05 noviembre 2009

Forugh Farrokhzad - Khaneh siah ast (1963)

Persa/Persian (Subs francès incrustados) I Subs:Castellano/English
22 min I Xvid 608x464 I 2211 kb/s I 134 kb/s vbr mp3 I 25 fps
349 MB + 3% recuperación rar
Obra maestra documental sobre la vida de los enfermos de lepra en Iran. La casa es negra fue escrito y dirigido por la poeta iraní Forugh Farrokhzad.Algo se impone desde los primeros planos, algo que hace este film indiscutible, incluso para aquellos que no saben nada de Forugh Farrokhzad ni de su papel en la cultura iraní contemporánea y que le sitúa inmediatamente, sin las muletas propias de discurso, análisis o interpretación alguna, en el cine esencial.Es una suerte de seguridad y de absoluta necesidad en los planos, la certeza en el modo de situar esos rostros y cuerpos de leprosos en un ángulo, en un encuadre y a una distancia que se imponen por su evidencia y su fuerza. No es la mitología que se ha creado en torno a esta poetisa y su vida la que designa este film único en nuestra opinión, sino su capacidad de decisión en el gesto de filmar, lo que la une a algunos grandes cineastas. No hay aprendizaje alguno que pueda transmitir este conocimiento.Lo más injusto para todos aquellos que creen que el cine puede aprenderse es la evidencia de que Forugh era una cineasta nata, la misma evidencia que nos asalta cuando contemplamos los planos de Jean Vigo, del Luis Buñuel de Las Hurdes, de las películas de Charlot. En cada plano, se dice todo acerca de la realidad y de la relación del cineasta como ser humano, -total e indivisible en lo referente a su percepción y a su filosofía del mundo- frente a lo que ha elegido filmar, con los ojos extremadamente abiertos y esquivamente cerrados a un tiempo.Los mundos de Vigo, Buñuel y Chaplin tan sólo existen a través de ese parpadear. Cuando Giacometti mira a una mujer, una cabeza, un busto, incluso durante meses, necesita cerrar los ojos para obtener de la tierra la forma que viene de ella o de él, y que es más real que su realidad misma. Sucede lo mismo con Forugh Farrokhzad filmando la leprosería, y en nuestros días, con otro cineasta iraní del mismo temple, Abbas Kiarostami. Cuando se descubrieron sus películas en Francia, -digamos hasta Close up - se le consideró un cineasta de ojos abiertos, tan sutil y suave era el deslizamiento entre el mundo percibido con los ojos abiertos y el concebido a ojos cerrados.En este punto esencial se juega la extraña filiación entre una madre siempre joven y un hijo cinematográfico que en nuestro imaginario visual siempre ha sido mayor que ella. La escena de la joven en la cava de El Viento nos llevará explica cómo Kiarostami no se ve a sí mismo como un heredero sino como un médium entre una mujer muerta hace treinta y siete años, cuyos rasgos reales se han difuminado convirtiéndose en un icono y una mujer cuarenta años menor, cuyos rasgos permanecerán ocultos a nuestra mirada.Kiarostami otorga a una joven que le sucede en tierra iraní lo que recibió de otra joven que la precedió en esa misma tierra: el don de la poesía. Y ese don se entrega bajo la tierra, en una gruta, en la noche de los muertos y en el limbo de lo visible. Esta poesía de Forugh Farrokhzad, que no pudo escribirse,-como toda poesía-, salvo con los ojos cerrados, es recogida por una mujer de ojos invisibles.Si esta película es a un documental común sobre una leprosería lo que un aguafuerte de Goya es a un croquis realista, se debe a la capacidad de la cineasta para mirar a los leprosos y su mundo como una parte de la realidad visible, -era necesario mirarla de frente sin vergüenza ni temor-, así como otra versión posible de la humanidad tal y como podría imaginarse cerrando los ojos ante los leprosos, para guardar en la oscuridad, con los párpados cerrados, una suerte de presencia remanente de algunas imágenes demasiado fuertes como para pasar a otro asunto, refrescar la mirada.Hay planos negros excepcionalmente largos en esta breve película, como si el espectador a su vez fuera invitado a cerrar los ojos para depositar en él las imágenes que la cámara le ha ofrecido a ver ojos abiertos. El tiempo de constitución del sustrato de imágenes es un tiempo indispensable para poder mirar a los leprosos frente a frente sin pestañear, ojos abiertos. Algunas imágenes rechazan esconderse tras otras que las suceden, y continúan viniendo a inundar la pantalla e incluso en otras escenas donde resurgen de improvisto en el momento en que el espectador no las espera. Permanecen entre dos aguas, bajo la superficie del film, tocando de repente la superficie no tanto como un “montaje a distancia” de Pelechian sino como un remordimiento diurno que surge en la noche en mitad del sueño para atormentar al soñador. Buñuel desafiaba al espectador a mantener los ojos abiertos con el plano de la navaja rasgando el ojo en Un perro andaluz, Forugh Farrokhzad le obliga a una persistencia retiniana “mental”de insistencia y duración anormales. No se contenta con describir o documentar la realidad de la leprosería y los hombres, mujeres y niños que la frecuentan, sino que construye visiones, en el sentido en que aquel que tiene una visión niega un momento de la banal realidad del mundo frente a lo real fulgurante que aquí confina a lo surrealista.(Fragmento del artículo de Alain Bergala “Les yeux ouverts, les yeux fermés” sobre el film La casa es negra de Forough Farrokzad. Publicado en la revista Cinéma 07. (Printemps 2004) Editions Léo Scheer. Paris)
El comienzo de esta película, su desarrollo y su final, ponen en cuestión el pretendido vínculo de todas las formas artísticas con “la belleza”. No es que el vínculo no exista, sino que no es tan claro que la belleza deba ser el objetivo y parámetro último de cualquier expresión artística. Cada cierto tiempo hay artistas que se proponen exhibir la banalidad que suele esconderse en lo que concebimos como belleza; lo hicieron Velásquez, Picasso y Francis Bacon, y podríamos que decir que el resultado siempre fue un espectro mayor de lo registrable y lo transmisible, más cartas para la baraja, en la medida de que conservaran la relación con las cartas antiguas y por ende, con la belleza. Los rostros de los internos de un leprosario en Irán que aparecen en los 22 minutos que dura esta cinta son nuevas cartas para el naipe del cine, porque la película que los retrata induce a que los miremos de una manera que desplaza al sentido común. Ellos viven cotidianamente una experiencia límite, la realización permanente de uno de los grandes terrores de los seres humanos: la deformidad. “El mundo está lleno de fealdad” , dice una voz en off masculina sobre fondo negro. “Y habrá todavía más si miramos hacia otro lado” . La indiferencia hacia la fealdad es indiferencia hacia el sufrimiento de quien la padece, y el primer plano de esta película va todavía más allá al mostrar a una mujer del leprosario, con el rostro semi tapado pero inequívocamente deformado por la lepra, mirándose a un espejo y donde vemos que más que sufrimiento hay terror. A los niños de la escuela dentro del leprosario se les enseña el Corán, a agradecer por los ojos con que ven la fealdad propia y de sus compañeros, por las manos aun cuando ya no tienen dedos, por los pies aun cuando no sirvan para caminar. Mientras, una voz femenina le pregunta: “Oh, Dios. ¿Quién es aquel que te alaba desde del infierno?”. Esa voz pertenece a la poeta irani Forough Farrokhzad, guionista y realizadora de esta película, la que coronó una corta vida de 32 años que le alcanzó para escribir la obra poética más importante del siglo 20 dentro de la literatura de su país. No es ironía lo que hay en la voz de la poeta. Por mucho que las loas a Alá contrasten ferozmente con las deformidades que vemos, las suras del Corán no son palabrería vacía en estas circunstancias, sino la expresión fundacional de una cultura basada en la compasión. “¿Quién te alaba desde el infierno?”... Tal vez la pregunta no sea exacta, pues entre sus muchos atributos el infierno es aquel lugar donde todos se odian con todos. Por cierto que no es odio lo que vemos en la convivencia de los leprosos, sino un intento desesperado de reconstruir y recuperar la cotidianidad que permite a las personas olvidarse de ellas mismas. El montaje sirve para mostrar lo diverso y lo igual. Las distintas deformidades que puede causar la lepra, así como la repetición maquinal de la vida en este leprosario que no es otra cosa que una prisión para inocentes. La construcción de la película es ambigua en cuanto al rol de la religión y de la presencia o no presencia del Dios reverenciado en ese país musulmán. La directora filma la pequeña y desvencijada mezquita del leprosario como si allí no hubiera nada más que precariedad material y personas llenas de fe que buscan consuelo. Tal vez no esté Alá, el compasivo y misericordioso, pero sí está la piedad y la entrega absoluta y auténtica ante la que no se puede sino guardar un férreo respeto, y una extrañeza que tampoco es ajena a la joven realizadora. Hay por lo menos tres voces en este breve documental, hecho por encargo de la Sociedad por la Ayuda a los Leprosos. La primera es la de la propia directora, cuyos poemas sobre el dolor de existir encuentran en las imágenes una caja de resonancia que altera y profundiza el sentido de sus palabras; ya sea por las deformidades extremas y sus consecuencias, ya sea porque los breves instantes de felicidad que vemos en pantalla (un juego de pelota o un matrimonio) no transmiten ninguna felicidad a quien la presencia. Hay otra voz que en un breve pasaje revela el objetivo concreto del documental y de quienes lo financiaron: llamar la atención sobre lo que se está haciendo y lo que se puede hacer, porque “la lepra no es una enfermedad incurable”. Y las otras voces son las de los mismos leprosos, los que ofrecen lo poco y nada que tienen al compasivo y misericordioso en la mezquita, los niños que leen libros no escritos para ellos, y finalmente un joven prematuramente envejecido que escribe en la pizarra el título de esta película, aludiendo a la casa de la lepra y sus habitantes castigados e inocentes. Jonathan Rosenbaum dice que esta película es la mejor síntesis de cine y poesía que haya visto; mientras que muchos otros dicen que el cine iraní que conocemos tiene muchas deudas directas con estos veinte minutos de metraje. Están los niños, cuya naturalidad y simpleza puede alegrar pero también aterrar cuando con esas mismas cualidades se enfrentan a los males que no entienden y no merecen. El color del paraíso de Majidi no se explica sin esta película. Está el costumbrismo cargado moralmente, que muestra el trabajo y el ocio de las personas como una forma de comprenderlas con la mayor profundidad posible, a ellas y a sus tradiciones y creencias más trascendentes. Gabbeh y El silencio de Mohsen Makhmalbaf tienen ecos claros aunque algo lejanos de este documental. Finalmente, está el intento de Abbas Kiarostami de convertir en imágenes simples y escenas triviales algunas de las combinaciones de imágenes y texto logradas por la realizadora, y de traducir los poemas de la autora y su relación con la vida a historias de gente relativamente normal. Aunque sea difícil de creer, todo esto parece “salir” de un cortometraje documental por encargo. (Texto de Juan Pablo Vilches)A classic in Iranian New Wave filmmaking from poet/ director Forugh Farrokhzad presents a haunting and sympathetic examination of life in a Tabriz leper colony. Through powerful imagery and a striking voice- over by Farrokhzad, a startling glimpse into a hidden aspect of humanity is revealed. A film of staggering force, lyrically composed by one of the 20th century's leading poets, The House Is Black is a revelation. In the 1960s, poet Forough Farrokhzad directed her first and only film. It depicts the lives and bodies of people tragically deformed by leprosy. This is a film of stirring and powerful images, and a beautifully tragic poetic narration. The House Is Black has heavily influenced the modern Iranian cinema of such great filmmakers as Abbas Kiarostami and Mohsen Makhmalbaf, who called it "the best Iranian film." It provides, in the film's own words, "a vision of pain no caring human being should ignore."
"Hundiré en el jardín mis manos,germinarán, lo sé, lo sé, lo sé..." Forugh Farrokhzad
Enlaces:

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Forugh Farrokhzad (5 Enero, 1935 — 13 Febrero, 1967)

8 comentarios:

Matapuces dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Matapuces dijo...

Muy bueno el documental. lástima que sea tán breve.
Saludos!!

Anónimo dijo...

Hola. He visto que dabais consejos a algunos "lectores" del blog y yo os pediria que me dijerais como puedo unir el CD1 y CD2 de "Era notte a Roma" de Rossellini, que me vuelvo loco porque no me reproduce el CD2 en el reproductor de mesa!!!!!!! Gracias anticipadas.

A usted, Saymo, decirle que la pelicula que cuelga es muy dificil pillarla por ahi, y yo personalmente la buscaba sin descanso. Es una joya dificil de conseguir. Muchas gracias. Gracias también por Kobayashi, Bellocchio y Glauber Rocha!!!!!!!!!!!

Johnny Guitar

saynomoreglass dijo...

Pucha, me da hasta verguenza no poder echarle una mano, Sr Johnny Guitar, definitivamente no estoy a la altura de su imposible corazòn y sus proyectos. Ojalà sca o tah puedan. Y gracias por las gracias, gracias a Forugh,a kobayashi, a Bellocchio,a Rocha etc etc etc

Un abrazo

saynomoreglass dijo...

Saludos igual, Matapuces!!

scalisto dijo...

Matapuces: bájate el Virtual Dub (VDub) o el Virtual Dub Mod (VDubmod).

Abres el primer CD con VDub, en el menú de video escoges "direct stream copy", en el menú principal escoges "Append segment" y ahí clickeas sobre el CD2. Luego "save as" y le das un nombre al archivo completo. En 2-4 minutos estará listo.

El único probema que puede aparecer es que los archivos tengan alguna diferencia en su codificación. Ahí será imposible unirlos con este método. Por suerte, este problema es cada vez menos frecuentes.

Suerte

Anónimo dijo...

Muchas gracias!! No sé dónde conseguís estas joyas porque no dejo de descubrir maravillas por aquí...
Saludos,
Alberto

chicharro dijo...

Khaneh siah ast (La casa es negra/The House is Black) de Forugh Farrokhzad, recuperada