión. Ya en 1951 John Huston se había puesto en contacto con Bradbury para proponerle su intención de llevar al cine Crónicas marcianas. En el otoño de 1953 y tras finalizar el rodaje de Beat the devil, Huston telegrafía desde Irlanda a Ray Bradbury anunciándole su propósito de rodar Moby Dick y dándole un plazo de 24 horas para decidir si apcepta o no escribir el guión conjuntamente. Hasta aquel momento, la relación de Bradbury con el cine se había limitado a supervisar el guión de The meteor (1953) de Jack Arnold, pero tras la sorpresa inicial y una nueva lectura de la novela, Bradbury llega a Dublín pocas semanas después. (Texto de Carlos F. Heredero)
La simplificación de Huston —en parte imposible de evitar, dada la gran cantidad de elementos especulativos que las partes suprimidas llevan consigo— adquiere, si el film se ve detenidamente, una razón de ser incontestable: tal simplificación era necesaria, dada la idea de Huston respecto de la novela y sus posibilidades cinematográficas, y, lejos de simplificar el sentido de la obra original, lo que en realidad hace es concertar toda la tremenda complejidad que encierra abandonando su dispersión y profundizando únicamente en un solo punto: Achab. Huston se concentra, a través de la figura de Achab, en la problemática existencia de la novela, en todo cuanto hay en ella de reflexión atea sobre el juego de la libertad y la necesidad. Dice John Huston: “Se ha discutido mucho sobre el sentido de este libro, al que se prefiere considerar habitualmente como algo misterioso y enigmático, pero en lo que a mi concierne no existe ningún equívoco: se trata, negro sobre blanco, de una enorme blasfemias, y Achab es el hombre que ha llegado a tomar conciencia de la impostura divina”. Este punto de vista de John Huston sobre la obra de Melville es la más perfecta descripción de su film. El resumen cinematográfico de esta vasta obra nos muestra a un Huston dotado de un insuperable sentido de la narración cinematográfica y de una tremenda sagacidad como guionista. Su puesta en escena está, lógicamente, marcada por la previa determinación del texto en ese camino señalado por el guión. Por ejemplo, la descripción desaparece prácticamente del relato y cada elemento de éste adquiere una funcionalidad dramática perfectamente definida y diferenciable, como el eslabón de una cadena o la rueda de un mecanismo de relojería. El relato discurre a través de saltos y contrastes sutilmente marcados por Huston hasta en el uso del color, un color irreal —es decir, no verificable de acuerdo con las gamas de colores naturales—, que proporciona a la imagen un recuerdo casi inconsciente del poder expresivo del blanco y negro. Y este color sorprendente y paradójico es otro engranaje más dentro del mecanismo exacto del film. Un cerco místico, en todas las gamas de la servidumbre espiritual humana (desde Starbuck, el pragmático, bien pensante y creyente racional primer oficial del “Pequod”, hasta Queequeg, el salvaje arponero, imbuido del estadio más elemental del espíritu religioso) en la negación de la existencia de “algo superior" a él”. (Ángel Fernández Santos. Nuestro Cine, 100-101, agosto-septiembre 1970, pp. 71-72)There are so many things right about this 1956 production of Moby Dick, it's a shame it is remembered for the one (debatable) thing wrong with it. As Captain Ahab, the bearded, one-legged, insanely obsessed whaler, Gregory Peck has often been called miscast. The mild, level-headed Peck had many talents, but the volcanic eruptions of Ahab seemed beyond him--even Peck himself felt he was a bad fit for the part after he finished playing it. (Pauline Kael opined that Peck looked like "a stock-company Lincoln.") Yet Peck's quiet brooding works an intriguing variation on the fiery character. John Huston, a director with a taste for location shooting, had his hands full with the difficult open-water filming in Ireland and the Canary Islands ("The catalogue of misadventures was unbelievable," he later wrote). Since Ahab is chasing the rare white whale, three false whales had to be constructed, two of which were lost at sea. For all the miscues, the film is amazingly controlled, and especially beautiful to look at: Huston and cinematographer Oswald Morris developed an unusual color process meant to suggest old whaling engravings. The director wrote the script with the science fiction writer Ray Bradbury, an inspired choice to adapt Herman Melville's epic novel. Richard Basehart plays the narrator, Ishmael, and Orson Welles provides a wonderful single-scene role as Father Mapple, declaiming the mysteries of the sailor's life in a thundering sermon. --Robert Horton

"Moby Dick fue la película más difícil que he hecho en mi vida. Perdí tantas batallas mientras la hacía que llegué a pensar que mi ayudante de dirección estaba conspirando contra mi. Luego comprendí que era solamente Dios. Dios tenía una buena razón. Ahab veía a la ballena blanca como una máscara de la Deidad, y a la Deidad como una fuerza maligna. Para Dios era un placer atormentar y torturar al hombre. Ahab no negaba la existencia de Dios, simplemente la consideraba un asesino..., una idea absolutamente blasfema: “¿Achab es Achab?... ¿Soy yo, es dios, o quién, el que levanta este brazo?... ¿Dónde van los asesinos?... ¿Quién condena, cuando el propio juez es llevado ante el tribunal?” La película, como la novela, es una blasfemia, así que supongo que podemos pensar que cuando Dios nos envió aquellos terribles vientos y aquellas espantosas olas estaba defendiéndose. He oído decir a la gente que había leído Moby Dick cuando eran niños. Esto les define instantáneamente como mentirosos. Nadie que no tenga por lo menos quince años —y sea maduro para su edad— podría enfrentarse a esas páginas. Trasladar una obra de esta magnitud a un guión era una empresa abrumadora. Considerándolo retrospectivamente, me pregunto si es posible hacerle justicia a Moby Dick en el cine. Yo había leído varios relatos de Ray Bradbury y veía en su obra algo de esa cualidad elusiva de Melville. Ray había indicado que le gustaría colaborar conmigo, así que cuando llegó el momento de escribir el guión, le pedí que se reuniera conmigo en Irlanda. (...) Yo, personalmente, creo que Peck le confirió al personaje una magnífica dignidad. La obsesión de Achab se nos revelaba por medio de palabras pronunciadas en voz baja, de una intensidad trastornada y controlada en pensamiento y en la acción, como si su alma hubiera sido traspasada por el rayo que le había secado de la coronilla al talón. No puedo imaginar que ningún otro actor hubiera dicho mejor el texto de “Es un día suave, suave...”. Creo que la próxima generación apreciará más esa interpretación que la generación anterior. Lo que mucha gente había visto en la primera versión de Moby Dick con Barrymore les indujo a esperar un Ahab de gestos enloquecidos y mirada fija: eso no estaba en Melville. Ahora la película está siendo justamente valorada, y Gregory Peck recibe el aplauso que siempre mereció. " John Huston
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John Huston en Arsenevich

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La ballena es Dios. Pero la censura española se las arregló para falsearlo todo en el doblaje. De Melville no te pierdas 'Bertleby'. La leí hace dos noches, no tiene nada que envidiarle a Kafka.

El lobo estepario

saynomoreglass dijo...

Gracias por la recomendaciòn, lobo. Abrazo.

Anónimo dijo...

'Bartleby, el escribiente'

L&E

Anónimo dijo...

Preferiría no hacerlo...

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