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En plena Segunda Guerra Mundial, un anciano militar británico rememora su larga y excitante vida. Su larga amistad con un colega alemán o su desobediencia a las ordenanzas para ayudar a una bella compatriota en apuros sólo son dos episodios de una experiencia personal inolvidable...

Michael Powell y Emeric Pressburger filmaron juntos películas buenas, grandes y excepcionales (Las zapatillas rojas, Narciso negro, Los cuentos de Hoffman). Entre ellas, una que se convirtió en asunto de Estado inglés durante plena Segunda Guerra por su personaje protagónico: un coronel inglés capaz de entablar amistad íntima con uno alemán. Película tanto menos vista que mentada a lo largo de las décadas por haber perturbado a Winston Churchill, La vida y muerte del Coronel Blimp se originó de una manera tal que solo podía ser una provocación para el establishment británico: con la adaptación de una historieta, de una tira cómica, de una serie de caricaturas. Tal fue la fuente para el retrato del veterano del ejército británico Clive Wynne-Candy, en plena Segunda Guerra. The Life and Death fue estrenada en 1943, y sus directores Michael Powell y Emeric Pressburger (que a lo largo de más de cuarenta años de amistad y sociedad creativa realizaron varias obras maestras sabían que estaban tratando con artillería pesada. La historieta de David Low, un autor de parodias políticas que llevaba largo tiempo publicando a su Colonel Blimp en el Evening Standard, tenía una mirada paródica sobre los sectores más conservadores de la sociedad y sobre las instituciones en general; un espíritu de esos que las autoridades nacionales miraban con desconfianza en épocas críticas como las que estaba atravesando el país. Low definía a su caricaturesco personaje como “un símbolo de la estupidez, teniendo en cuenta que la gente estúpida es bastante simpática”. Powell y Pressburger escribieron un guión que narraba cuarenta años en la vida de este personaje, desde la guerra de los Boers hasta la segunda contienda mundial; y su amistad con un militar alemán, el teniente Theodore Kretschmar-Schuldorff (el actor Anton Walbrook), disidente ante la avanzada del nazismo. La sola idea de construir a un germano capaz de despertar una enorme simpatía en el público, justo en ese momento en que todavía se creía que los nazis podían ganar la guerra, constituía toda una afrenta.
El largo lapso en el que transcurre –en una estructura cronológica desordenada, mediante flashbacks– le permite narrar también el paso de una juventud de pura energía a una vejez no senil pero sí con inequívocos signos de degradación. Y es de eso que trata principalmente la película: de un hombre que se atiene a un rígido pero viejo código de honor, empecinado en mantener los buenos, muy british modales hasta en la guerra, y convencido de que hasta en el fragor de la batalla es necesario respetar la puntualidad con que se ejecuta un ataque sobre el enemigo. Esa misma corrección moral es la que se pone en juego –“algo más de sentido común y malos modales hubieran ahorrado tiempo y vidas humanas”, le espetan–; y la Segunda Guerra termina por decretar el final de toda inocencia para Europa.
The Life and Death of Colonel Blimp no es el film de propaganda patriótica al que Churchill hubiera querido que todos los cineastas se consagraran en aquellos años, y si no lo prohibió fue sencillamente porque no pudo. Lo que sí intentó fue sabotearlo por todos los medios que tuvo a su alcance: primero no permitió licenciar a Laurence Olivier –el primer actor en quien pensaron, antes de acudir a Roger Livesey– que estaba prestando servicio en el ejército; después no les cedió el uso de elementos y locaciones militares; y eventualmente intentó que la Rank, la compañía que producía el film, no lo mostrara fuera del país, y hasta intentó negarles el permiso de exportación necesario para hacerlo. Nada detuvo a P&P, quienes finalmente, según opinan muchos críticos, salieron ganando con Livesey –bajo la opinión de que Olivier lo hubiera caricaturizado demasiado– y que “tomaron prestados” todos los equipos que necesitaron para el rodaje. Pero la película llegó a EE.UU. tarde y recortadísima –y reeditada y reordenada linealmente–, que es como se la vio hasta su rescate en los años ’80. Hoy se la puede apreciar tal como la concibieron sus creadores, con sus 163 minutos completos y esa acidez imparable, que la ubica en un terreno tembloroso, como la obra de dos artistas que no se oponían al “esfuerzo de guerra” pero tampoco estaban dispuestos a abroquelarse sin más detrás del jefe. Dos tipos interesados antes que nada en retratar el absurdo de lo que se estaba viviendo. Y, con humor, con gracia, sin pretensiones de grandeza, hablar de la condición humana. (Mariano Kairuz)
Michael Powell and Emeric Pressburger's first Technicolor masterpiece, The Life and Death of Colonel Blimp (1943), transcends its narrow wartime propaganda to portray in warm-hearted detail the life and loves of one extraordinary man. The film's clever narrative structure first presents us with the imposingly rotund General Clive Wynne-Candy (Roger Livesey in his greatest screen performance), a blustering old duffer who seems the epitome of stuffy, outmoded values. But traveling backwards 40 years we see a different man altogether: the young and dashing officer "Sugar" Candy. Through a series of affecting relationships with three women (all played to perfection by Deborah Kerr) and his touching lifelong friendship with a German officer (Anton Wallbrook), we see Candy's life unfold and come to understand how difficult it is for him to adapt his sense of military honor to modern notions of "total war." Notoriously, this is the film that Winston Churchill tried to have banned, and indeed its sympathetic portrayal of a German officer was contentious in 1943, though one suspects that Churchill's own blimpishness was a factor too. (Mark Walker)
"Esta es la màs vergonzosa producciòn salida de un estudio de filmaciòn inglès." Sidneyan Society
"Es un film 100 % inglès pero fotografiado por un francès, escrito por un hùngaro, con la mùsica de un alemàn judìo, el director es inglès, el hombre del vestuario checo; en otras palabras es el tipo de film en el que siempre quise trabajar con personas de todas las nacionalidades, sin fronteras de ningùn tipo." Michael Powell

Subtìtulos castellano:
-o-
Powell & Pressburger en Arsenevich

1 comentarios:
Muchas gracias, la llevo, Black Narcisus me parece excelente film y zapatillas rojas aun no la vi, asi que ahora sumamos esta. Agradecido nuevamente
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