28 noviembre 2009

Howard Hawks - Rio Bravo (1959)

Inglès | Subs:Castellano/EN/FR/IT/PT
141 min | Xvid 640x368 | 1185 kb/s | 77 kb/s vbr mp3 | 23.97 fps
1,27 GB
John Wayne es un sheriff que, junto a un pequeño grupo de individuos, desafía a un rico terrateniente que está empeñado en sacar a su hermano, un joven alocado que acaba de cometer un asesinato, de la cárcel donde el sheriff lo ha encerrado.(Javier Coma: La gran caravana del western, Alianza Editorial, 1996)
Después de rodar, al frente de empresa propia, Land of the Pharaops (1955, Tierra de faraones) con destino a Warner Bros., Hawks emprendió la preparación de un film que se debía llamar África bajo el amparo de la misma compañía, la cual suministraba la participación de Gary Cooper. Con el guión terminado desde principios de 1956 y con previsión de rodaje en el continente africano a partir de septiembre, Cooper se echó atrás y el proyecto quedó paralizado; Hawks reclamó entonces, por vía judicial, a Warner Bros. más de un millón de dólares por gastos y perjuicios. Al final se llegó a un acuerdo que condujo al apoyo de esta compañía al cineasta para que éste produjera Río Bravo. Todo ello explica el largo período, cuatro años, entre el estreno de la obra sobre el antiguo Egipto y la difusión de dicho western.Respectivas animadversiones de Hawks y Wayne a High Noon (1952, Solo ante el peligro) influyeron considerablemente en el enfoque de Río Bravo. Ambos creían absurdo que un marshal solicitara reiteradamente la ayuda de los ciudadanos para enfrentarse a un cuarteto de enemigos; y Wayne consideraba "antinorteamericano" que la población entera rehusara colaborar con la ley. El desarrollo narrativo de Río Bravo fue, en consecuencia, la antítesis del de High Noon. El sheriff de Presidio Country, John T. Chance (Wayne) encarcelaba por asesinato a Joe Burdette (Claude Akins), hermano del ranchero que actuaba como cacique en la zona, Nathan Burdette (John Russell). Éste, con un elevado número de hombres de choque a su servicio, intentaba, una y otra vez, por medios violentos, la liberación de Joe, mientras Chance con el alcohólico Dude (Dean Martin) y el viejo y cojo Stumpy (Walter Brennan) como ayudantes, resistía en espera de que llegara el marshal federal para llevarse al detenido. Por orden de Burdette era asesinado el transportista Pat Wheeler (Ward Bond), amigo de Chance; y el muy joven guardaespaldas del muerto, Colorado Ryan (Ricky Nelson), se unía al sheriff, quien sólo admitía profesionales a su lado pero que recibiría apoyos del mexicano Carlos (Pedro González González), dueño del hotel de Río Bravo, y de la jugadora de póker Feathers (Angie Dickinson), que en función de su interés hacia el protagonista, se quedaba en la población pese a los esfuerzos de éste para que se marchara. La victoria de los representantes de la ley sería el triunfo de un equipo de profesionales y también la superación, por cada uno de ellos, de las debilidades particulares.Hawks trabajó en un clima todavía más familiar que el de anteriores producciones del cineasta. La historia tomada como base había sido escrita por su hija. Furthman incorporó al guión elementos de clásicos hawkasianos en los que había cooperado, Only Angels Have Wings (1939), Sólo los ángeles tienen alas) y To Have and Have Not (1944, Tener y no tener), y tal hecho se adhirió a no pocas autocitas del director, como, por ejemplo, el dúo Wayne-Brenann, reminiscente de Red River. La independiente idiosincrasia de Brackett se reflejaría en el comportamiento de Feathers, quien, por otra parte, se asimilaba a un típico modelo de mujer en los films de Hawks. Y parece que Chance, en virtud de su sentido del deber y de su determinación a cumplirlo, coincidió tanto con héroes de novelas de la guionista como con protagonistas de obras del director. Harlan y Tiomkin colaboraron una vez más con éste, quien se hizo asistir de nuevo por Paul Helmick, al que confiaría próximamente tareas de producción y de dirección de la segunda unidad.La amistad entre Hawks y Wayne se tradujo en que diversos ingredientes de Río Bravo contribuyeron manifiestamente a promocionar la superproducción que el actor estaba preparando y se disponía a dirigir, The Alamo. El hotel donde ocurrían largos e importantes fragmentos se llamaba igual que la histórica misión-fortaleza de San Antonio, Texas. Y, con referencia expresa -en boca de Colorado- al uso por el ejército mexicano en el asedio a El álamo, surgía reiteradamente el tema musical Degüello; por¬ orden de Nathan Burdette la orquesta de su saloon lo ejecutaba una y otra vez con el mismo significado que le dieran los militares mexicanos, aniquilamiento inmediato.Quizás el espíritu de oposición a High Noon, una posible venganza de Hawks sobre Cooper a causa de la negativa de éste a trabajar en el proyecto africano, se extendiese a la trascendencia concedida a la música en Río Bravo.

 De principio Hawks contrató a dos cantantes para roles protagónicos, Martin y Nelson; luego declararía que el motivo había residido en el amplio espacio conferido por la televisión tanto a westerns como a cantantes en los años precedentes. Secuencia clave del film sería la de la interpretación de un par de canciones por los tres ayudantes del sheriff, como signo del espíritu de equipo que habían logrado. Y a los sones de Degüello Dude vencía su adicción al alcohol y sus temblores de mano, imbuido de un aliento de resistencia: vertía el whisky de su vaso en la botella sin derramar una gota. Al final, los escasos compases del tema principal, entonados en off por Dean Martin, hacían hincapié en el fluir armonioso de la existencia, como las aguas del río, una vez restituido el orden en la población.Desde los inicios de mayo hasta mediados de julio de 1958 el equipo de Armada Productions, la nueva compañía de Hawks, rodó en Old Tucson: así se denominaba el enorme decorado de un pueblo del Oeste que la Columbia había construido, casi veinte años atrás, a quince millas de Tucson para filmar Arizona (1940). La obra hawkasiana, estructurada en torno a las interrelaciones de los personajes y con acento en los valores de la amistad, resultó espléndidamente creativa, a modo de una continuada reflexión ética que incluía realismo y humor a partes iguales. Abundaban secuencias magistrales, como la muda, de más de tres minutos, que abría el relato y las concernientes al rápido romance entre la resuelta y desinhibida Feathers y el sentimentalmente acobardado Chance, sin olvidar el tramo en que éste y Colorado acababan de modo fulminante con tres contrincantes.Río Bravo culmina una trilogía de Hawks con relación al western y aporta la contemplación del desarrollo de la ley y el orden en las comunidades urbanas, tras las miradas del cineasta a la conducción de ganado hacia el norte y a la ruta fluvial de los pioneros que traficaban pieles. En cada caso Hawks logró una obra maestra.

 Nadie creía posible un coche sin caballos y ahí tienen el automóvil. Nadie creyó posible un oeste sin caballos y ahí tienen Río Bravo.Río Bravo plantea unos cuantos problemas a la crítica, porque un crítico debe ver una obra maestra al instante, y dondequiera el film ha conseguido las críticas menos inteligentes. En Estados Unidos ha sido considerada aburrida, lenta y pretenciosa.En Cuba ha sido Faustino Canel, del periódico Revolución el único que reconoció la obra maestra en menos tiempo en que se hace un café expreso. Pues bien, Río Bravo es una obra maestra y algo más: uno de los films más originales del año.Formalmente, la cinta es un oeste, pero bien podría llamarse Días sin huella de la llanura, porque el problema central es los caminos que escoge un borracho habitual para su rehabilitación. A la vez es una cinta policial, en que por primera vez el sheriff es un verdadero policía y la trama tiene esos legerdemains melodramáticos que Dashiell Hammett hizo su marca de fábrica en una novela que está en las antípodas, El halcón maltés. Por otro lado -el formal-, es un estudio en lo que podría llamarse la helada geometría davinciana en el cine y que Howard Hawks, el director, ha completado con un dominio total de ese aparente fácil juego de ajedrez, como si fueran elementos en un triángulo en que la asediada hipotenusa siempre se halla en peligro de ser aniquilada por los malvados catetos.Dude es el borracho del pueblo. La cosa sucede en Río Bravo,donde todavía el español es la lengua dominante: todos le llaman Borrachón. Borrachón hace cualquier cosa por beber, hasta recoger una moneda que le tiran en una escupidera. Esto es lo que hace Joe Burdette en la primera escena del film, y cuando Dude domina su asco y su vergüenza e intenta recobrar la moneda de la escupidera, John T. Chance, el alguacil, le pega una patada y la lanza lejos. Joe Burdette se ríe. Dude comprende, por entre la lejanía del alcohol, su ruindad, su degradación total, su ínfima humanidad. Furioso, pega con un palo a John T.Chance y lo lanza inconsciente. Avanza sobre Joe Burdette, que sonríe como un malvado, y trata de pegarle. Dos hombres de Burdette lo atajan y lo reducen a la impotencia, y Joe Burdette le pega sin misericordia.Un extraño, repugnado, intenta impedir el abuso; Joe se da vuelta, mira al hombre que le toma por el brazo y, sin dejar de sonreír, saca su revólver y lo mata. El extraño está desarmado y muere con un gesto de extrañeza. Burdette es ahora un asesino. Esta es la primera secuencia de Río Bravo y la que genera no sólo la película, sino también un nuevo estilo en Howard Hawks.Toda la escena está realizada como si se tratase de una pantomima,sin palabras y con el máximo de movimiento, y solamente cuando el alguacil Chance encuentra a Burdette en otra cantina y le dice: "Quedas arrestado por asesinato", se dice la primera palabra y comienza realmente la cinta. La secuencia está pensada como una respuesta irónica de Hawks a las películas que comienzan con un prólogo antes de los títulos o con los títulos que se imprimen sobre el prólogo. Esta vez el prólogo está en el contexto del film y no sólo explica el comportamiento futuro de los personajes, sino que sienta la tónica melodramática, policial, interior y morosa de este oeste helado. El argumento se preocupa principalmente por la rehabilitación de Dude -interpretado en su ya característica vena entre humorística y levemente sarcástica por Dean Martin, a quien ha convenido como nadie la separación de Jerry Lewis-, que de borracho e inútil, por causa de una mujer, sube paso a paso en la estimación general, gracias a la amistad de un hombre: Dude ayuda al alguacil Chance a guardar al prisionero mientras venga por él al sheriff del condado. Es esta espera -larga, enriquecida por los incidentes menos previstos- el asunto de Río Bravo. Para algunos es una visita a la antesala del dentista. Para el cronista es una experiencia memorable, digna de recordar: esto es lo que hace las obras maestras. El ansia de alcohol de Dude, su valor,su puntería legendaria; el seco humorismo del alguacil Chance -John Wayne es ahora el gran actor de esas epopeyas de polvo que descubrió John Ford en La diligencia: él es el vaquero por excelencia y después de Gary Cooper no hay quien le saque ventaja con su lenta voz, su andar acompasado y su displicencia por la vida: en Río Bravo Wayne ha actuado con una facilidad que hace años que el cronista no le veía; la explicación: Wayne estaba molesto porque Dean Martin tenía todas las posibilidades en su rol y porque le habían colocado entre dos cantantes, uno casi retirado, otro ídolo de las pepillas, y se consideraba diezmado, mermada su reputación,y se dedicó a hacer con la punta del lápiz lo que a los otros dos costó Dios y ayuda: se dice que en una ocasión Martin y Nelson tuvieron que repetir sus escenas quince veces mientras Wayne lo hacía bien a la primera toma; la quejosa bravura de Stumpy -que Walter Brenann ha completado con competencia muy suya,estereotipado, pero robándose todas las escenas en que aparece-; la espera en la cárcel y la tensión creciente;la ronda por el pueblo, cargada de humor y temor; la llegada de Lou Burdette, elegante en su caballo blanco,impoluto en su malvada presencia;la tonada tocada por el mariachi,española y terrible y que uno de los personajes explica que es El degüello, el aire que Santa Anna mandó tocar día y noche antes de aniquilar la resistencia americana en El Álamo: su sonido quejumbroso en la noche, su repetida insolencia, su humor macabro;el vaso de cerveza en que cae la sangre del asesino fugitivo, cuando ya Dude va a dejarse vencer por el alcohol y la muerte precisa del pistolero, en el viejo estilo, pero renovada por esa geometría del suspense que uno creía que Hitchcock había acaparado para sí solo y que ahora ve trasplantada con éxito al cotarro de los seistiros y la diligencia; las diversas estratagemas de los malos y la ingenua, ingeniosa naturaleza de los buenos, que despachan a sus enemigos uno tras otro, como de paso; la matanza final, deportiva y tan cinematográfica;y la nota humorística con que se cierra la película, tan de Hollywood y tan de Hawks: tan cine Howard Hawks declaró una vez que no quería hacer más oestes, como si considerara que Río Rojo era una obra maestra y que no había más que decir. Ahora, con Río Bravo -y la selección del título no deja nada al azar: hay la evidente intención de que se hagan comparaciones- hace otra obra maestra y de paso da un repaso a su carrera: salta a la vista la parodia del género y de su propia obra. Véase:[Scarface], el terror del hampa comienza con cinco minutos en que no se dice nada y que todo sucede como en una pantomima: el primer asesinato de Tony Camonte sentará la tónica de todo el film… y de todo un género. Río Bravo tiene la técnica de una novela policial y precisamente de las escritas por Dashiell Hammett y Raymond Chandler, que fueron las favoritas de Hawks en el pasado.

Como en El sueño eterno, [Historia de un detective] o El halcón maltés, el espectador no sabe qué va a ocurrir el minuto próximo:a veces, es una nadería llena de humor, otras una catástrofe mortal y una bala asesina surca el espacio en el momento más inoportuno -entre las humoradas de Hawks, anotada esta vez por un crítico inglés, está el haber escogido a Ward Bond para el personaje de un jefe de caravanas y haberlo matado en los primeros veinte minutos del film:¡sucede que Bond es un indestructible jefe de caravanas en un duradero programa de televisión!-;Walter Brennan está en el film como un recuerdo amistoso a Tener y no tener, ya que allí era también un viejo gruñón y rengo y el final le estaba encomendado a su andar crujiente, mientras Lauren Bacall y Humphrey Bogart se besaban: también Angie Dickinson -un descubrimiento de Hawks, como la Bacall- aparece recordando algo del papel de Betty Bacall:una de las líneas famosas de ésta ("Es mejor cuando lo hacen dos", dijo después que Bogart se mostraba frío a sus besos), está caricaturizada paso a paso por la Dickinson (dice ella, después que ha besado a Wayne y éste le devuelve el beso: "Es mucho mejor cuando no lo hace una sola"); la presencia de la mujer como desgracia y suerte del hombre y las líneas femeninamente cínicas de la Dickison aparecen en la obra de Hawks muy a menudo, sobre todo en Los caballeros las prefieren rubias; y la relación de John Wayne y Ricky Nelson -que no está tan mal como dicen los críticos ni tan bien como anhelan las pepillas- es muy parecida a la relación entre el mismo Wayne y Montgomery Clift en Río Rojo; y en todo el film hay una constante de claves que responden a momentos de la historia cinematográfica de Hawks y momentos muy precisos de su obra, que hay que conocer bien para poder detectar.En suma, Río Bravo es una obra maestra del género y una de las películas más importantes y más ricas que haya hecho Howard Hawks, un maestro del cine americano. Una película que el cronista ha gozado en extremo y que recomienda, aunque por encima del humor y el deportivismo y lo cinemático haya podido detectar esa mala semilla de Hollywood, un elemento siempre presente en los oestes: el fascismo. Río Bravo lo revela claramente en una frase. Dice el latifundista Lou Burdette cuando le informan de las hazañas realizadas por Dude, considerado un derrelicto irredimible: "Todo hombre tiene que cogerle el gusto al poder antes de morir". Sucede que esa frase la pronunció hace unos cien años Otto von Bismarck. (Crítica de Guillermo Cabrera Infante, Carteles,1959, La Habana)
When it comes down to naming the best Western of all time, the list usually narrows to three completely different pictures: John Ford's The Searchers, Howard Hawks's Red River, and Hawks's Rio Bravo. About the only thing they all have in common is that they all star John Wayne. But while The Searchers is an epic quest for revenge and Red River is a sweeping cattle-drive drama ("Take 'em to Missouri! Yeeee-hah!"), Rio Bravo is on a much more modest scale. Basically, it comes down to Sheriff John T. Chance (Wayne), his sobering-up alcoholic friend Dude (Dean Martin), the hotshot new kid Colorado (Ricky Nelson), and deputy-sidekick Stumpy (Walter Brennan), sittin' around in the town jail, drinkin' black cofee, shootin' the breeze, and occasionally, singin' a song. Hawks--who, like his pal Ernest Hemingway, lived by the code of "grace under pressure"--said he made Rio Bravo as a rebuke to High Noon, in which sheriff Gary Cooper begged for townspeople to help him. So, Hawks made Wayne's Sheriff Chance a consummate professional--he may be getting old and fat, but he knows how to do his job, and he doesn't want amateurs getting mixed up in his business; they could get hurt. This most entertaining of movies also achieved some notoriety in the '90s when Quentin Tarantino (director of Pulp Fiction, Reservoir Dogs, and Jackie Brown) revealed that he uses it as a litmus test for prospective girlfriends. Oh, and if the configuration of characters sounds familiar, it should: Hawks remade Rio Bravo two more times--as El Dorado in 1967, with Wayne, Robert Mitchum, and James Caan; and as Rio Lobo in 1970, with Wayne, Jack Elam, and Christopher Mitchum. --Jim Emerson
"Pienso que los mejores westerns son, al fin y al cabo, aquellos que llevan la firma de un gran hombre. Digo esto porque amo el cine, porque creo que no es fruto del azar sino del arte y del ingenio de los hombres, porque creo que no se puede amar realmente ninguna película si no se aman profundamente las de Howard Hawks." Eric Rohmer
“Si Hawks encarna el cine clásico americano, si ha ennoblecido todos los géneros, ello es así porque siempre ha encontrado la cualidad, la grandeza esencial de cada género en particular, y ha combinado sus temas personales con aquellos a los que ya había dado peso y riqueza la tradición americana." Jacques Rivette
"Los grandes cineastas siempre se someten, acatan las reglas del juego. Yo no lo he hecho así porque soy un cineasta menor. Valga como ejemplo el cine de Howard Hawks, Río Bravo en particular. Es una obra caracterizada por una extraordinaria lucidez psicológica e inteligencia estética, pero Hawks la ha dirigido de forma que esta lucidez pase inadvertida, que no moleste a los espectadores que han venido a ver una película del Oeste como otra cualquiera. El logro que supone deslizar todos los temas que más le interesan en una trama tradicional duplica la grandeza de Hawks." Jean-Luc Godard
"Todo lo que hago es contar una historia. No la analizo ni pienso demasiado en ella. Trabajo sobre la base de que si a mí me gustan unas personas y me parecen atractivas, puedo hacerlas atractivas. Si creo que una cosa es divertida, entonces la gente se ríe con ella. Si creo que una cosa es dramática, el público también lo cree. No me paro a analizarlo. Sólo hacíamos las escenas que eran divertidas de hacer. Creo que nuestro trabajo es entretener." Howard Hawks

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2 comentarios:

N.N. dijo...

Hola Sayno:

Han borrado los subtítulos de Rapidshare. ¿Podrías volver a subirlos, por favor?

Saludos y muchas gracias, por ésta y por todas las otras.

Polidori

scalisto dijo...

Resubida.