29 enero 2009

Hiroshi Teshigahara - Suna No Onna (1964)

Japonès/Japanese I Subs: Castellano/English
123 min I Xvid 576x432 I 582 kb/s I 71 kb/s vbr MP3 I 23.97 fps
699 MB
Un hombre aficionado a la entomología, recorre una inhóspita región desértica cercana al mar en busca de un extraño escarabajo. Ensimismado por la belleza del paisaje pierde el autobús de regreso a la ciudad, por lo que debe pedir ayuda a los aldeanos para que éstos le indiquen un lugar donde poder pasar la noche. De esta forma es conducido a una insólita casa situada en el interior de un pozo de arena en la que habita una mujer viuda. Sin embargo, todo este proceso aparentemente intrascendente es plasmado por Teshigahara a través de una transmisión permanente de una sensación de tensión e incomodidad. (Miradas de Cine)
Acaso el filme más importante de toda la carrera de Hiroshi Teshigahara, uno de los exponentes (junto a Shohei Imamura, Yozu Kawashima y Seijun Suzuki) de la ‘nueva ola japonesa’ en los años sesenta. Desprendimiento de patrones narrativos clásicos, preferencia por temas tabúes e intrepidez estética: algunas de estas premisas, cuando no todas, son parte integral de Suna no Onna (La mujer en la arena, 1964). La historia basada en un libro de Kôbô Abe (también guionista del film), relaciona a un entomólogo encerrado en una fosa de arena junto a una mujer viuda. La anécdota se enriquece poniendo en tela de juicio quién esclaviza a quién, pero el filme apunta a una reflexión mayor que involucra la alienación de los protagonistas en dos mundos distintos (o quizá no tanto), uno artificial y otro más real -interpretaciones filosóficas o sicológicas admiten ver en la fosa un microcosmo en estado remoto, casi edénico. Por medio de la textura en la fotografía de Hiroshi Segawa (la arena, los insectos, el juego de luz y sombra), el drama exuda su sexualidad como una manifestación frente a la claustrofobia del confinamiento. Teshigahara descubre perezosamente el terror del protagonista masculino por medio de un lente realista, lo que no evita que enriquezca la imagen con acercamientos de los rostros y exploraciones sobre los cuerpos (el sudor, el baño), sonidos envolventes (viento, temblores) y una banda sonora (Toru Takemitsu) fluctuante (susurros, sonidos metálicos). El final insinúa la flexibilidad de que es capaz el espíritu humano para sobreponerse ante la imposibilidad del cambio.
The movie begins with sand. Millions and millions of grains of sand. After the sand, there are bugs. After the bugs, Schoolteacher and amateur entomologist Niki Jumpei. He travels around the desert, on vacation from his busy life in the city. After he misses the last bus home though, he has to find somewhere to stay the night. An old man leads him to the house of a local widow who lives at the bottom of a huge pit of sand. Winner of the Special Jury Prize at Cannes and nominated for two Academy Awards, Teshigahara's masterpiece is a disquieting examination of power and sexuality fueled by stunning visual imagery.

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4 comentarios:

fer dijo...

Muchísimas gracias!!!
Para aquellos que no usen Windows y quieran unir las partes, una herramienta similar a HJSplit que funciona en Mac y Linux (y también en Windows): JAxe
La pueden obtener aquí:
http://www.geocities.com/JAxe02/index.html

saynomoreglass dijo...

Gracias, fer!!! No sabìa eso,:-P, abrazo!!

El lobo estepario dijo...

La novela es capital. La leí hace un año o año y medio, y es de lo más relevante que se ha escrito en décadas. Kobo Abe es un poco el sucesor de Kafka.

La película también es capital, aunque personalmente la actriz no me parece lo suficientemente agraciada para el papel.

Su final insinúa lo que todos sabemos: que tragamos lo que nos echen con tal de seguir conservando el pellejo, y así vamos cediendo cada vez mayores palmos de libertad. Kobo Abe es lo que en Japón llaman un "rojo", es decir, un crítico del capitalismo, y el argumento de su historia, la alineación y alienación que describe, es consecuencia de ese capitalismo. En la URSS lo sería del comunismo, pero la URSS ya no existe. La dictadura del capital sí.

El lobo estepario dijo...

Me hacen mucha gracia los intelectuales paniaguados del sistema, que habiendo criticado el despotismo soviético, alaban, en cambio, el despotismo capitalista. Me río mucho con ellos. Antes me daban ardor de estómago, pero ahora me ayudan a ejercitar los músculos faciales, a que no se me quede para siempre cara de póker.

Continuamente vemos cómo películas (o libros) de ciencia ficción, o bien alegóricos, o bien de estilos similares, son aludidos en televisiones, periódicos, etc. Por ejemplo, los lacayos del Capital se apropian últimamente de Orwell y su '1984', a pesar de haber sido Orwell anarquista confeso. Pero estas películas tan aclamadas suelen hacer referencia a totalitarismos "dictatoriales", porque casi todas son de la factoría Hollywood. El "mundo libre" queda excluido del trazo de parábolas apocalípticas. Y por eso K. Abe, y por eso igualmente Teshigahara son dos desconocidos: por su cuestionamiento del mundo feliz capitalista, que en concreto ha hecho de Japón un nido de autómatas frustrados.

Los intelectuales japoneses opuestos al filofascismo imperial se preguntaban qué destino le aguardaría a Japón al final de la guerra. Sabían que lo viejo había de caer, y con toda justicia, pero les preocupaba el futuro, un lavado de rostro y de identidad que supusiera la sustitución de un despotismo militar y pseudo-divino por otro de tipo materialista, que condenara al propio pueblo japonés a una agonía en apariencia próspera.

Ahora observemos los índices de solitarios, maníacos depresivos, jubilados que se suicidan, solteras crónicas, etc., del país nipón. Observemos también el colapso de una economía que lleva más de quince años estacanda. Observemos los efectos de la recesión: la clase media en ruinas, trabajadores que perdieron su empleo durmiendo en parques públicos, el término despectivo que los viejos utilizan para referirse a la nueva hornada de consumistas (los "nuevos seres humanos", les llaman)... Japón, efectivamente, parece haberse extraviado por completo como país, haberse extinguido como cultura.

Las tradiciones milenarias fueron subyugadas por el incipiente capitalismo, al más puro estilo anglosajón, es decir, pirata. Y me basta, me basta, digo, observar la adicción a la pornografía de los japoneses para entender que la mayoría de ellos son profundamente infelices. Ni qué decir tiene lo próspero que resulta abrir en Japón un negocio de venta de muñecas hinchables: también en eso son pioneros.

Teshigahara, también de la mano de Abe, abordó la pérdida de la identidad del pueblo japonés en otra excelente película titulada 'Tanin no kao'. La única diferencia entre ayer y hoy radica en los efectos de la eugenesia, con la cual se ha logrado que hoy el rebaño no se cuestione nada, y se deje trasquilar tan tranquilo.

Hemos visto al ministro de finanzas japonés borracho anunciando los recortes, a hampones tirándose por las ventanas de los ayuntamientos (ayuntamientos que eran sus cuarteles generales), etc. Y podemos ver a turistas europeos comprando jovencitas, o publicaciones pedófilas en las calles.

Un nido de corrupción, es Japón. Un nido de corrupción C-A-P-I-T-A-L-I-S-T-A.