30 octubre 2009

Bernardo Bertolucci - Il Conformista (1970)

Italiano I Subs: Castellano/English
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1,36 GB
En 1938 en París Marcello Clerici está inmerso en sus recuerdos. Es un joven profesor de filosofía, cuya existencia ha sido marcada por un acontecimiento dramático: en efecto, cree que de pequeño mató a Lino Seminara, un chofer que intentó mantener relaciones homosexuales con él. A partir de entonces ha estado constantemente buscando algo que le rescate del remordimiento que le atormenta. Cuando el fascismo llega al poder, persiguiendo su propio deseo de normalidad, Clerici comulga con el régimen: esta elección le permite introducirse en una sociedad cuyos emblemas son el orden y la disciplina y en la que el mal y la violencia se han convertido en modelos de comportamiento muy extendidos. También su vida privada revela una evidente vocación de conformismo: atormentado por una madre morfinómana y un padre violento, Clerici está comprometido con Giulia, una chica burguesa, fácil y ambiciosa. Sin embargo, él cree que al casarse ella también se convertirá en una señora “normal”. La oportunidad de superar su sentido de culpabilidad se la ofrece la propuesta que le hace la Ovra, la policía secreta fascista: debe entregar a los sicarios del régimen al profesor Quadri, su antiguo profesor de la Universidad y actualmente exiliado político en Francia. Colaborando en este delito, Marcello cree que podrá redimirse del asesinato que cometió en su juventud: en efecto, esta vez la muerte se justifica por los principios en los que cree.
Podría decirse que El conformista, basada en la novela de Alberto Moravia, es una de las mejores películas de Bertolucci, y que además constituye un corte dentro de la filmografía del director, un antes y un después en el que de a poco queda atrás la experimentación y el ensayo (Partner, Prima della rivoluzione) para salir a la búsqueda de un espectador mayoritario. Qué gran año 1970 para Bertolucci: el traidor y el héroe de Borges metaforizado en La estrategia de la araña y el texto de Moravia que bucea en los pensamientos y la ideología (y también en sus miedos y traumas de la infancia) de un fascista que debe asesinar a quien fuera su profesor marxista. Hoy Bertolucci es un anacronismo como cineasta luego de que sus últimas películas (Cautivos del amor, Refugio para el amor, Stealing Beauty, Los soñadores) fueran, de manera injusta, reprobadas por una buena parte de la crítica y el público. A nadie le interesa el Bertolucci de los ochenta hasta hoy, aun con sus desniveles y sus tardíos escándalos, y sí aquellos años en que El conformista junto a las películas de Pasolini, Fellini, Bellocchio, los Taviani conformarían un corpus irrepetible para la historia del cine. En efecto, Bertolucci fue uno de los tantos cineastas que se dio cuenta de la crisis ideológica de los sesenta y uno de los primeros que abrió las puertas de un cine internacional, provocador y talentoso, desmesurado y ciclotímico, destinado a la revisión de medio siglo de Italia (Novecento), al ajuste de cuentas con su compromiso político anterior (Último tango en París) y a desentrañar el tema del Edipo en clave operística (La luna). Justamente, esa gran década del director se abría con El conformista y se cerraría con La luna, en medio de escándalos, prohibiciones y cortes de la censura. Se recuerda que en Argentina, durante la dictadura, La luna se estrenó con 25 minutos menos…Por ese motivo, tal vez sus películas posteriores (incluyendo al academicismo oscarizado de El último emperador) resulten menos interesantes que esos diez años en los que Bertolucci logró conjugar su puesta en escena operística con los temas que más lo preocupaban: el sexo, la política, el psicoanálisis. Bajo estos códigos de identificación, El conformista es una película de contrastes: la Italia fascista y el marxismo francés, la sexualidad castrada y el sexo liberal, el psicoanálisis como recuerdo del pasado y el psicoanálisis dialéctico, el nuevo mundo que intenta sostenerse a través del asesinato y la delación y otro mundo diferente que se aferra a las ideas en lugar de a la violencia y el crimen. Y allí está Marcello Clerici (Jean-Louis Trintignant) dispuesto o no a cumplir la misión de matar a su profesor marxista para eliminar todo rastro de un pasado que lo llevó a sumergirse en dudas e incertidumbres (ideológicas, afectivas, morales). Clerici es un fascista convencido de su rechazo a un mundo que empieza a descubrir cuando viaja para cumplir el mandato fascista. No es un personaje convencido por una actitud reflexiva sino por aquello que lo rodea: un mundo feliz, sin ataduras sexuales, que baila festivo y vital a su alrededor mientras no comprende de qué se trata semejante alegría. En ese sentido, la gran escena que transcurre en el restaurante, donde cara a cara bailan las dos mujeres opuestas y complementarias (la ingenua novia del protagonista y la desinhibida pareja del profesor), acaso sintetice el ideal femenino de Clerici. Este extraordinario momento de El conformista, en el que confluyen los personajes principales y secundarios de la película, también resume las virtudes de puesta en escena del director, sus obsesiones temáticas y su pasión por el cine norteamericano clásico: hasta puede verse una foto de Stan Laurel y Oliver Hardy sin que se expliquen los motivos.Sin embargo, sería una pena que esta escena sólo sea recordada por el baile entre Dominique Sanda y Stefania Sandrelli, pleno de erotismo voyeurista (Clerici mira sin entender, claro). Es en este punto donde el cine de Bertolucci se transformaría en una pieza de museo cuyos responsables son el mismo director y un público que sólo extraña sus películas por esas escenas provocadoras. Es verdad: los años 70 en Italia, ya lejos de La dolce vita de Fellini y más cerca de la fragmentación ideológica del PCI y de la aparición oficial de Las Brigadas Rojas, necesitaban un cine que hiciera temblar la cúpula del Vaticano. Por eso, mientras Pasolini estrenaba Saló o los 120 días de Sodoma para ser asesinado, poco más tarde, por un amante ocasional (para la historia oficial), Bertolucci concebiría sus mejores películas. Pero el tiempo también le hizo daño a su obra setentista: cuando se habla de esos films, se recuerda ese baile de las dos mujeres en El conformista, la maratón sexual de Brando y María Schneider en Último tango…, la masturbación simultánea de la prostituta a los amigos (Depardieu y De Niro) en Novecento y los encuentros íntimos entre madre e hijo en La luna. Lamentablemente es así y no debería serlo: estas películas de Bertolucci siguen estando por encima de esas escenas que provocaron escándalo.Pero hay otra escena en El conformista que también sirve como recuerdo de aquel cine que empezaba a ser popular, y que tiene relación con la forma en que el director presentaba su pensamiento político. Antes de cumplir la misión y paseando con su objeto de deseo incomprensible (la novia de su profesor), Clerici es cercado por una mujer y sus dos chicos que venden flores. La mirada de Clerici es imperturbable frente a semejante hecho mientras continúa su paso por la calle. La mujer se da cuenta de quién es y qué representa como ícono de una ideología, razón por la cual comienza a entonar “La Internacional” a pocos metros del protagonista. ¿Qué ocurre hoy con esta escena, en su momento potente y esclarecedora? ¿Es que el cine de Bertolucci, incluyendo la gran película que sigue siendo El conformista, se ha transformado en algo solamente didáctico e ingenuo? (Texto de Gustavo J. Castagna. tomado de El Amante.com)
With The Conformist, Bernardo Bertolucci delivered one of his signature masterworks and joined the ranks of world-class directors. Based on the acclaimed novel by Alberto Moravia (who greatly admired Bertolucci's adaptation), this milestone of cinematic style concerns one of Bertolucci's dominant themes--the duality of sexual and political conflict--in telling the story of Marcello (Jean-Louis Trintignant), a 30-year-old Italian haunted by the memory of a sexually traumatic childhood experience. As an adult with repressed homosexual desires, Marcello wants nothing more than to conform to the upper-crust expectations of Italian society, so he marries the dim-witted, petit-bourgeois Giulia (Stefania Sandrelli), and willfully joins the Italian Fascist movement, traveling from Rome to Paris with an assignment to assassinate his former academic mentor, Prof. Quadri (Enzo Tarascio). As he grows attracted to Quadri's bisexual wife Anna (Dominique Sanda), who is in turn attracted to Giulia, Marcello's path of duplicity parallels that of Mussolini's inevitable downfall. He's on an irreversible course of self-destruction, on which his troubled past and morally corrupted present will collide in a soul-crushing heap of personal contradictions.
"Yo soy Marcello y hago películas fascistas y quiero matar a Godard, un revolucionario que hace películas revolucionarias y que fue mi maestro." Bernardo Bertolucci
Nuevos enlaces, cortesía de Ana

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Bernardo Bertolucci en Arsenevich
Prima della Rivoluzione

5 comentarios:

Daniel dijo...

Estaba en proceso de sincronización de subtitulos para esta peli porque no había dado con unos que le vayan ien a la versión que tengo, que parece ser la misma, asi que esta vez me robo los subtitulos nada mas. Muchas gracias.

saynomoreglass dijo...

Ojalà le vayan bien, Daniel. Bueno verte de nuevo por aquì. Abrazos.

Anónimo dijo...

Muchas gracias,estupendo film del genial Bertolucci y ESPECTACULAR el
blog.
Saludos.

Eddelon

scalisto dijo...

Il Conformista de Bernardo Bertolucci recuperada por Ana

Blue dijo...

Gracias, Scalisto!
Gracias, Ana!
Gran película...